domingo, 18 de enero de 2015

Llamados y escogidos



Esos somos nosotros, ¿lo podemos creer de todo corazón? No estamos en este lugar de casualidad, Dios nos llamó para mostrar su grandeza y su poder. Pudo haber escogidos a otros, pero nos llamó a nosotros.

Hechos 7: 49 – 51 

"El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿o cuál es el lugar de mi reposo?    ¿No hizo mi mano todas estas cosas? ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros".

Dios está diciendo que el cielo es el trono y la tierra es el estrado de sus pies, está hablando de su grandeza y de sus maravillas. ¿Cómo está ese templo que le estás edificando a Dios? En el antiguo le edificaban lo mejor a Dios. El Espíritu Santo moraba en tiendas, en tabernáculos, hoy el Espíritu Santo mora en nuestro corazón, nosotros somos ese templo y Dios nos pregunta que cómo está.

No permitimos que el Espíritu Santo more en nosotros como debe ser: en una morada sin mancha. Somos incircuncisos porque cuántas veces nos dice el Espíritu Santo que cambiemos. Por eso dice que somos incircuncisos y dice que resistimos al Espíritu Santo.

Malaquías 1: 6-8

“El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?  En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable.  Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos”. 

Si nosotros somos esos hijos de Dios y él es nuestro Padre dónde está la honra para el Señor. Nosotros somos esos sacerdotes para ministrar esas cosas del Señor.

Cuando no nos gusta el vaso que el Señor está usando para traernos la palabra estamos despreciando la mesa del Señor.

Dios quiere algo puro, algo limpio, un corazón limpio delante del Señor. 

Dios dijo que en este lugar haría cosas grandes y maravillosas, pero ¿dónde están los que claman? 

Lucas 7: 36-40

“Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;  y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.  Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro”. 

Saltemos al 44:

“Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.  No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.  No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.  Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.  Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.  Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados? Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz”.

Nosotros estamos hoy sentados ante la mesa como el Señor y ¿Qué perfume hemos traído para él?

No tenemos palabras para el Señor. No tenemos palabras para agradecerle. 

No sé cansó esta mujer.

Queremos venir a la mesa y no darle nada al Señor, solo esperamos que él nos sacie. 

“Qué le has traído al Señor?: ¿has orado toda la semana?

Hay que orar más, hay que ayunar más, nadie nos lo tiene que decir.

Cuando vamos más allá de lo que nos toca hacer recibimos la recompensa.

Esa mujer fue diligente y recibió su recompensa, recibió la salvación, fue perdonada por sus pecados.

Lucas 13: 6-9

“Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló.  Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra?  El entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone.  Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después”.

Dónde está el fruto, dónde está lo que Dios le ha dado. ¿Cuántos se acuerda cuando Dios les dio su ministerio?

Los escogidos son los que perseveran.

Cuántos como Jeremías que no quieren que Dios los utilice porque tienen miedo de algo.

Jeremías 1: 4 – 7

“Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.  Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.  Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande”. 

Antes de que naciéramos Dios nos conocía, y nos bendijo en el vientre de nuestra madre. No hay excusa, Dios te llamó para servirle y no hay excusas para no hacerlo.

Si Dios nos dio ministerio y si nos manda a hacer algo es porque sabe que somos capaces de obedecer.

No estás acá por casualidad, estás para cosas grandes, pero dudas en tu corazón y por eso es que no suceden las cosas.

Dios nos trajo acá con un propósito, pero está en nosotros dejar que Dios nos utilice.

Haremos todo lo que Dios nos mande. Por amor al Señor debemos hacer lo que él nos manda, para que afuera conozcan que al Dios que  servimos es un Dios real , es un Dios vivo, un Dios que todo lo hace, un Dios que hace maravillas, no le servimos a un Dios muerto.

¿Dónde está la unción que nos ha dado? Dios dijo que acá iba a haber un avivamiento, Dios no se tarda, somos nosotros los que tardamos las promesas del Señor. Él ya lo dijo, pero somos nosotros los que no nos disponemos. Serán pocos porque el día de la visitación pasará y algunos no se darán cuenta.

Hay que ser como las vírgenes sensatas y estar siempre preparados.

Cuántos han creído al llamado de Dios, cuántos son como Samuel que ante el llamamiento de Dios respondieron: heme aquí.

En el tiempo de Samuel la profecía escaseaba como en estos últimos tiempos, hay que meternos en oración para que haya profecía. 

Cuántos han clamado por el ministerio. Algunos solo quieren que Dios los bendiga. Dios dice que irrevocable es el llamamiento. 

Somos preciosos tesoros en las manos del Señor. Nuestras angustias no pueden apagar lo que Dios nos ha dado.

Faraón dijo pongámosle carga a este pueblo para que no pueda crecer, pero el pueblo crecía y se fortalecía en número, así debemos ser nosotros no desmayar ante las angustias que nos trae el mundo sino que nos fortalezcamos.

En las angustias Dios es nuestra fortaleza, nuestro amparo, nuestro pronto auxilio.

Humillémonos ante el Señor y ante los hombres con nuestra frente erguida porque Dios todo lo puede hacer. Digámosle al enemigo: tengo un Dios poderoso.

A ti te dice el Señor levántate y resplandece. Levántate en el nombre de Jesús porque ha venido tu luz, la salvación de Jehová ha venido hoy sobre nosotros.

Es hora de resplandecer y predicar a las naciones y creer que Dios hará grandes cosas y maravillosas.

Que sea el Espíritu Santo de Dios levantado a tu pueblo Señor. Levanta los ministerios que hay en este lugar como tú lo has dicho Señor.

Isaías 60: 1-2

“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria”. 

Isaías 61: 1-3

“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;  a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya”. 

Aprópiate de esta palabra el Espíritu de Jehová te ha ungido para hacer maravillas en ti.

Deuteronomio 30: 11 – 20

“Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.  No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos?  Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas. Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;  porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.  Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres,  yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella.  A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;  amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar”.

No hay excusa para no hacer lo que el Señor ordene.

jueves, 15 de enero de 2015

Casa de oración y morada del Espíritu Santo



Si el presidente de la república, por alguna cosa extraña, nos ofreciera una visita a nuestra casa nos esforzaríamos por ponerla bien bonita. 

I Corintios 3:16

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

Somos la casa de Dios y ¿cómo mantenemos esa casa? ¿Si la limpiamos como la limpiaríamos nuestra casa si el presidente o alguna personalidad nos anunciaran visita?

Cuando somos religiosos o fanáticos queremos barrer la casa del otro, no la nuestra pues creemos que ya somos demasiado buenos para ocuparnos de nosotros y tenemos que ocuparnos de los demás. Que mentira esta. Yo puedo cambiar yo y disponerme yo, pero no puedo cambiar ni disponer a nadie. Yo puedo dejar que el Espíritu Santo me utilice para que otro cambie, pero es Dios quien hace la obra.

En este versículo vemos que nosotros somos morada del Espíritu Santo somos su casa, somos donde él habita.

Si nos dijeran que Jesucristo viene físicamente a nuestra casa haríamos lo mismo que en el caso de presidente arreglaríamos nuestra vivienda lo mejor posible. Sin embargo vemos que espiritualmente somos morada del Espíritu Santo y en ocasiones mantenemos esa morada en un desorden horrible, sucia y mugrosa.

Inicialmente la casa estaba sucia porque no teníamos a Cristo en nuestro corazón y aunque algunos de nosotros éramos muy religiosos, era una revoltura de tratar de servir a Dios y de permanecer en las cosas del mundo.

Para limpiar nuestra casa cuando veníamos del mundo hay algunas formas. La primera fue recibir a Cristo en el corazón, cuando lo recibimos pedimos perdón por nuestros pecados y él por su sangre preciosa nos limpió. Luego a través del Bautismo que es para perdón de pecados, como dice la Escritura, también se nos limpió de nuestros pecados.

Veamos el versículo 17 de I Corintios 3:

“Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”. 

La promesa que nos hace el Espíritu Santo, si alguno va contra nosotros ve lo que le pasa: “Dios le destruirá”. Pero no solo los demás pueden dañar nuestra casa, nosotros también lo podemos hacer, por eso debemos cuidarnos de destruirnos a nosotros mismos.

I corintios 6: 20

“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

Si fuimos comprados, quien compra una casa la quiere limpia. Lo que vale cada uno de nosotros es ese gran precio de la Sangre de Jesucristo. Lo menos que podemos hacer nosotros es mantener la casa limpia.

Aunque Cristo nos compró por ese precio, Dios nos permite ser libres y está en nosotros aceptar o no que el venga a hacer morada en nosotros. 

Veamos cómo se puede ensuciar esa casa del Espíritu Santo, después de que hemos recibido a Cristo.

Mateo 21: 12 – 13

“entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”.

Lo que hay en el antiguo testamento bajo la ley, es modelo de lo espiritual bajo la gracia en este nuevo pacto. El templo que hizo Salomón para casa de Jehová era sagrado, Ahora el templo somos cada uno de nosotros. 

Vender y comprar significa como negociar con el mundo. Recordemos que dice apocalipsis que nadie podía comprar ni vender (ap 13 17) si no tenía la marca, si no ha ensuciado su casa, esto dice mucho de lo que es ensuciar la casa de oración.

El pecado vuelve es casa de Dios en algo sucio,  la convierte en una cueva de ladrones. Por pequeña que sea la falta que nos separa de Dios convierte esa casa en cueva de ladrones. No hay cosas pequeñas contra Dios, porque lo que nos separa de Dios es muy grave. 

Cuando caemos en pecado lo que queremos es hacer una convivencia de las cosas del mundo con las cosas de Dios y nos engañamos porque eso no se pude dar, dice la escritura que el que se hace amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios.

Este lugar es importante porque acá nos preparamos para el reino de Dios.

Ninguna convivencia entre las cosas de Dios y las del mundo

II Corintios 6:16

¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: 

Habitaré y andaré entre ellos,
Y seré su Dios,
Y ellos serán mi pueblo.

No puede haber ningún pacto entre los ídolos y nosotros porque somos su templo. Entre nosotros y el pecado no puede haber ninguna alianza, no puede haber convivencia. 

-      Como limpiar la casa

1.       Con el arrepentimiento

El Espíritu Santo lo ha dicho por intermedio de muchos acá: cuando se cae en pecado lo mejor es arrepentirse inmediatamente y buscar el perdón del Señor.  No hay que esperar nada. A través del arrepentimiento pongo la misericordia de Dios en acción, veamos: 

II crónicas 7: 14

“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.  Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, a la oración en este lugar: Porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre”. 

2.       Lavando  y limpiándonos 

Isaías 1: 16 - 18

“Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo;  aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.  Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. 

Si pedimos a Dios que, por medio de la Sangre de Jesucristo, nos purifique,  él nos limpiara y nos dejará blancos como la nieve.

II corintios 7: 1

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”.

Buscando la santidad, perfeccionándola en el temor de Dios o sea en la obediencia a Dios.

Cuando estamos en obediencia estamos en gozo permanente. La alabanza dice: “el gozo que Dios me dio el mundo no me lo dio y como no me lo dio no me lo puede quitar”.

3.       Con oración, alabanzas y guerras espirituales 

Santiago 5:15

“Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados”.

No es con cualquier oración es con la oración de fe.

Efesios 6:11

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.  Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

En las guerras espirituales conseguimos esa limpieza de nuestra alma. Nos limpiamos de la incredulidad, de la falta de fe, de la religiosidad que haya en nosotros.

Dios nos protege y cuando nos revestimos de la armadura de Dios, estamos más protegidos.

4.       Obediencia y temor de Dios 

I Pedro 1.22 

Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; 

Para purificarnos lo hacemos también con la obediencia a Dios.

Cada día debemos buscar la perfección para limpiarnos de nuestros pecados y para irnos en el arrebatamiento.

Luego de hacer todas estas cosas y lo que nos queda es:

5.       Andar en el Espíritu

Gálatas 5: 16 -24

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.  Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.  Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,  envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.  Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,  mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.  Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. 

En el primer versículo nos dice que andemos en el Espíritu.

Los deseos de la carne se oponen a los del Espíritu. No puede haber alianza entre los deseos de la carne y el mundo.

Vivir en el Espíritu es guardarnos y dejarnos guardar del mal.

Si somos guiados por el Espíritu simplemente no hacemos lo que prohíbe la ley. Lo hacemos por convencimiento y no caemos en pecado por el amor no por la ley, no estamos bajo la ley.

No es que se hacen obras buenas y se entra al reino de los cielos, sino al contrario cuando recibí a Cristo en mi corazón entré al reino de los cielos, nací de nuevo y empecé a hacer buenas obras.

En cada cana al aire, con cada pecado me estoy jugando la vida eterna. 

Y nos remata diciendo que deberíamos ya haber crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si viene la tentación lo mejor es ir a la oració.

II corintios 5: 17

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.  Y  todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación”.

Debe haber un nuevo ser humano. Debemos ser criaturas nuevas y diferentes. Nosotros ya no venimos acá por un acto religioso, lo hacemos por la fe y por el amor que tenemos a nuestro Señor Jesucristo que lo hizo todo por nosotros, derramó hasta su última gota de sangre por darnos la salvación.

Todos los que estamos aquí hemos recibido milagros, el primero la vida y el segundo y más importante la salvación. Con estos dos milagros es más que suficientes para vivir arrodillados ante quien nos los dio. Pero fuera de estos dos hemos recibidos muchos más.

El gozo que se siente en el Espíritu, luego de haber recibido a Cristo, es muy diferente a todas las alegrías que se sienten en el mundo, pues es un gozo que sobrepasa todo entendimiento.

Estar con el Espíritu Santo es lo mejor.

sábado, 10 de enero de 2015

Cuando se menosprecia la bendición de Dios



Génesis 25: 31 - 34

“Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura”.

La primogenitura era muy importante pues quien la tenía era dotado de privilegios y el mayor de todos era el que la recibía  de su descendencia  nacería el Mesías.

Esaú desprecio la bendición totalmente, le dio la espalda a esa bendición. ¿Cuántas veces nosotros también rechazamos la bendición de Dios?

Sabiendo que Dios tiene unos propósitos con nosotros y le damos la espalda a esa bendición que Él tiene para nosotros. Dios se busca otra persona o a veces retarda esa bendición.

Jacob quería esa bendición para él y la buscó y aprovecho que su hermano la despreció. Jacob tenía los ojos puestos en esa bendición.

Todos acá hemos recibido bendiciones de Dios y sin embargo perdemos la fe en ocasiones.

No se puede decir que Jacob alteró los planes de Dios. Dios tenía su plan. Veamos:

Génesis 25: 22

“Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor”.

Rebeca fue a consultar a Jehová, ante toda situación es lo que tenemos que hacer: consultar a Dios .

Le respondió Jehová, él siempre nos responde.

Y estaba en los planes del Señor que la bendición era de Jacob, tal vez Raquel y Jacob no supieron esperar en Jehová y forzaron la situación, pero Dios también eso lo disciplinó, porque no solo es lo que Dios quiera sino como Dios lo quiera. 

El caso de David fue distinto, él sabía que había sido ungido como rey y que Saúl lo había convertido en su enemigo, sin embargo él no quiso forzar la situación, por el contrario él decía que no podía matar al ungido de Jehová que era Saúl y lo quiso y protegió hasta que Saúl murió y  lamentó su muerte.

David era respetuoso de las decisiones de Dios y esperó en Yahvé su turno, no presionó la situación. Amaba a Saúl por ser el ungido de Yahvé.

Es el momento de dejar de ser incrédulo. Es creer por lo que vemos y por lo que no vemos.

Rebeca hizo una cantidad de cosas para engañar a Isaac y que la bendición le fuera dada a Jacob. Y Jacob tomó la primogenitura. Pero Esaú también obro mal miremos en Génesis 27: 36

“Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí?"

Vemos que Esaú no contó que él había cambiado la primogenitura por un guiso y que él la había despreciado, había despreciado la bendición de Dios.

Cuantas veces nos quejamos ante los hermanos y les decimos: “Dios no me bendice, sabiendo que yo oro y le clamo”, pero no contamos que estamos en desobediencia, en lugar de aceptar nuestra culpa tratarnos de liberarnos ocultando parte de la verdad. 

Romanos 9: 10- 14

“Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre  (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama),  se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera”. 

A veces cancelamos la bendición de Dios después de haberla logrado con lo que expresamos de palabra mostrando la falta de fe.

Rebeca no volvió a ver a Jacob. ¿No fue ese  su juicio y el ver que Esaú aborrecía a Jacob?

Jacob tiene su propio Juicio fue engañado por su tío y le entregó por esposa en pago de sus 7 años de trabajo le entregó otra mujer, fue engañado. Dios lo enjuició por su afán, aunque era la voluntad de Dios que la bendición era para Jacob, este no esperó en Dios sino que forzó la situación.

2- Las circunstancias por las que rechazamos la bendición de Dios

-          Por ignorancia: cuando no conocíamos a Cristo renegábamos hasta de la vida. No sabíamos que el poder de la palabra es muy grandes

Hechos 3: 17

“Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes”.
Se refiere acá cuando le dieron muerte  a Jesús y dice San Pablo que lo hicieron por ignorancia.

Por qué dice el pueblo y los gobernantes y de los líderes religiosos no dice que fue por ignorancia. Porque estos si sabía que Jesús era el Mesías, pero lo “ignoraron voluntariamente” para no perder el poder que tenían.

Por lo mismo es que mucho líderes religiosos de hoy quieren ignorar grupos de cristianos que andan el libertad, sin aplicar nada de la ley y guiados por el Espíritu Santo y sin jerarquías sino todos obedeciendo a su Majestad el Espíritu Santo.

Cuantas bendiciones rechazamos por ignorar la escritura. 

-          Por la falta de fe se rechaza la bendición.

Crónica 20: 20

“Y cuando se levantaron por la mañana, salieron por el desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados”. 

El Señor nos habla a través de los profetas. Las denominaciones ya no tienen profetas sino conferencistas, doctores y reverendos. Ya no hay predicadores o profetas porque eso  es como muy poco para ellos. 

En cambio acá hay varios profetas que el Señor ha mostrado y él habla por medio de ellos. En este grupo de oración el Señor tiene gran bendición.

Mateo 17: 14 – 20

“Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar. Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá. Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora. Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

Nada os será imposible, por el poder del Espíritu Santo todo lo podemos si tenemos fe. La fe es la clave.

Salmo 89: 31 – 33

“Si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión, Y con azotes sus iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad”. 

El Señor no nos va a dejar y tiene misericordia con nosotros. Si usted hace oración y las cosas no se le dan revise su vida porque algún pecado hay. Somos hijos de Dios y si nos salimos del camino él nos va a castigar con vara. Además esto es una prueba de que Dios si castiga, pues hoy en día a diferentes denominaciones que  les dio por decir  que Dios no castiga.

-           Rechazamos la bendición por creernos indignos.

Pensamos que estamos en pecado y por creernos indignos rechazamos la bendición de Dios. Sabiendo que si pecamos él nos lava y nos perdona si nos arrepentimos. Dios nos hace dignos por la sangre de Jesucristo, no por nuestras obras. Si nos arrepentimos somos perdonados inmediatamente. Su misericordia es grande, pero tampoco podemos jugar con Dios y con su misericordia.

Jesucristo nos justifica. 

Muchas veces caemos y no queremos ni volver al grupo, es como si quisiéramos esperar que a Dios se le pasara y nos perdemos la bendición de Dios por esperar. Debe ser al contrario si caemos debemos ir más rápido a los pies del Señor para que nos perdone. No podemos dar espera.

Acá tenemos muy presente que una cosa es caer y otra es practicar el pecado. Si viene la tentación y uno no sabe afrontarla y cae es una cosa; pero si uno premedita el pecado y piensa: “ yo voy y caigo en pecado hoy y mañana el Señor me perdona”, eso es practicar el pecado y jugar con la misericordia de Dios, eso sí nos saca de la cobertura de Dios.

Romanos 5: 1 – 2

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”. 

Por medio de la fe en Jesucristo somos justificados.

Salmos 24: 5

El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación.

-          Menospreciamos la bendición por tergiversar la palabra

Mateo 18: 20

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Cuántas personas han venido acá y por ver tanta sencillez se van a denominaciones y pierden la bendición, se van a denominaciones con líderes de corbata, con conferencistas y casa de oración inmensa y donde posiblemente solo les predican la teología de la prosperidad.

Segú la escritura la cobertura es esta: “donde hay dos o tres congregados en mi nombre ahí estoy yo en medio de ellos”. No se necesita personería jurídica ni nada por el estilo para alabar y glorificar el nombre de Jesucristo y recibir su bendición.

Donde sea, así sea debajo de un palo de mangos.

Nosotros nacimos para glorificar a Jesucristo acá en el grupo y afuera en nuestros lugares de trabajo o de estudio, en nuestros hogares.  Todo lo debemos hacer como para Jesucristo.

Dedicarnos a Dios pues estamos esperando el avivamiento

Lucas 21: 34

“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”. 

Posiblemente no haya acá quien busque la embriaguez, pero de pronto si otros afanes de la vida como las fiestas de diciembre y otras cosas que no glorifiquen a Dios.  Estamos en el mundo y nos tenemos que ganar la vida en el mundo, eso lo tenemos en cuenta, recordemos que Cristo le dijo al Padre: “no te pido que los saques del mundo sino que los guardes del mal”.

Juan 5: 43

“Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis”. 

  No debemos poner los ojos en el hombre. No podemos dejarnos deslumbrar por cosas rimbombantes.

No menospreciemos la bendición de Dios por nada del mundo.  Creamos a la palabra de Dios.