Ezequiel 18: 30 – 32
“Por tanto, yo os juzgaré a cada
uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor. Convertíos, y
apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de
ruina. Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis
pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa
de Israel? Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el
Señor; convertíos, pues, y viviréis”.
Tenemos que convertirnos a Dios
de todo que corazón para que no miremos los obstáculos. Y poder ser perdonados.
Tenemos que convertimos y apartarnos de todo lo malo.
Cuando estamos en pecado y en
transgresión ese pecado trae ruina a nuestra vida espiritual y ruina material
también. ¿Cómo vamos a pasar obstáculos
si le tenemos puertas abiertas al enemigo?
Para que haya una renovación en
nuestras vidas tenemos que dejar la iniquidad. Cuántas veces pedimos perdón y
caemos en el mismo error.
Ezequiel 24: 15 – 18
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, he aquí
que yo te quito de golpe el deleite de tus ojos; no endeches, ni llores, ni
corran tus lágrimas. Reprime el suspirar, no hagas luto de mortuorios;
ata tu turbante sobre ti, y pon tus zapatos en tus pies, y no te cubras con
rebozo, ni comas pan de enlutados. Hablé al pueblo por la mañana, y a la
tarde murió mi mujer; y a la mañana hice como me fue mandado”.
Dios le dijo a Ezequiel lo que
iba a suceder: se le iba a morir la mujer y Dios le dio la orden que no llorara
ni guardara luto. El obedeció la palabra de Dios, no miró el obstáculo.
Muchas veces miramos el obstáculo
y lo vemos muy grande, el enemigo nos lo hace ver grandísimo, cuando realmente
es pequeño. Dios quiere que no le demos tanto crédito al problema. Dios lo va a
resolver. Si Dios le dijo a este profeta que no llorara era porque él le iba a
dar consuelo.
Si usted mira el obstáculo no
permite que Dios venga y lo consuele.
Vistámonos con las vestiduras de
la salvación, que el enemigo no nos quite la armadura espiritual.
El enemigo por cualquier cosa le
quiere cambiar la bendición. Nos quiere sacar de los propósitos de Dios.
Job 1: 20 – 21
“Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se
postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y
desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová
bendito”.
Era un hombre rico y le
sucedieron gran cantidad de situaciones adversas en un solo día. Job se levantó
de la tristeza y se humilló delante de Dios. Job en medio de sus problemas
adora a Dios y da gracias por sus problemas.
Dios es todo para nosotros. Dile
a ese problema cuán grande es nuestro Dios.
A veces desistimos y decimos que él
no oye. Él si oye. Decimos que él no ve el problema, pero él si lo ve, pero
también ve nuestra actitud. Si resistimos, si somos fieles.
El no preguntó a Dios por qué
había perdido sus riquezas sino que solamente aceptó. Él tenía la mirada puesta
en su Creador, no en sus riquezas perdidas. No tenía su mirada puesta en su
problema sino en su Creador.
Salmo 18: 28 – 35
“Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas. Contigo
desbarataré ejércitos, Y con mi Dios asaltaré muros. En cuanto a Dios, perfecto
es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová; escudo es a todos los que en
él esperan. Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de
nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de poder, y quien hace perfecto mi camino;
quien hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firme sobre mis alturas; quien
adiestra mis manos para la batalla, para entesar con mis brazos el arco de
bronce. Me diste asimismo el escudo de tu salvación; Tu diestra me sustentó, tu benignidad me ha engrandecido”.
Con Dios tenemos poder, con mi
Dios saltaré los obstáculos, solos no somos capaces. Por el poder del Espíritu
de Dios saltamos esas dificultades.
La palabra de Dios es acrisolada,
tiene que purificarnos del desánimo, del derrotismo, de los obstáculos que estamos
viviendo. Tiene que crear en nosotros fe, porque la palabra de Dios es creadora
y es restauradora.
Escudo es a todos los que en él
esperan. El escudo de la fe nos ayuda a que ese obstáculo no nos venza.
Solo podemos mirar a Dios porque
no hay otro. Cristo es la roca para que nos paremos firmes.
Vamos un momento a Habacuc 3: 17
“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque
falte el producto del olivo, Y los labrados no den
mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya
vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me
gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza,
el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar. Al jefe
de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerdas”.
Difícil reírse y ser feliz en
medio de la escasez, pero en Dios lo podemos hacer. Me alegraré en el Dios de
mi salvación.
La palabra de Dios, que no miente,
esa es mi fortaleza.
En las alturas de la bendición.
Volvamos al salmo 18: 32 “Dios es el que me ciñe de poder, y quien
hace perfecto mi camino;"
No ciñe para que nadie nos mueva
de ese poder. Ese poder se recibe en las rodillas. Debemos orar como pueblo de
Dios en unión. Dios quiere una iglesia militante.
Vienen los obstáculos y él nos
ayuda a salir de ellos.
Tu diestra, tu poder me sustento.
Hebreos 12:3
“Considerad
a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que
vuestro ánimo no se canse hasta desmayar”.
Cristo el Señor fue nuestro mayor
ejemplo para que no desmayemos.
Jeremías
31: 25
“Porque satisfaré al alma cansada, y saciaré
a toda alma entristecida”.
El Señor nos sacia con la
bendición, con la paz, con la fortaleza.
Ezequiel 40: 4
“Y me habló aquel varón, diciendo: Hijo de
hombre, mira con tus ojos, y oye con tus oídos, y pon tu corazón a todas las
cosas que te muestro; porque para que yo te las mostrase has sido traído aquí.
Cuenta todo lo que ves a la casa de Israel”.
Dios nos ha traído para que
aprendamos la palabra de Dios, para que aprendamos a enfrentar al enemigo.
Mire los grandes milagros que
Dios ha hecho en su vida.
Es una seguridad el "escudo de la fé" y "la roca" para darnos firmeza; por tanto, despejar la mente y corazón de obstáculos.
ResponderEliminarEs una seguridad el "escudo de la fé" y "la roca" para darnos firmeza; por tanto, despejar la mente y corazón de obstáculos.
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