Para ser atleta de alto
rendimiento, el centro de alto rendimiento es la congregación, el grupo de
oración. El lugar de reunión con nuestros hermanos en la fe, estamos respirando
el mismo ambiente estamos conociendo de la fuente única que es la palabra de
Dios. En este lugar adquirimos desarrollo en el conocimiento de la palabra de
Dios y en los niveles espirituales que Dios quiere.
Ninguno de nosotros, incluyéndome
yo, estamos en el nivel que Dios quiere que estemos. ¡quienes de nosotros
estamos en el nivel de Pedro que con pasar, solo la sombra, sanaba?, ninguno.
Tenemos que seguir caminando en esa perfección, en busca de la santidad sin la
cual nadie verá al Señor.
1.
Por nuestra
poca profundidad
Marcos 4: 5 – 6
“Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó
pronto, porque no tenía profundidad de tierra. Pero salido el sol, se quemó; y
porque no tenía raíz, se secó”.
Nuestro corazón se endurece como
una piedra. Muchas veces la palabra de Dios cae en corazón endurecido y la
recibimos muy bien y al poco tiempo esa palabra no queda en nada, a pesar de
haber reconocido que era palabra de mucho poder
Marcos 4: 16 – 17
“Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que
cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz
en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la
persecución por causa de la palabra, luego tropiezan”.
Ante cualquier problema se dice,
para qué voy a orar si veníamos asistiendo a todo, esa palabra no echó raíces,
si tuviéramos todo el conocimiento esas raíces deben ser muy profundas. Puede
venir lo que sea.
Esta poca profundidad produce:
sordera espiritual. Aunque esté oyendo el sonido de las palabras, no me
penetran.
Jeremías 6: 10
“¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son
incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es
cosa vergonzosa, no la aman”.
Si realmente la amaramos la guardábamos
en el corazón y la obedeceríamos.
Esta palabra no se apartará de tu
boca día y noche, dice la palabra de Dios.
Zacarías 7: 11 – 13
“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus
oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni
las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de
los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los
ejércitos. Y aconteció que así como él clamó, y no escucharon, también ellos
clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos;”
Cuántas veces el Espíritu Santo
nos ha dicho a través de su siervo que hay un ultimátum y seguimos en las misma.
Esa es la razón cuando decimos
que Dios no nos escucha. No recibimos respuesta de Dios porque nuestro corazón
se ha endurecido y no hemos obedecido.
Son oidores emotivos y olvidadizos
Santiago 1: 19
“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo
para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia
de Dios. Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia,
recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras
almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos
a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de
ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.
Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que
mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no
siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en
lo que hace”.
Tenemos que ser hacedores de la
palabra.
Impresiones fugaces
Nos produce impresiones fugaces. Al
momento de recibirla nos parece hermosa y no más.
Lucas 8: 13
“Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra
con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo
de la prueba se apartan”.
Se vuelven al mundo porque no hay
raíces, creen por algún tiempo y en el tiempo de la prueba se apartan.
2.
Porque
edificamos sobre arena
Mateo 7: 26 – 27
“Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a
un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y
vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y
cayó, y fue grande su ruina”.
Se edificó sobre la arena, la
arena se mueve y la casa se derrumba.
Para la construcción se necesitan
bases firmes.
Si estamos pisando firmemente en
la roca que es Jesucristo. Estamos bien y solidos.
Si estamos parados sobre la roca
que es Jesucristo nada ni nadie nos podrá derrumbar. Tropezamos, pero no
caemos.
Edificamos sobre arena porque
confiamos en nosotros mismos
Mateo 26: 33 – 35
“Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo
nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes
que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro le dijo: Aunque me sea
necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo”.
Pedro estaba confiando en sí
mismo. No solamente caemos una vez sino varias veces, pero si estamos confiando
en nosotros mismos al suelo nos vamos. Si confiamos en Cristo estaremos firmes.
La salvación nos la dio
Jesucristo, el pagó en la cruz del calvario, pero es individual el aceptarla.
Cristo es el modelo perfecto para nosotros seguir, nadie más, sólo Jesús.
Confiamos en las riquezas
Lucas 12: 16 – 21
“También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre
rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré,
porque no tengo dónde guardar mis frutos Y dijo: Esto haré: derribaré mis
graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes;
y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate,
come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte
tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí
tesoro, y no es rico para con Dios”.
Somos necios, pensando que
nosotros o nuestras influencias podemos o pueden.
No tenemos convicciones profundas
Efesios 4: 14
“para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo
viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con
astucia las artimañas del error,”
Queremos estar hoy en una parte y
mañana en otra, a veces buscamos que nos hablen lo que queremos escuchar.
Por nuestra inmadurez espiritual
Hebreos 5: 12
“Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis
necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de
las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de
leche, y no de alimento sólido”.
Dios tiene que repetirnos porque
no hacemos casos. Somos como niños que necesitamos es leche cuando ya debemos
tomar alimento sólido.
3. No andar en integridad
El edificar
sobre arena y la poca profundidad nos incapacita para andar en integridad. Obedecemos
la palabra de Dios parcialmente. Cuando debe ser obedecida totalmente.
No puede haber dobleces ni hipocresía
Juan 1: 47
“Cuando Jesús vio a Natanael que se le
acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño”.
¿Puede Jesús
decir esto de nosotros? Creo que nos falta mucho.
Nuestro corazón no puede estar dividido
Mateo 6: 24
“Ninguno puede servir a dos señores; porque
o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro.
No podéis servir a Dios y a las riquezas”.
No podemos
estar en las cosas de Dios y en las cosas del mundo.
El alma es
mente, emociones y voluntad. Las tres deben estar en unión, pero bajo el
control del Espíritu Santo.
No es de doble ánimo
Santiago 4: 8
“Acercaos a Dios, y él se acercará a
vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo,
purificad vuestros corazones”.
Ser de doble
ánimo es ser inconstante en las cosas de Dios.
Salmo 101: 6
“Mis ojos pondré en los fieles de la tierra,
para que estén conmigo; el que ande en el camino de la perfección, éste me
servirá”.
El que esté
andando en integridad, reconoce su pecado se aparta de él. Debemos reconocer
nuestro pecado, pedir perdón a Dios y apartarnos de ese pecado.
Ezequiel 36:
26 – 27
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu
nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os
daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que
andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.
Después de
recibir a Jesucristo en nuestro corazón el segundo paso es nacer de nuevo. Tenemos
que tener muy claro el nuevo nacimiento que es dejarnos guiar por el Espíritu
Santo, permitirle que transforme totalmente nuestra vida.
Él mismo nos
enseña la forma como tenemos que andar para obedecer sus preceptos.
No desechemos
más palabras. Obedezcamos su palabra.
Cuando nacemos
de nuevo, Dios nos hace un trasplante de corazón y de espíritu porque nos hace
nuevos.
La integridad
no está sujeta a ninguna circunstancia. Sino a los principios y valores que
Jesucristo puso en mi vida a través de su palabra.
La integridad
no es medida por el concepto de otros. La integridad es el resultado de una
estrecha relación con Jesucristo.
Satanás
persigue la integridad de los hijos de Dios.
Proverbios 10:
9
“El que camina en integridad anda confiado; mas
el que pervierte sus caminos será quebrantado”.
Salmo 25: 14
“La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará
conocer su pacto”.
El temor de Dios es reverencia a
Dios, es obediencia a Dios.
Tenemos que vivir no solo conectados
y arraigados sino enraizados con Jesucristo como dice Juan 15.
Tarea: leer Juan 15 completo.
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