domingo, 4 de junio de 2017

¿Por qué no somos atletas de alto rendimiento?

Para ser atleta de alto rendimiento, el centro de alto rendimiento es la congregación, el grupo de oración. El lugar de reunión con nuestros hermanos en la fe, estamos respirando el mismo ambiente estamos conociendo de la fuente única que es la palabra de Dios. En este lugar adquirimos desarrollo en el conocimiento de la palabra de Dios y en los niveles espirituales que Dios quiere.

Ninguno de nosotros, incluyéndome yo, estamos en el nivel que Dios quiere que estemos. ¡quienes de nosotros estamos en el nivel de Pedro que con pasar, solo la sombra, sanaba?, ninguno. Tenemos que seguir caminando en esa perfección, en busca de la santidad sin la cual nadie verá al Señor.

1.       Por nuestra poca profundidad

Marcos 4: 5 – 6

Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó”.

Nuestro corazón se endurece como una piedra. Muchas veces la palabra de Dios cae en corazón endurecido y la recibimos muy bien y al poco tiempo esa palabra no queda en nada, a pesar de haber reconocido que era palabra de mucho poder

Marcos 4: 16 – 17

Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan”.

Ante cualquier problema se dice, para qué voy a orar si veníamos asistiendo a todo, esa palabra no echó raíces, si tuviéramos todo el conocimiento esas raíces deben ser muy profundas. Puede venir lo que sea.

Esta poca profundidad produce: sordera espiritual. Aunque esté oyendo el sonido de las palabras, no me penetran.

Jeremías 6: 10

“¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman”.

Si realmente la amaramos la guardábamos en el corazón y la obedeceríamos.

Esta palabra no se apartará de tu boca día y noche, dice la palabra de Dios.

Zacarías 7: 11 – 13

Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos. Y aconteció que así como él clamó, y no escucharon, también ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos;”

Cuántas veces el Espíritu Santo nos ha dicho a través de su siervo que hay un ultimátum y seguimos en las misma.

Esa es la razón cuando decimos que Dios no nos escucha. No recibimos respuesta de Dios porque nuestro corazón se ha endurecido y no hemos obedecido.

Son oidores emotivos y olvidadizos

Santiago 1: 19

Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace”.

Tenemos que ser hacedores de la palabra.

Impresiones fugaces

Nos produce impresiones fugaces. Al momento de recibirla nos parece hermosa y no más.

Lucas 8: 13

Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan”.

Se vuelven al mundo porque no hay raíces, creen por algún tiempo y en el tiempo de la  prueba se apartan.

2.       Porque edificamos sobre arena

Mateo 7: 26 – 27

Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”.

Se edificó sobre la arena, la arena se mueve y la casa se derrumba.

Para la construcción se necesitan bases firmes.

Si estamos pisando firmemente en la roca que es Jesucristo. Estamos bien y solidos.

Si estamos parados sobre la roca que es Jesucristo nada ni nadie nos podrá derrumbar. Tropezamos, pero no caemos.

Edificamos sobre arena porque confiamos en nosotros mismos

Mateo 26: 33 – 35

Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo”.

Pedro estaba confiando en sí mismo. No solamente caemos una vez sino varias veces, pero si estamos confiando en nosotros mismos al suelo nos vamos. Si confiamos en Cristo estaremos firmes.

La salvación nos la dio Jesucristo, el pagó en la cruz del calvario, pero es individual el aceptarla. Cristo es el modelo perfecto para nosotros seguir, nadie más, sólo Jesús.

Confiamos en las riquezas

Lucas 12: 16 – 21

También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”.

Somos necios, pensando que nosotros o nuestras influencias podemos o pueden.

No tenemos convicciones profundas

Efesios 4: 14

para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,”

Queremos estar hoy en una parte y mañana en otra, a veces buscamos que nos hablen lo que queremos escuchar.

Por nuestra inmadurez espiritual

Hebreos 5: 12

Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido”.

Dios tiene que repetirnos porque no hacemos casos. Somos como niños que necesitamos es leche cuando ya debemos tomar alimento sólido.

3.       No andar en integridad

El edificar sobre arena y la poca profundidad nos incapacita para andar en integridad. Obedecemos la palabra de Dios parcialmente. Cuando debe ser obedecida totalmente.

No puede haber dobleces ni hipocresía

Juan 1: 47

Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño”.

¿Puede Jesús decir esto de nosotros? Creo que nos falta mucho.

Nuestro corazón no puede estar dividido

Mateo 6: 24

“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”.

No podemos estar en las cosas de Dios y en las cosas del mundo.

El alma es mente, emociones y voluntad. Las tres deben estar en unión, pero bajo el control del Espíritu Santo.

No es de doble ánimo

Santiago 4: 8

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones”.

Ser de doble ánimo es ser inconstante en las cosas de Dios.

Salmo 101: 6

Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; el que ande en el camino de la perfección, éste me servirá”.

El que esté andando en integridad, reconoce su pecado se aparta de él. Debemos reconocer nuestro pecado, pedir perdón a Dios y apartarnos de ese pecado.

Ezequiel 36: 26 – 27

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.

Después de recibir a Jesucristo en nuestro corazón el segundo paso es nacer de nuevo. Tenemos que tener muy claro el nuevo nacimiento que es dejarnos guiar por el Espíritu Santo, permitirle que transforme totalmente nuestra vida.

Él mismo nos enseña la forma como tenemos que andar para obedecer sus preceptos.

No desechemos más palabras. Obedezcamos su palabra.

Cuando nacemos de nuevo, Dios nos hace un trasplante de corazón y de espíritu porque nos hace nuevos.

La integridad no está sujeta a ninguna circunstancia. Sino a los principios y valores que Jesucristo puso en mi vida a través de su palabra.

La integridad no es medida por el concepto de otros. La integridad es el resultado de una estrecha relación con Jesucristo.

Satanás persigue la integridad de los hijos de Dios.

Proverbios 10: 9

El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”.

Salmo 25: 14

“La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto”.

El temor de Dios es reverencia a Dios, es obediencia a Dios.

Tenemos que vivir no solo conectados y arraigados sino enraizados con Jesucristo como dice Juan 15.


Tarea: leer Juan 15 completo.

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