lunes, 8 de junio de 2015

El Hades



Dice la palabra que es un lugar de tinieblas. Es un lugar de oscuridad, es un lugar de tormento. El Seol, el infierno.

El infierno queda debajo de la tierra según la Escritura. Muchos dicen que no hay infierno, esa es la gran mentira de Satanás, hacernos creer que no hay infierno, o como muchos dicen que el infierno es éste. No es así. Y por esas falsas creencias las almas cada día se pierden. 

La palabra dice que hay cielo y hay infierno, no hay puntos intermedios, Jesucristo nunca habló de puntos intermedios, habló de un cielo y un infierno. 

¿Por qué crees que Jesucristo murió en la cruz? No es cierto que ricos y malos van a salvarse por medio de “oraciones” y novenas, porque si por eso se salvaran hubiera sido en vano el sacrificio de Cristo en la cruz.
Entonces la gente podría pasarse haciendo lo malo y luego de su muerte rezarían por ellos y los sacarían del purgatorio y lo llevarían al cielo. Eso no es así.

Jesucristo murió en la cruz para que todo aquel que en él crea no se pierda sino que tenga vida eterna.
Dice la palabra que el que no cree ya ha sido condenado. 

Las palabras que Dios nos habla son palabras de vida eterna. Cristo les decía yo soy el pan de vida y no creía, Cristo les decía no entendéis mi lenguaje porque no sois de mis ovejas, porque nos sois mis hijos.

Los hijos oyen la palabra de Dios sea en consolación, sea en exhortación, sea en lo que sea porque Dios lo que quiere es nuestra alma. Dios no quiere nuestro cuerpo terrenal, ese cuerpo se va a quedar aquí.

Dice una parábola que un hombre atesoraba riquezas y que el Señor le dice: necio si en esta noche vienen a pedir tu alma de que te servirán esos tesoros. Tal vez hoy venga el Señor a pedir nuestras almas y estar acá, oyendo la palabra de Dios, es la oportunidad que Dios nos da para volvernos a él. 

Pedro le dijo a Jesús: “Señor a quien iremos si solo tú tienes palabras de vida eterna”. Y eso es lo que hace un corazón humilde decirle: Señor, habla a mi corazón y límpiame, transfórmame;  y que yo nunca me aparte de ti. 

Job: 28: 5

“De la tierra nace el pan, y debajo de ella está como convertida en fuego”.

Si el cielo está arriba, ¿dónde está el infierno?

Mateo 12: 40

“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches”.

La palabra de Dios dice que cuando Jesucristo murió descendió a los infiernos, dio testimonio allí, estuvo tres días allí testificando que las profecías eran verdad, porque Dios cumple su palabra.

Dice la palabra que el seol no se sacia, Satanás ya perdió lo que tenía en el cielo y nunca jamás lo recuperará y él quiere que nosotros también perdamos todo lo que Dios nos ha dado, la gran bendición.

A veces atesoramos y nos apegamos a cosas terrenales, todo para nuestro cuerpo, pero nuestra alma que, nos vamos de este lugar y no nos vamos a llevar nada. 

El señor dice que el que siembra para el Espíritu del espíritu segarán y que tendremos nuestra recompensa y que nuestro galardón es grande en los cielos.

Dice el Apocalipsis que había una multitud vestida de blanco y que esas personas habían emblanquecido sus ropas en la sangre del Cordero.

Que seamos reconocidos por Cristo el Señor es lo más importante. 

De que nos sirve ganar todo el mundo si perdemos nuestra alma. Dice Dios en su palabra que temamos al que tienen el poder de echar nuestra alma en el infierno. Su palabra no puede ser revocada.

En vida es que nosotros llevamos salvación y condenación, en vida es que nosotros escogemos, dice  Deuteronomio 30 que: “pongo la maldición y la bendición delante de ustedes”.

Dios lo que quiere es nuestro corazón, nuestra disposición.

Lucas 16: 19 – 31

“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.  Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.  Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.  Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.  Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,  porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.  Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.  El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.  Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”.

El que no haya nacido de nuevo será lanzado al lago de fuego, dice en Apocalipsis 20 que roguemos para que nuestros nombres no sean borrados del libro de la vida.

La gracia de Dios no es libertinaje, porque la gracia de Dios es la que rompe las cadenas en nuestras vidas y quita la ceguera y rompe esa esclavitud en nosotros y así podemos amar la santidad de Dios.

La gente que dice que va a la iglesia reza y empata, esa gente no ama la santidad de Dios.

Dice la palabra de Dios que nosotros seremos juzgados por nuestras acciones.

A veces herimos a las personas, no pensamos para hablar. Dios dice que por una misma fuente no puede salir agua dulce y agua amarga. 

De la abundancia de nuestro corazón habla nuestra boca. Dios dice que nos ha dado espíritu de dominio propio para refrenarnos, para controlarnos, para que la situación no se enseñoree de nuestras vidas, sino que nosotros estemos por encima de toda situación.

Dice la palabra de Dios que Jesucristo caminó aquí en la tierra, fue tentado en todo pero no pecó. Jesucristo es Dios. Él nos dijo sed perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. La palabra de Dios cada día nos tiene que santificar.

Yo quiero ser reconocido por él, el anhelo de mi corazón es que Dios me use. Queremos ser transformados por el Señor. Así como yo me siento orgulloso del Dios que tenemos quiero que él se sienta orgulloso de mí.
Nadie ha hecho, ni hará lo que Jesucristo ha hecho por nosotros. 

Esto es por la disposición de nuestro corazón.

Por encima de Dios está su palabra, porque él no puede ser mentiroso. Lo que dijo ya lo dijo.

Daniel 6: 8 - 9

“Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no pueda ser revocado, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada. Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición”.

Tocaron al rey en su ego para que hiciera ese edicto.

Y sigue diciendo en el 10 – 11

“Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.  Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron a Daniel orando y rogando en presencia de su Dios”.

El rey Darío amaba mucho a Daniel y no midió las consecuencias de sus hechos. 

Daniel 66: 14 – 16

“Cuando el rey oyó el asunto, le pesó en gran manera, y resolvió librar a Daniel; y hasta la puesta del sol trabajó para librarle. Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia que ningún edicto u ordenanza que el rey confirme puede ser abrogado. Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre”.

Muchas veces nosotros no pensamos en las consecuencias de lo que hacemos, no somos guiados por el Espíritu Santo y esas decisiones que tomamos traen consecuencias a nuestras vidas. 

La cobertura de Dios está de nuestro lado, pero cuando ante los ojos de Dios somos hallados inocentes. 

Daniel 6: 20- 22

“Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones?  Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo. Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso; y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios”.

Continuamente, debemos tener la llama encendida siempre. Por eso fue que Dios lo pudo librar.

Hubo confianza en Dios.

Romanos 13: 7 – 14

“Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”.

Cuantas veces debemos respeto a nuestros padres, a las autoridades y al mismo Dios.

Vestiduras espirituales de nuestra alma.

La palabra de Dios es firme.

Dios no quiere que nuestras almas se pierdan.

El enemigo viene a acusar y Dios es justo, le duele pero si no somos inocentes él es justo. 

Dios es justo fiel y verdadero.

Mira que la palabra de Dios nos dice que su palabra no puede ser revocada. 

Escapa por tu vida porque el momento se acerca.

Cuando  Dios vino a nosotros nos dijo que teníamos que cuidar esa salvación tan grande. El enemigo viene a acusar, el enemigo viene a reclamar. Que cuando el venga a reclamar no halle cabida en nosotros.

Que nosotros podamos estar limpios delante de la presencia de nuestro Dios. 

El Señor me traía un testimonio: En un grupo en Prado el Señor mandó a unas personas a hablarle a un hombre que era un sicario, él se llamaba Adrián, a las personas del grupo les daba miedo hablarle por lo que él hombre era. Sin embargo el escuchó y llegó a los pies del Señor y empezó a caminar con el Señor.

Un día a través de Carlos, el Espíritu Santo, le profetizó que si él volvía al mundo el enemigo no le iba a perdonar. Adrián se apartó de las cosas de Dios, volvió al mundo y lo balearon, buscaba quien lo socorriera y nadie lo socorría. Cuando alguien, por la misericordia de Dios, lo llevó al hospital.

Allí, en el hospital, quedó en estado de coma y él cuenta que el escuchaba todo a su alrededor y oía cuando le decían a la mamá que lo desconectara, pero Adrián no podía comunicarse con el mundo exterior.

En ese estado de coma, Adrián tuvo una experiencia con Dios. Cuando estaba en estado de coma veía cuatro seres arriba y debajo de él que venía a reclamar su alma porque él se estaba yendo, esos “hombres” venían a reclamar lo que les pertenecía, lo que él no había querido, lo que él no había valorado, vino Satanás a reclamarlo. Pero dice que había algo dentro de él que lo impulsaba a pensar en Dios, se acordaba de unas alabanzas que había aprendido en el grupo de oración y el cantaba: “se rasgará el cielo y aparecerá, vestido de ternura, vestido de ternura, Jesucristo el hijo de Dios, Jesucristo el Salvador”.

El que lo impulsaba a cantar era el Espíritu Santo. Contaba Adrián, en el grupo que mientras él alababa esos demonios se iban, pero cuando dejaba de alabar los demonios volvían.

Contaba que también tuvo otra experiencia: que tuvo un sueño donde vio a un hombre que se llamaba Arón. Que ese hombre le dio una pequeña tasa de agua para que lavara sus vestiduras y le mostró una manta que estaba sucia por completo. Y le dijo que tenía que lavar completamente esas vestiduras, pero se encontraba en un desierto y  decía: “yo tengo mucha sed, pero si me tomo el agua con qué voy a lavar las vestiduras. Con ese poquito de agua el empezó a estregar y a estregar hasta que a lo último las vestiduras se volvieron blancas. Entonces el gritaba: “señor Arón, señor Arón, las vestiduras están blancas”. Arón le dijo que volviera a la vida y Adrián despertó del coma en ese momento. 

Cuando despertó muchos de sus sentidos fueron muy desgastados, no podía hablar bien. Se lo llevaron para la casa y llegaron unos pastores, pero a la mamá le daba miedo porque como él tenía tantos enemigos. Los pastores le dijeron a la mamá que Dios les había mostrado que había en esa casa un hombre enfermo y que el Señor lo iba a levantar y lo iba a sanar.

Contó Adrián en el grupo que los pastores reprendieron con toda autoridad en el nombre de Jesucristo y contó Adrián que algo se le movió en el cerebro y dese ahí empezó a ser restaurado, volvió a hablar y se recuperó.

Adrián se fue donde los enemigos a pedirles perdón, ese acto fue muy valiente porque los enemigos eran peligrosos.

Él decía que  “los abrazaba con el circulo de su amor”. Empezó a caminar con el Señor y su familia conoció de Dios. A los días de estar en los caminos de Dios Adrián sufrió de una bronquitis y murió, murió alabando a Dios y el enemigo no se llevó esa alma por la misericordia de Dios.

Dios ha tenido misericordia de nosotros y nosotros no podemos decir “me echo una canita al aire y en el último día me arrepiento”. Dios conoce las intenciones de nuestro corazón y además nadie sabe el día ni la hora. 

Dios conoce nuestros pensamientos y este es el día que él ha hecho para que nos acerquemos a él. Dios quiere que vivamos para él. Mira que Satanás venía en ese momento a reclamar lo que le pertenecía, a reclamar esa alma delante de Dios. 

El Espíritu Santo en él fuertemente ardía. 

Que el anhelo de nuestro corazón sea que nuestra alma no se pierda.  

sábado, 6 de junio de 2015

Nunca os conocí



Mateo 7: 13 - 14

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.

Dios nos está diciendo que nos esforcemos a entrar por la puerta estrecha. Jesucristo  viene pronto, está a las puertas.

Tenemos que estar preparados para la venida de Cristo.

Mateo 21 – 23

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Hay que hacer la voluntad del padre que está en los cielos: amar a Dios sobre todas las cosas.

Es tener a Dios en el primer lugar. 

No es por los dones, ni por los milagros que nos vamos a salvar, es por hacer la voluntad de Dios.

Miremos nuestras vidas, si en realidad estamos haciendo la voluntad de nuestro Padre.

Es un camino de entrega y es necesario congregarnos para que la palabra de Dios nos limpie y nos transforme. 

Dios nos conocerá por los frutos. 

Estamos muy relajados por eso Dios nos dijo: Iglesia, duermes. Despierta es hora de despertar. 

No podemos dejar ese primer amor de cuando recibimos a Cristo en el corazón.

Por eso es que Dios dice los postreros serán primeros, porque viene con ese gozo a recibir la palabra, pero los que llevamos más tiempo hemos dejado apagar ese fuego. 

Lucas 14: 15 – 24

“Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios. Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado.  Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.  Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.  Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena”.

Siempre tenemos excusas para las cosas de Dios.

Dios siempre nos invita a su gran cena, para escuchar su palabra, para congregarnos y siempre tenemos excusas, para las cosas de Dios.

La salvación es algo que hay que cuidar, no descuidemos una salvación tan grande. 

Dios dice que él escudriña los corazones, démosle un corazón dispuesto a Dios.

Dios no quiere la muerte del hombre sino que se arrepienta de sus malos caminos y se vuelva a él. 

Mateo 25: 1 – 13

“Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.  Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas.  Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron.  Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.  Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir”.

No podemos venir a prender la lámpara aquí, la lámpara hay que mantenerla prendida.

Que este corazón esté ardiendo. Dios dice que sus ojos son como llamas de fuego y el fuego busca fuego.

Acá se predica que la salvación hay que corre cada uno por ella, acá no se predica que vamos a ser prosperados. Acá la palabra se predica como está, acá venimos a ganar almas para el reino de los cielos, a limpiarnos y a transformarnos cada día.

Es una gran bendición en el lugar que Dios nos ha permitido estar. La palabra es pura acá no se le está predicando a usted otra cosa que no sea la salvación. 

Cuántas personas creen que se van a salvar porque se congregan, porque van a la iglesia, cuantos pastores dicen que te vas a salvar porque tienes riquezas, no, no nos vamos a salvar por eso.

La salvación es tuya y es mía, es cada uno correr la carrera.

No despreciemos el maná, no despreciemos la bendición, no va a haber excusa en aquel día.

Dios dice en su palabra que habrá dos en el campo: el uno será tomado y el otro será dejado. 

Dios no quiere la mediocridad, Dios quiere un hombre renovado. Dios quiere que renuncie al yo, que renuncie al ego.

Apocalipsis 3: 5

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!  Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.  Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.  Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.  Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete”.

Cuantas veces decimos que no tenemos necesidad de leer la palabra, que no tenemos necesidad de buscar la llenura del Espíritu Santo. 

Por eso Dios dice que debemos ser probados como el oro. 

Por muy dura que sea la palabra abramos nuestro corazón.

No menos preciemos los vasos porque acá se habla lo que el Espíritu Santo pone a hablar a cada uno. Toda palabra, no importa del vaso que salga, recibámosla con humildad.  Recibamos las cosas con el corazón. 

Miqueas 6: 11

“¿Daré por inocente al que tiene balanza falsa y bolsa de pesas engañosas?”

¿Dios dará por inocente al culpable?

Seremos pesados por nuestras obras. 

Juan 3: 1 – 8

“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.  Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.  Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.  Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.  Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.  No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”.

El agua es cuando Cristo llega a nuestro corazón nos lava con el agua y el Espíritu Santo hace la obra en nosotros, es el que nos va cambiando y nos va transformando.

El que no es nacido del agua y del Espíritu no puede entrar al reino de Dios. 

Cuando no teníamos a Cristo en nuestro corazón íbamos donde queríamos, pero al recibir a Cristo otro es el que nos guía. 

Ezequiel 18: 30

“Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor. Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina.  Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel?  Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis”.

Dios nos juzgará por nuestras iniquidades. 

No quiere Dios la muerte del impío, sino que se convierta.

El que cree, de su interior correrán ríos de agua vivo.

No rasguemos nuestras vestiduras, rasguemos nuestros corazones. Humillemos nuestros corazones delante de Dios. 

Hebreos 2: 1 – 3

“Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.  Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,  ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,”

No descuidemos esa salvación. Péguese como cuando se tiene esa necesidad de tomar agua. No nos dejemos robar la bendición.  Seamos diligentes, que no salgamos de aquí y sigamos siendo los mismos.
No perdamos el tiempo que donde estemos, así sea en el baño, estemos alabando y glorificando al Señor. Que todo pensamiento vaya cautivo a la obediencia a Jesucristo.

I Crónicas 28: 7 – 10

“Asimismo yo confirmaré su reino para siempre, si él se esforzare a poner por obra mis mandamientos y mis decretos, como en este día. Ahora, pues, ante los ojos de todo Israel, congregación de Jehová, y en oídos de nuestro Dios, guardad e inquirid todos los preceptos de Jehová vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra, y la dejéis en herencia a vuestros hijos después de vosotros perpetuamente.  Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.  Mira, pues, ahora, que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para el santuario; esfuérzate, y hazla”.

Es de corazón voluntario hay que pagar el precio.

lunes, 1 de junio de 2015

El Examen Final



Cuando un estudiante va a presentar un examen final la preparación es máxima, si es buen estudiante. Se va con toda porque ahí se sabe si va a ganar o no.

Basada en.

I Tesalonicenses 4: 13 – 18

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza”.
 
Está hablando de los que duermen en Cristo. Los que no están en Cristo cuando alguien muere, entran en una amargura y en una tristeza tremendas. 

En los versículos 14 - 16

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”. 

Esto es lo que está mandado para el pueblo de Dios. 

Veamos lo que dice en el 17 y 18

“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.

Al arrebatamiento es lo que yo llamo el examen final. Ahí es donde se sabe quién es quien.

Porque acá podemos hablar lenguas, decir que somos muy de Dios, asistir a un grupo de oración o a una denominación, pero es posible que no nos estemos manifestando como auténticos hijos de Dios.

Cuando se anuncia esto a través de tantos ministerios y a través de la palabra que dice que cuando sucedan estas señales hay que saber que Jesucristo está a las puertas y el pueblo de Dios debe estar preparado como cuando se va para un examen final o para una entrevista de trabajo. Pero la gran mayoría del pueblo de Dios está dormido: Iglesia duermes.

La semana pasada se predicó El Fuego y hace unos  meses fue: Nada más importante que la llenura del Espíritu Santo.  Y nosotros todavía en carnalidades y enredados en cosas mundanas y todavía discutiendo por banalidades.

Hay que tener cuidado por donde se camina, estamos a punto del Examen final que es el arrebatamiento.

En todas la generaciones se ha predicado el arrebatamiento, mire que pablo dice; “nosotros los habremos quedado seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes”. Pablo se incluía ahí y estaba en el siglo I. Pablo que conocía y tenía esa comunión tan grande con Dios y que Dios lo utilizó para llevar el evangelio a los gentiles y veía tan cerca el arrebatamiento, cómo será hoy que ya las señales están dada.

Que hacemos enredándonos en tantas cosas. No nos podemos quedar en la tristeza. Pedimos a Papito Dios que saque esa tristeza de nuestras vidas. La situación vendrá, pero yo no me puedo quedar allí. Calma sobre mi vida, dame paz, yo tengo al Príncipe de Paz en mi vida. Nada ni nadie, ni lo económico nos puede mover del amor que es en Cristo Jesús.
Ahora cantábamos: “tengo un Cristo de Poder”, tenemos al Espíritu Santo.
Estoy a las puertas del examen final, el final de nuestra, carrera ahora no nos podemos descansar en nada. El que ore a orar más, el que ayune a ayunar más, y a reunirnos más. Con todo el corazón querer reunirnos. A orar con todo el corazón a la hora que Dios lo despierte.
Dios honra la disposición nuestra, un corazón rendido, eso es lo que Dios quiere de nosotros, porque pasan los días  y acá no pasa nada. En el arrebatamiento no se van a ir los que no hayan sido sellados por el Espíritu Santo.
Dios nos está dando un campanazo final: tenemos que ser bautizados con el Espíritu Santo y fuego. Anhélelo más que cuando tiene hambre y anhela comer, como el aire para respirar. Cómo nosotros todavía tan parcos ante tremendo regalo de Dios: “el que creyere en mí de su interior correrán  ríos de agua viva”, dice la Escritura.
El arrebatamiento es algo hermoso y la gran tribulación es algo horrible porque si ahora hay maldad no hemos visto nada a comparación con lo que será esa gran tribulación de la que habla la Biblia. 

Se nos ha ido tanto la fe que no estamos esperando a Nuestro Señor Jesucristo.

Versículos 6: 27 – 28

¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan?  ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?

Su palabra es como fuego, estamos en las brasas de Dios, el fuego de Dios ¿cómo no va a fluir en nosotros eso? Nosotros estamos por la palabra listos para arder. 

Caminamos por la palabra de Dios, tenemos al verbo de Dios. Hay que declarar la palabra, pero solamente pueden declarar la palabra los que están llenos del Espíritu Santo de Dios.

Hay dos clases de fuego.

I Corintios 3: 11- 13

“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará”.

Los que han puesto otro fundamento sea religión o sea un líder llámese como se llame, que no sea Jesucristo van para el infierno, si no se arrepienten en el nombre de Jesús.

Tenemos por fundamento el fuego de Dios, a Jesucristo que nos purifica, nos limpia, nos lava, nos prepara para el examen final que es el arrebatamiento. 

Oro. Reyes y sacerdotes, plata redención y piedras preciosas es lo que nos adorna.

Es lo que hace el fuego de Dios purificando. Una parte del fuego es para purificar y el otro para consumir.
Que mi fuego te purifique dice el Señor, que saque todo resentimiento, toda lujuria, toda maldad, qué hace eso estorbando todavía en nuestras vidas. 

Este es el tiempo de estar profetizando la palabra todo el día. Para hacer salir las situaciones que el enemigo esté poniendo para tumbarlo.

Iglesia,  duermes, y el examen final está a las puertas.

El fuego de maldad, usted tiene una tentación y se derritió delante de ella: lo probó el fuego de maldad. Porque como no estaba en el fuego del Espíritu Santo, no estaba bautizado lleno y fluyendo en  el Espíritu Santo. 

No se conforme con que alguna vez hablo en lenguas y está hablando del pasado, nosotros vivimos es un eterno presente, es ahora: la llenura del Espíritu Santo.  Ya no es tiempo de perder esa llenura, es tiempo de acelerar, es tiempo de meternos mucho con Dios. 

No nos engañemos: uno sabe cuándo está preparado y cuándo no lo está. 

Cuando se pagó el precio uno va como en proverbios 28: 1 que el impío huye sin que nadie le persiga, pero el justo está confiado como un león. Como en proverbios 30: 30 yos soy como el león de la tribu de Judá que no vuelvo atrás por nada, así somos los que estamos en Cristo, los que estamos llenos del Espíritu Santo. 

Miremos la magnitud de lo que Dios nos está hablando hoy. 

Si no nos pellizcamos hoy vamos a perder el examen final. Y Dios no nos ha llamado a perdida nos ha llamado a ganancia porque nos dijo en su palabra que somos más que vencedores, que somos victoriosos en él. 

Si somos siempre vencedores ¿por qué no está venciendo el pecado, en el tramo más importante de nuestras vidas? 

El examen final está listo y habla únicamente de santidad de principio a fin, ese es el cuestionario de Dios, porque sin santidad nadie verá a Dios. 

Santidad es apartarse de lo que a Dios no le gusta. 

Es hora de ser llenos del Espíritu Santo de Dios. 

Otro fuego: el fuego del Espíritu Santo. Vemos:

Hoy estoy salvando mi cabeza porque como centinela de Dios les he anunciado que Cristo viene y está a las puertas. No hay tiempo del pecado, es tiempo de llenarnos de la santidad del Espíritu de Dios. 

Como estamos tan cerca del examen final me tengo que dedicar a la palabra de Dios, al fuego de Dios, a la oración y al ayuno. 

Hechos 1: 1 – 14

Veamos primero

Hechos 1: 1 – 2

“En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,  hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido;”

Dios da estos mandamientos a los escogidos de Dios, a los impíos, a través de nosotros, el mandamiento es que se arrepientan para que entren a esta bendición.

Hechos 1: 3

“a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios”. 

Cristo está vivo, que hace usted entre los muertos.

Veamos Isaías 10: 4 “Sin mí se inclinarán entre los presos, y entre los muertos caerán. Ni con todo esto ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida”. Si Cristo está vivo que hacemos entre los muertos, con pecados inconfesos.

Y en Juan 15: 5 dice: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.

No nos vamos en el arrebatamiento si nos despegamos de él. 

El reino de Dios es justicia, paz y gozo, en el Espíritu Santo ¿y usted por qué está inclinado entre los muertos con esa tristeza, con esa desesperanza. Cuando usted tiene al vivo de los vivos, al resucitado, a Jesucristo es su corazón.

Hechos 1: 4 - 5

“Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.  Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”.

Iglesia tenemos que fluir definitivamente en el poder de Dios. Esa debe ser nuestra vida diaria, debe ser llena del poder de Dios. No en algunas ocasiones sino siempre, en un gozo, en un poder: siento ríos de agua viva; en eso se tiene que mover la Iglesia ahora para que no pierda el examen final.

Sigamos en Hechos 1: 6 - 8

“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;  pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Esta es la gran diferencia. Este es un pan que acaba de bajar del cielo recién horneado. Esta es la gran diferencia de la verdadera Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo.

Declare la bendición y sea testigo ante la situación, ante la adversidad, ante cualquier cosa. Pero eso lo haces solo una Iglesia llena del Espíritu Santo de Dios, cuando se deja bautizar, cuando se dispone.  

Dios no quiere que nadie repruebe este examen final sino que todos lo pasemos.

Solamente cuando llega el Espíritu Santo usted está fluyendo en poder, tenemos que ser bautizado por él. 

Sigamos Hechos 1: 9 - 11

“Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”.

El Arrebatamiento así vendrá como ladrón en la noche. ¡Iglesia, estamos dormidos!

Hechos 1: 12 -

“Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo.  Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos”.

Notemos dos palabras perseverar y unánimes. Nosotros podemos estar juntos, pero no unánimes, porque usted está pensando en el contrato que le va  llegar, o en el paseo de mañana. 

Usted está junto, pero no unánime, entonces va alterando lo que el Espíritu Santo quiere hacer a su cuerpo aquí reunido. 

Otra cosa que no habla de unanimidad aunque estemos juntos y es que podemos tener resentimientos con algunos. A qué hora va a bautizar el Espíritu Santo si estamos así.

Esta gente era diario, pero allí se mostró también el trigo y la cizaña, pues empezaron como 500 y terminaron 120.

Hay gente que desiste por lo que la clave aquí es perseverar.  La iglesia que se va en el arrebatamiento es la que está llena del Espíritu Santo, por lo que no hay otra opción. 

Somos benditos de Dios, Plantío de Dios: Nos identifica la victoria, pero esa victoria está dada por la llenura, por el desbordamiento del Espíritu Santo. 

Hay mucho conformismo en la Iglesia, mucha mediocridad y Dios no quiere eso, Dios quiere una Iglesia llena de poder. 

Vamos a salir de acá diciéndole al Señor;  “lléname papito Dios, lléname de tu presencia”. 

Yo valoro tanto el Espíritu Santo porque veo el poder, la unción, el respaldo, la consolación, la guía, es lo más hermoso que Jesucristo nos dejó para poder darle gloria a él. 

 Por eso es que usted no es testigo real de Jesucristo, porque no está lleno del Espíritu Santo. Cualquier cosa lo desbarata y así cómo le va a hablar al que está cautivo.

Viene el examen final  y yo no me quiero quedar. Habiendo batallado tanto, tantas guerras espirituales. Estamos más cerca de la otra orilla.

Los que suben son muy poquitos, pero nosotros podemos estar en ese remanente, simplemente hay que perseverar unánimes en oración.

Consecuencia de la perseverancia, de la unanimidad, de estar en oración y en ruego y en la bendita santidad.
Tanto va el cántaro al agua hasta que se revienta, hay que hacer reventar las bendiciones de Dios, está todas almacenadas allá.

Hechos 2: 1 – 4

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.  Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;”
Noté: de repente y ya estaban sentados.

Veamos el versículo 3

“y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.  Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.

Tres manifestaciones del Espíritu Santo en esa escena: Primera viento recio, Segunda un fuego sobre sus cabezas y la tercera hablaron en lenguas. 

El que persevera alcanza. A partir de hoy en nuestras vidas no debe haber sino esto: “ser llenos del Espíritu Santo”.

Cómo se aviva el fuego

Vamos a ver como se aviva el fuego tanto el de la maldad como el de Dios.

Primero el de la maldad.

Romanos 13: 14

“sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”.

Así avivamos el fuego de la maldad, cuando proveemos para los deseos de la carne. 

El enemigo número uno de nuestras almas no es Satanás, es nuestra carne.

A veces vamos por las obras de la carne en vez de estar dando el fruto del  Espíritu Santo. Eso por no estar llenos del Espíritu Santo.

Dios no quiere que nosotros proveamos más para los deseos de la carne.

Cómo se aviva el fuego de Dios. 

Salmo 119: 111 – 112

“Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón. Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos de continuo, hasta el fin”.

La palabra de Dios es como fuego que consume. En el salmo 40: 8 dice “tu palabra está en mi corazón”.

La palabra se puede obedecer por el poder del Espíritu Santo, por la llenura del Espíritu Santo de lo contrario no. 

Marcos 11: 22 – 24

“Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.  Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”.

Yo me lleno del Espíritu Santo porque creo que Dios lo prometió. Si Dios lo dijo eso es una realidad sobre mi vida, y yo lo tengo que creer si es que quiero recibir porque es por fe. 

Otra cosa que aparece ahí qué es. Cuando yo tengo la fe es porque la palabra me la dio y de la abundancia del corazón habla la boca. 

Todo lo que está impidiendo el bautizo del Espíritu Santo hoy se tiene que quitar. 

Apocalipsis 1: 3

“Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Hace rato estamos leyendo la palabra de Dios. Leer, escuchar y guardar.

Versículos 9 y 10

“Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,”

Estaba aislado y encarcelado por causa de la palabra  y el testimonio.

Las fortalezas caen cuando estamos llenos del Espíritu Santo.

Este es el día que hizo el Señor en el cual nos gozaremos en él. El que está en el Espíritu está en Jesucristo y lo está esperando. 

Esa es la evaluación que hoy tenemos. Si usted está en el Espíritu está en el día del Señor, está preparado para ese examen final, está preparado para irse con él. 

Vos como de trompeta: Iglesia sube, sube novia mía porque vamos a tener el casamiento en las bodas del Cordero.

Solamente suben los que estén llenos, derramándose del Espíritu Santo. 

Usted no está creyendo que el arrebatamiento está encima y tenemos que estar ultra metidos con Dios.

Separados de él nada podemos hacer. 

Leer salmo 71: 8