sábado, 1 de abril de 2017

Increíble

I Juan: 5 – 4

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”.

Todo aquel que recibe a Cristo en su corazón, nace de nuevo, nace de la palabra de Dios, nace del Espíritu de Dios, cuando nacemos de nuevo nos convertimos en hijos Dios, merecedores de sus promesas y Dios nos da la capacidad para vencer el mundo de pecado.

Es increíble que con el conocimiento que tenemos de la palabra de Dios el enemigo se esté enseñoreando de nuestras vidas y venga a bajarnos nuestra autoestima, no es posible porque Dios nos ha dicho que nos ha hecho reyes y sacerdotes, que nos ha constituido hijos suyos, herederos de sus promesas.

Es increíble que con las enormes promesas que tenemos nos dejemos aplastar por el diablo por cualquier situación.

La fe viene por el oír y el oír de la palabra de Dios y sin fe es imposible agradar a Dios.

La victoria que ha vencido las dificultades.

Nuestra mirad debe estar en Jesucristo.

Veamos algunas situaciones:

Con las promesas aquí y muriéndonos de hambre, hasta donde nos ha llevado el enemigo.

-          Adán y Eva

Génesis 1: 27

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Los creo a su imagen, era una imagen perfecta, no era deteriorada. Hasta dónde nos ha llevado el enemigo por muchas situaciones, que la imagen de Dios no se ve en nuestras vidas, que, en muchas ocasiones, no nos sentimos amados por Dios y no nos sentimos sus hijos.

La imagen de Dios, que somos nosotros, debe ser una imagen llena de la gloria del Dios todo poderoso, Dios nos quiere ver llenos de su gloria, no llenos de derrota.

Génesis 3: 1 -9

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.  Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?”

Santanas acá vino a cuestionar. Con nosotros también hace la misma viene a cuestionar lo que Dios ha nos dicho  y nos hace dudar del propósito que Dios tiene para nuestras vidas: “¿Con que Dios dijo que con orar se sanaba?…”

En estos momentos Dios nos llama a cada uno: ¿Dónde estás tú?

La mujer permitió dialogo con el enemigo, nosotros a veces permitimos ese diálogo.

Por permitir el diálogo con el enemigo salieron de la presencia de Dios. Ellos por querer probar cosas nuevas salieron de la presencia de Dios, cuantas veces por  nosotros querer agradar al mundo, a una persona, nos salimos de la presencia de Dios, es increíble.

Ellos todo lo tenían, todo, pero prefirieron salir, así somos nosotros teniéndolo todo en Dios y muchas veces preferimos salirnos de su presencia. Nos buscamos males que Dios no ha querido para nosotros.

Por seguir una persona perdemos todos los beneficios de la bendición de Dios.

Cuántas veces queremos escondernos de Dios. Cuantas veces nos escondemos, escondemos el pecado.

-          Jesucristo

Mateo 4: 1 – 11

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”.

Cuántas luchas y cuántas tentaciones hemos tenido hoy para no venir a este lugar.

El tentador viene cuando hay una necesidad.

Satanás vino a cuestionar a Jesucristo: “Si eres hijo de Dios”, vino a moverlo, también a nosotros viene a movernos de la posición que tenemos en Jesucristo, Satanás sabe que tenemos poder en Dios, pero si nos mueve de ahí perdemos el poder delegado, él lo sabe.

A adán y Eva los movió, a Jesucristo no lo movió.

Satanás sabe que él tiene poder cuando nos movemos de la palabra de Dios.

Cuando nos paramos firmes en la palabra, el poder es nuestro.

Satanás se roba la palabra porque no nos paramos firmes en ella.

Jesucristo se defendió con la palabra. Nosotros tenemos en nuestros corazones, la palabra, no nos podemos dejar vencer, soy hijo de un gran Rey y debo pararme en esa palabra.

Tenemos que posesionarnos de lo que tenemos.

Si a nosotros nos tocan nuestros hijos, nos levantamos a defenderlos. Debemos hacer valer los derechos que tenemos como hijos de Dios, por eso Satanás trata de movernos de la palabra para vulnerar esos derechos.

La palabra tiene poder, tiene autoridad.

Levantémonos y echemos a andar.

Si satanás ataca a Jesús que es el Rey de reyes como no nos va a atacar a nosotros.

Estamos jugando con la misericordia de Dios y permitiendo que el enemigo haga lo que le da la gana con nosotros.

El diablo es recurrente no se cansa y nosotros a veces si nos cansamos.

Nos tenemos que rendir a los pies de Jesús.

Satanás ñe atacó el ego a Jesucristo y con nosotros hace lo mismo.

El enemigo le ofrece cosas muy buenas de este mundo a cambio de su alma.

-          Moisés

Éxodo 4: 1 -4

“Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Echala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano”.

La vara es señal de autoridad eso significa autoridad.

Moisés sintió miedo de la autoridad que Dios le dio. Cuantas veces sentimos miedo de la autoridad que Dios nos dio, porque nos creemos menos, porque creemos que Dios no nos respalda, porque creemos  que Dios no puede hacer cosas grandes por nosotros, nos da miedo de orar por un enfermo, de orar por una situación, miedo de orar por un endemoniado, porque creemos que no tenemos esa autoridad, porque creemos que esa autoridad solo s para algunos.
Esa autoridad es para todo el que cree. Marcos  16: 17 dice “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;…”

A los que creen, no es sino creer.

Dios mandó a tomar la culebra por la cola, no por la cabeza como se toman las serpientes. Dios hace como él quiere.

Éxodo 4: 5 – 6

“Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.  Le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve”.

El Señor le dijo ejerza lo que le doy

Éxodo 4: 8 – 11

“Si aconteciere que no te creyeren ni obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera. Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las derramarás en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre en la tierra. Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?”

Moisés se estaba apoyando en lo humano. Los discípulos eran humildes y con la palabra que Dios le dio hicieron maravillas.

Dios es el que nos está dando la palabra.

Levantemos nuestras manos y se abren sendas para el pueblo de Dios, hablemos con Poder y con convicción.

Éxodo 4: 18 – 20

“Así se fue Moisés, y volviendo a su suegro Jetro, le dijo: Iré ahora, y volveré a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún viven. Y Jetro dijo a Moisés: Ve en paz. Dijo también Jehová a Moisés en Madián: Ve y vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte. Entonces Moisés tomó su mujer y sus hijos, y los puso sobre un asno, y volvió a tierra de Egipto. Tomó también Moisés la vara de Dios en su mano”.

Dios te está dando la orden que te muevas y salgas de esa cueva de la incredulidad, de esa cueva del conformismo, sal de ahí porque no es la posición para un hijo de Dios. Dios quiere utilizarnos,   Dios quiere manifestar su gloria en nosotros.

Moisés salió con su familia y Dios le dijo que llevara la vara, la autoridad de Dios que no es solo para unas cosas es para todo, para que usted la ejerza con su familia, para que usted la ejerza en su empleo, para que la ejerza con sus enemigos, para que la ejerza aun cuando esté enfermo, cuando no tenga esperanza, cuando no tenga sentido de vivir, para eso es la palabra para que usted la lleve dondequiera que vaya y la ejerza. Esa autoridad cubre toda su familia porque usted se paró en Cristo.

No puede el diablo decirle que usted no es nada, que nadie lo quiere, que usted no vale nada  mentiras del diablo: “usted vale mucho”. Valemos para Dios nos tenemos que levantar. Somos valiosos para Dios, a Dios le importamos.

Al hombre no le importamos, el hombre no está sino por conveniencia y cuando usted no le sirve le da una patada y lo bota.

Dios está ahí siempre esperándonos con los brazos abiertos.

Muchas veces nos quieren por lo físico, Dios no, Dios lo que quiere es tu corazón, a Dios no le importa si eres bonito o feo.

En Jesucristo hay poder, si sucumbimos es porque nos alejamos de la presencia de Dios, de su cobertura.

Dios nos llamó con un propósito.

Apocalipsis 12: 5

“Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono”.

Jesucristo está sentado a la Diestra de Dios Padre, regirá a las naciones con la palabra. Con la palabra Jesucristo expulsaba los demonios y tenían que obedecer.

Así quiere Dios que la palabra que usted y yo tenemos no nos la quite nadie, que esa palabra sea firme, que sea firme ante todo, ante la tentación, que sea firme porque Dios está ahí obrando y Dios te va a respaldar.

Es tan grande esa autoridad que hay en la palabra que hasta los satánicos saben y la atacan.

Es increíble, todo el mundo tiene una Biblia abierta en el salmo 91 con la página negra, la tienen como un amuleto, pero saben que ahí hay algo especial. La Biblia es para leerla.

Génesis 25: 27 - 37

“Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas.  Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob. Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura”.

Esaú despreció la bendición.

Cuántas veces despreciamos la palabra del Señor, porque me parece que es muy exagerada, nos parece, despreciamos la bendición.

Cuando nos sentimos cansados de caminar en Cristo y no venimos a nutrirnos de la palabra de Dios es cuando el enemigo viene y nos hace daño.

Satanás vino a Jesucristo cuando había una necesidad, tenía hambre, vino a Esaú cuando tenía una necesidad, tenía hambre. También viene a nosotros en esa circunstancia.

Cuando caemos en pecado cambiamos nuestra condición de hijos a mendigos y pordioseros.

Lucas 15: 28 – 32

“Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.  Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado”.

Usted no ha hecho uso de lo que Dios ya le dio, tal vez porque se cree menos y no es así.

Si nosotros siempre estamos con Dios todas las cosas son nuestras. Entonces ¿por qué no recibimos la bendición? Porque no nos la apropiamos.

Por qué el padre le devolvió todo a ese hijo prodigo, porque volvió. “El que viene a mí no sale con las manos vacías” dice el Señor, “el que viene a mí le sano las heridas, le pongo vendajes y lo cuido”.

Cuando venimos a Dios, Dios no nos da la espalada, Dios nos acoge, nos consuela, no restaura y nos abraza. Hay que venir a él. No es a una religión es a un Dios vivo, a Jesucristo el Señor.

El único que puede llenar el vacío del corazón es Jesucristo.

Tenemos un pacto Dios nos cuida, pero usted, cuide ese pacto.

Hechos 3

3: 1 – 10

“Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido”.

Hay que salir de la mendicidad porque tenemos el poder.

Pedro y Juan entraron, el mendigo no.

Nosotros entramos a la presencia de Dios cuando recibimos a Jesucristo.

El mendigo esperaba una limosna, algo material.

Pedro no tenía su mirada en lo terrenal, Pero tenía algo mejor, al Rey de reyes y Señor de señores.

En el nombre de Jesucristo levantémonos de ese estado, de esa mediocridad y posesionémonos de lo que somos, reyes y sacerdotes y con todo el poder para vencer al enemigo y para que las cadenas caigan.

Sucedió eso porque Pedro tomó la palabra en sus manos y uso ese arma con autoridad.

Muchas veces Dios con la bendición y nosotros retrocediendo, no nos quedemos ahí avancemos. Por la palabra levántese de ese estado y no es mañana es hoy.

Jesucristo nos toma de la mano y no nos suelta. Dios quiere que andemos con él.

Cuando recibimos a Jesucristo tenemos que cambiar de posición, tenemos que avanzar.

El paralitico ahí mismo ejerció lo que le dieron.

Cuando estamos fuera de la cobertura de Dios no podemos entrar a su presencia, tenemos que buscar su cobertura.

Si entramos a su presencia es para adorar.

Antes estaba mendigando y ahora alabando, fue testimonio para otros.

Eso quiere de Dios que los de afuera se asombren de lo que tenemos.


Jesucristo quiere lo mejor en nuestras vidas, dejemos que él obre. 

lunes, 27 de marzo de 2017

Paralíticos Espirituales




Juan 5: 1 – 16

“Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.  En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día. Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho. Él les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda. Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda? Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo”.

Lo primero que había allí era un estanque que contiene agua quieta, es muy importante tener esto presente, porque si fuera una fuente estaba constantemente en movimiento. Nosotros a veces simulamos aquello, somos como estanques recibimos y ahí se queda quieto, no testificamos.

Cuando el Espíritu Santo pone en nuestro corazón la necesidad de testificar y de compartir su palabra lo tenemos que hacer.

Un estanque con agua estancada, no testificamos, nos da temor dar testimonio. El agua ni siquiera se renueva.

El agua estacada se daña, tenemos que ir a la fuente y darles a los demás.

Jeremías 2: 13 – 15

“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. ¿Es Israel siervo? ¿Es esclavo? ¿Por qué ha venido a ser presa? Los cachorros del león rugieron contra él, alzaron su voz, y asolaron su tierra; quemadas están sus ciudades, sin morador”.

Dios es fuente de agua viva.

Recibimos palabras cantidad de veces, sin embargo no la retenemos, la olvidamos con frecuencia. De momento salimos maravillados, pero luego nos olvidamos.

Le damos la espalda a Dios con todo lo que Él nos ha dado. Sobre todo nuestra salvación. Jesucristo pagó por nosotros para darnos esa salvación.

¿Somos siervos o somos esclavos?

¿Soy siervo de Dios o del pecado?

Por qué ha venido a ser presa de la angustia, de la enfermedad, de lo que el enemigo nos pone.  ¿Por qué somos presa de eso?

Saquemos de nuestra vida esas cisternas rotas que hemos fabricado pues estorban en nuestras vidas.

En ese estanque había multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, con enfermedades físicas y espirituales.

Hay un desequilibrio cuando se está cojo. En nuestra parte espiritual hay mucho desequilibrio. Si tenemos equilibrio espiritual estamos bien delante de Dios. El desequilibrio viene por falta de oración y por las puertas que abrimos al pecado. Tenemos que pedirle a Dios que con el poder de su Espíritu Santo nos equilibre.

Todos tenemos ese desequilibro espiritual.

Daniel 5: 27

“Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto”.

Todos hemos sido faltos porque en nosotros hay mucha desobediencia.

Debemos buscar a Dios por lo que Él es, no por lo que nos dé o no nos dé.

Un paralítico en su cuerpo tiene una limitación sus músculos no tienen vida, no tienen movimiento.

En nuestra vida espiritual pasa lo mismo el pecado atrofia nuestra vida espiritual, hay una parálisis en nuestro espíritu.

Un ángel movía el agua y la primera persona que entraba al agua se sanaba, vivía bajo la ley. Ponía sus ojos en una cosa diferente al poder de Dios, en el movimiento del agua.

Nos pasa algo parecido venimos acá con expectativa y nos vamos con el milagro pero no con el dador de los milagros.

Nosotros tenemos que tener los ojos puestos en Jesucristo, no en un pastor ni en un profeta, ni el que hace milagros.

Lo que el Señor me puede decir por medio de unos siervos, también me lo puede decir directamente a mí.

Debemos buscar a Dios, me dé o no me dé.

Nuestra relación con Dios va mucho más allá de todo lo que se puede ver y palpar. El verdadero modelo del Espíritu es una vida de santidad permanente, no de ocho días. Una búsqueda continua de nuestro Señor Jesucristo.

Habacuc 3: 17 – 19

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.  Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar. Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerdas”.
Aquí me está diciendo que pase lo que pase, aunque yo le esté clamando a Dios por algo y no llegue yo me tengo que gozar en él. Aunque la respuesta de Dios sea negativa, con todo yo le alabaré, con todo yo le glorificaré.

“Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno”.
Job no renegó por todo lo que le pasó sino que adoró.

Démosle gloria a Dios por todo lo que Él nos ha dado. Así nos convertiremos en hombres espirituales que es lo que Dios pretende que seamos.

Romanos 8: 1 – 3

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;”
Pasamos al versículo 6
“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”
El ocuparnos de la carne nos va a dar muerte porque el pecado trae sus consecuencias.

Jesucristo es Santo y la vida que nos da es santidad. Tenemos que vivir conforme al Espíritu.
En la ley una sola persona era sana, con Jesucristo muchos pueden ser sanos, todo el que quiera venir arrepentido a los pies de Jesucristo.

Marcos 5: 33 – 34

“Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote”.

Vemos otra persona que se postra delante de Jesús,  una vez vio la sanidad. Jesús primero la salvó y después la sano. Para Dios es más importante la salvación de su alma que la sanidad de su cuerpo.

Juan 10: 10

“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

 A veces no alcanzamos las cosas porque pensamos que el poder de Dios es pequeño.

Para Jesús no importa el tiempo que llevemos de esclavos de pecado, para él lo importante es nuestra disposición para arrepentirnos.

I Samuel 4: 3

“Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos”.

Tenemos que sacar de nosotros todo apego, todo ídolo, todo lo que nos separa de Dios.

Isaías 44: 21 – 22

“Acuérdate de estas cosas, oh Jacob, e Israel, porque mi siervo eres. Yo te formé, siervo mío eres tú; Israel, no me olvides. Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí”.

Vuélvete a mí, si nos volvemos a él de todo nuestro corazón vamos a tener la bendición de Dios en todo momento.

“Mis ojos pondré en los fieles de la tierra para que estén conmigo”. Dice el Señor.

Así como al paralítico a nosotros nos pregunta ¿quieres ser sano?

El enfermo responde no tengo quien me ayude.

Responde prácticamente que para él es imposible. ¿Será que así somos nosotros?

 Para nosotros si es posible. Muchas veces aunque con nuestros labios decimos que para Dios todo es posible con nuestra actitud estamos diciendo lo contrario

Juan 15: 5

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.

Nada es nada. Separados de Jesús nada podemos hacer. Estamos conectados a Jesucristo. Si estamos conectados estamos en el lugar atrio, si estamos arraigados, estamos en el lugar santo, si estamos enraizados hemos echado raíces profundas en él y estamos en el lugar santísimo.

Isaías 55: 8

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová”.

Dios hace como quiera, en el tiempo que quiera.
Lucas 18: 27 

“Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios”.

Jesús no necesitó del estanque para sana al paralítico. Jesús nos ordena levantarnos de nuestra postración cualquiera que sea y andar en pos de Él.

Hebreos 12: 2

“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

Nuestros ojos no se ponen en un líder ni en ningún ser humano sino en Jesús.

Nuestra meta tiene que ser el fruto del Espíritu Santo.

Éxodo 14: 15

“Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen”.

Dejemos de quejarnos y marchemos, levantémonos y marchemos. 

El paralitico vio a Jesús, fue sanado y no lo conoció. Así somos nosotros a veces con nuestro testimonio, parece que no conociéramos a Jesús o lo negamos.

Jesús encontró al paralítico en el templo y le dijo: has sido sanado no peques más para que no te venga algo peor.

La postración es producto del pecado.

A la mujer del flujo de sangre le dijo Hija, vete en paz, en cambio al paralítico le dice: vete y no peques más para que no te venga algo peor, le hace una advertencia.

El paralítico le pagó a Jesús denunciándolo ante los judíos.

Levantémonos de nuestra postración y démosle la gloria a Dios.

El paralítico no tenía intención de denunciarlo sino que ante la rigidez de la ley obró. Era la transición de la ley a la gracia.

jueves, 29 de diciembre de 2016

La Necesidad

Hay que tener necesidad de saciarnos de la palabra de Dios en nuestros corazones. Cuando viene el sembrador a sembrar la palabra es necesario que esa palabra dé fruto.

Pero en muchas ocasiones nos estamos dejando arrastrar por las cosas del mundo, no nos hemos apropiado de la necesidad de tomar la palabra de Dios.

Malaquías 1: 6 – 9

“El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?  En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable.  Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos.  Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros. Pero ¿cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas? dice Jehová de los ejércitos”.

Dónde está el agradecerle a Dios todo lo que nos ha dado.

Dios acá le está hablando a un pueblo que conoce las cosas de Dios. Les está hablando a sacerdotes que ministramos delante de Dios.

Dice que estamos menospreciando las cosas de Dios, el pan de vida porque no hay la necesidad sentida.

Jeremías 32: 27

“He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?”

¿Habrá algo difícil para que Dios te dé?

Mateo 6: 25 - 34

“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”

Estas cosas son necesarias y si no es la voluntad de Dios por más que nos esforcemos no hay nada.

Dios viste los lirios y da de comer a las aves. Y dice que valemos más que ellas. Tenemos un valor enorme para Dios.

Los que buscan esas cosas son los gentiles, los del mundo,  los que no conocen al Padre. Dios quiere que tengamos primero esa necesidad de buscar las cosas de Dios.

Filipenses 4: 6

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”.

Por nada estéis afanados.

Orad en todo momento.

Mateo 7: 7-11

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? ”.

Si nosotros con nuestros errores y carencias damos cosas buenas a nuestros hijos, ahora Dios no nos va dar lo mejor a nosotros si le pedimos.

El Espíritu Santo llegó en Pentecostés porque había esa necesidad.

Lucas 18: 1 - 8

“También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.  Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”
La viuda insistió hasta que se le hizo justicia.

Dios es el dueño del oro y de la plata y nos cobija y nos protege. Nos hace justicia.

Números 13: 17 – 20

“Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte, y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso; cómo es la tierra habitada, si es buena o mala; y cómo son las ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas; y cómo es el terreno, si es fértil o estéril, si en él hay árboles o no; y esforzaos, y tomad del fruto del país. Y era el tiempo de las primeras uvas”.

Saltemos al versículo 25  - 29

“Y volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días.  Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra. Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán”.

Era verdad, pero no iba a ser fácil, pero Dios dice que de la mano de él conquistaremos lo que sea.

Versículo 30

“Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos”.

Ese espíritu de Caleb atrevido y que le creía a Dios.

No miremos el gigante sino que vamos por la bendición pues estamos apoyados por Dios.

Versículo 31 a 33

“Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos”.

Estos no quisieron ver la bendición de Dios sino que vieron el gigante.

Tomemos la posición, lo que somos en Cristo, somos reyes y sacerdotes.

Lamentaciones 3: 40 – 42

“Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová; Levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos; Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no perdonaste”.


Un corazón contrito y humillado Dios no rechaza.