Salmo 65
“Tuya es la
alabanza en Sion, oh Dios, y a ti se pagarán los votos”.
La alabanza es de Dios, es para Dios, no es
para nosotros. No nos podemos presentar de cualquier manera a la alabanza
porque ésta es toda para Dios. Si Dios es excelso la alabanza tiene que ser excelsa.
En medio de sus suelos es la alabanza, en tus
suelos, en tu heredad.
Dios no mira la apariencia del hombre, Dios
mira es un corazón contrito y humillado.
Cuántas veces hemos prometido a Dios alabarle
en los momentos de prueba, de dificultad, de escasez, pero también en la
abundancia. Sin embargo cuántas veces hemos faltado a esos votos. Cuántas veces
hemos puesto la mirada en el ser humano y no en Dios
Versículo 2
“Tú oyes la
oración; a ti vendrá toda carne”.
Dice que Dios oye la oración y la alabanza de
su pueblo
Versículo 3
“Las iniquidades
prevalecen contra mí; mas nuestras rebeliones tú las perdonarás”.
Él perdona nuestras faltas cuando somos
sinceros delante de Él. Dios ama esa sinceridad, cómo te sientes, como eres. Cuando
venimos ante Dios con cara descubierta, sin reservas, entonces Dios puede
actuar en nuestras vidas, entonces Dios puede perdonar nuestras iniquidades.
David pecó, pero se arrepintió de corazón.
Por la sangre de nuestro Señor Jesucristo, el
Padre nos ve perfectos.
Versículo 4
“Bienaventurado el
que tú escogieres y atrajeres a ti, para que habite en tus atrios; seremos
saciados del bien de tu casa, de tu santo templo”.
Es n amor hacia las cosas de Dios, feliz el
que Dios ha traído. Decimos en la alabanza: “una cosa he demandado a Jehová, que
esté yo en la casa de Jehová siempre”.
David entendió cuando entró en el lugar santísimo,
en el lugar de su presencia.
Cuando nos alejamos de su presencia, perdemos
el gozo y la paz en nuestro corazón porque en lugar de estar en el lugar santísimo
para que Él nos fortalezca y envíe su luz, nos pegamos de noticieros, de lo que
dice el mundo.
Las noticias de Dios son nuevas, las buenas
nuevas todos los días. Son de salvación para nuestras vidas, para que nuestras
almas no se pierdan.
La palabra dice que cuidemos esta salvación
tan grande con temor y temblor. Que cuidemos mucho las cosas que Dios nos da.
Cuidamos tantas cosas y será que así cuidamos las cosas que Dios nos ha dado,
¿cuidamos el ministerio?
Seremos saciados del bien de su casa. En la
casa de Dios no hay pecado, no hay miseria, no hay dolor, no hay enfermedad.
El hijo pródigo volvió a la casa porque sabía
que en la casa de su padre no faltaba nada.
Versículo 5
“Con
tremendas cosas nos responderás tú en justicia, oh Dios de nuestra salvación, esperanza
de todos los términos de la tierra, y de los más remotos confines del mar”.
En el tiempo de Dios se hacen todas las
cosas, todo tiene su tiempo y su hora. Este es el momento en el que Dios nos
está trayendo su palabra para que nosotros descansemos en su presencia.
A veces tomamos la palabra de Dios como una
carga cuando Él dice en su palabra que sus mandamientos no son gravosos. Se
vuelven carga cuando no está ese primer amor en nuestras vidas.
La iglesia de Éfeso hacía muchas cosas, pero
en Apocalipsis se le dijo: “pero tengo contra
ti que has dejado el primer amor”, ese primer amor es ese fruto en nuestras
vidas.
Hay que pedirle a Dios que nos dé temor de
Dios, el temor de Dios nos impulsa a amarle, a seguirle, es el principio de la sabiduría,
es el que nos enseña a aferrarnos a Él, a remendar lo que está roto, lo que
está quebrado.
La palabra dice: “mejor es obedecer que los
muchos sacrificios”.
Hay que pedirle a Dios que nosotros podamos
obedecerle. ¿De qué nos sirve congregarnos y cantar muy bonito si hay algo en
lo cual no estamos obedeciendo a Dios?
Dios nos responderá en justicia porque hemos
sido justificados en la sangre preciosa de Jesucristo.
“Todo lo que pidieres en mi nombre creyendo
lo recibiréis” dice Jesús.
Señor tu eres mi esperanza.
Perdemos la paz porque no permanecemos en Él,
porque no somos constantes con Él.
Cuando entregamos el día al Señor tenemos un
buen día, no es que se quiten los problemas sino que tenemos mucha paz. Pero
cuando dejamos de orar nos exaltamos más fácilmente, salen palabras de
maledicencia de nuestros labios. Esto porque le falta aceite a la lámpara,
falta su presencia en nuestras vidas.
Versículos 6 - 7
“Tú, el
que afirma los montes con su poder, ceñido de valentía; el que sosiega el
estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, el alboroto de las naciones”.
Cuántos mares se han levantado en nuestras
vidas, Dios es el que nos sostiene en todo problema, en toda dificultad, Él es
nuestra paz en medio de la tormenta.
Versículo 8
“Por
tanto, los habitantes de los fines de la tierra temen de tus maravillas. Tú
haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde”.
A la presencia de Dios tiembla la tierra.
Dice su palabra que Dios no puede ser
burlado.
Dios es nuestra alegría y nuestro gozo.
Versículo 9
“Visitas
la tierra, y la riegas; en gran manera la enriqueces; con el río de Dios, lleno
de aguas, preparas el grano de ellos, cuando así la dispones”.
Gracias a Dios por todo eso.
Dios enriquece la tierra para poner alimento
en nuestra mesa.
Dios no llega antes ni después, llega en el
momento precioso. Cuando los agricultores siembran esperan con fe el fruto de
su trabajo. Así nosotros cuando venimos a este lugar a orar, esperamos
respuestas.
Con el río de bendición de Dios, con agua de
bendición. Es cuando Dios quiere, cuando lo dispone.
Versículo 10 - 11
“Haces
que se empapen sus surcos, haces descender sus canales; la ablandas con
lluvias, bendices sus renuevos. Tú coronas el año con tus bienes, y tus nubes
destilan grosura”.
Muchos creen que la bendición es solo para un
tiempo determinado, pero aquí dice que Dios corona el año, todos los días del
año la bendición es sobre su pueblo, sobre nosotros, sobre nuestros graneros,
sobre lo que hacemos, sobre nuestros hogares.
Dios es un eterno presente y reina y vive
para siempre.
Si Cristo está en nuestras vidas dice que hay
un pago para cada uno de nosotros, que hay recompensa, que hay un pago, que
este trabajo en Dios no es en vano.
Dios te paga incondicionalmente, no espera
nada a cambio de ti. Es muy misericordioso y nos da más de lo que merecemos.
Arrebata el reino de los cielos porque nos
pertenece, decimos: “yo soy más que vencedor en Cristo Jesús”.
Dios ha cambiado muchas cosas en nuestra vida
y lo seguirá haciendo.
Versículo 12 - 13
“Destilan
sobre los pastizales del desierto, y los collados se ciñen de alegría. Se
visten de manadas los llanos, los valles
se cubren de grano; dan voces de júbilo, y aun cantan”.
La creación se goza.
Apocalipsis 2: 1 – 5
“Escribe al ángel
de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que
anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras,
y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has
probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado
mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente
por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado
tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz
las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de
su lugar, si no te hubieres arrepentido”.
Muchas veces creemos que nos la sabemos
todas, pero Dios nos recuerda que al principio, pedíamos todo a Dios.
Que ese primer amor esté en nuestras vidas.
Para que Dios se vuelva a nosotros tiene que
haber un arrepentimiento genuino, un volvernos a Dios.
A veces hacemos oraciones equivocas, no
conforme a la voluntad de Dios.
David ayunó y oró varios días cuando el
profeta le anunció que su hijo moriría, pero David oró en contra de la voluntad
de Dios.
Es bueno tener sueños y anhelos, pero
conforme a la voluntad de Dios. Muchas veces anteponemos los sueños nuestros
ante los sueños de nuestro Dios.
Hay que pedirle a Dios que sea conforme a sus
planes y a su voluntad.
El evangelio no se vende, la palabra de Dios
se predica como está escrita. Que nosotros no nos dejemos intimidar porque
alguien tiene un cargo muy grande y por eso le suavicemos el evangelio, no.
Pidámosle a Dios que limpie nuestras vidas de
todo orgullo.
Dios dice que nos rejuvenece y nos levanta
como a las águilas.
Juan 15: 1 – 8
“Yo soy la vid
verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo
quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí,
y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no
permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la
vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva
mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no
permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los
echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi
Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”.
Si llevamos mucho fruto glorificamos al
Padre. Cuando andamos en el fruto estamos glorificando el nombre de Dios.
Gálatas 5: 16 – 25
“Digo,
pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el
deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne;
y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois
guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de
la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría,
hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones,
herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a
estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los
que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del
Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre,
templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han
crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu,
andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos,
irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros”.
Una cosa es practicar el pecado y otra es
resbalarse y caer.
No satisfagáis los deseos de la carne, el que
se constituye en amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios.
Si decimos que somos hijos de Dios andemos
como hijos de Dios haciendo la voluntad del Padre.
Tratemos a nuestra familia física y
espiritual con honra.
Gálatas 6: 1
“Hermanos, si
alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales,
restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que
tú también seas tentado”.
Muchas veces miramos la paja en el ojo del
otro y no vemos la viga en el nuestro.
Que le permitimos al Espíritu Santo
escudriñar en nuestras vidas para que podamos llevar fruto con perseverancia,
porque el fruto es en todo momento.
Filipenses 2: 15
“Para
que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una
generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares
en el mundo”.
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