jueves, 19 de marzo de 2015

Iglesia, duermes



Hace mucho que venimos escuchando que Cristo viene. Y viene por un cuerpo vivo, por una iglesia que esté preparada

Apocalipsis 3: 1 – 3

“Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti”.

Dice que viene como ladrón en la noche, pero si estamos preparados no tiene por qué sorprendernos.

Cuantos hay que dicen Cristo vive, pero no siente ese gozo del Señor. El que está en fuego está tratan de ganar almas para el cielo. 

Hay que estar vigilantes, ¿cómo que nacimos de nuevo y todavía le estamos dando entrada a la carne?

Decimos  que Satanás es un enemigo derrotado, ¿entonces qué hacemos cayendo en la derrota del enemigo? ¿Qué cristo de poder tiene usted si de tal forma obra? Tiene más poder Cristo. 

Cristo dice que el venció en la cruz a los principados y los exhibió públicamente triunfando en la cruz, entonces ¿por qué los principados están triunfando sobre nuestras vidas? Y somos nosotros, como pueblo de Dios los que tenemos que vencer al enemigo. 

Dios quiere un pueblo firme, que no vacile, que sepa esperar en Dios.

Vosotros sois el templo del Dios viviente y andaré en medio de ustedes dice el Señor. Y nosotros le estamos dando cabida al enemigo.

Si nosotros nos mantenemos en el fuego esa gloria de Dios se manifiesta en nosotros en todo momento. 

Pedimos un avivamiento y el caso ya no es pedirlo sino meternos en ese avivamiento. ¿Cómo conseguimos ese avivamiento? Con oración, con estudio de la palabra, con ayuno, con santidad, con alabanza, reuniéndonos. 

Acuérdate como Dios te consuela cuando viene a las rodillas.

Aquí venimos a recibir una palabra pura, una palabra que nos consuela, que nos enseña a vivir para Dios, una palabra que no enseña a vivir en libertad.

El Señor nos está llamando a un arrepentimiento, Iglesia, duermes. Y duermes porque éste no es el nivel de oración que quiere el Señor, él quiere un nivel superior.

La orden es velar, vigilar constantemente, vigile su manera de obrar, su manera de pensar, que nuestros pensamientos sean puros para Dios, que nuestra mente sea llena de la palabra de Dios.

Joel 2: 12

“Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento”.

Nos pide que nos convirtamos. Si recibimos a Cristo no andemos en pecado.

Nuestro corazón está dividido. Si fuera solo para el Señor viviríamos para el Señor y solo para él.

Corte con lo vejámenes de la carne, ayunemos para que el Señor quite eso.

Quitemos la idolatría, seguramente no tenemos ningún yeso, pero ¿qué hay  en nuestra vida que le está quitando el primer lugar a Dios? Tal vez ese pecado que se está idolatrando tanto. 

Dice el Señor: “convertíos con todo vuestro corazón”.

Examina mi corazón Señor, yo anhelo ser lleno del Espíritu Santo, yo te clamo en este día: limpia mi corazón
Las pequeñas zorrillas son las que dañan la viña.

Laméntese el hombre por su pecado, dice la palabra. No nos lamentemos por las finanzas, o por otra cosa, lamentémonos por el pecado.

Jeremías 6: 16

“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos”. 

El Señor le está hablando a su pueblo.

El camino que seguimos es un camino bueno, que nos va a dar sanidad, libertad y prosperidad.

Tenemos un Dios que da descanso, entonces ¿por qué nos sentimos perturbados?

Cuando nos volvemos a él de todo corazón él nos dará descanso. 

Jeremías 6: 8

“Corrígete, Jerusalén, para que no se aparte mi alma de ti, para que no te convierta en desierto, en tierra inhabitada”. 

Cuantos acá pueden estar en ese desierto, pero el Espíritu Santo de Dios hoy riega ese desierto, El Espíritu Santo hace cobra vida, nos levanta.

Mateo 26: 36 – 44

“Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?  Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras”. 

Cristo se sentía angustiado y no fue a descansar sino a orar, porque en la oración encontraba fortaleza.

Velad y orad para que no entres en tentación, vigilando y orando para no entrar en tentación.

La carne nunca va a querer orar, no va a querer leer la palabra. El espíritu sí quiere. Nosotros tenemos que doblegar la carne.

Cristo no desistió y en Getsemaní obtuvo la victoria en las rodillas. En la oración obtenemos las victorias.
A veces queremos hacer nuestra voluntad porque queremos agradar nuestra carne.

Cuando recibimos a Cristo no lo recibimos para agradarnos a nosotros mismos sino para agradarlo a él. 

Romanos 13: 11 – 14

“Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”.

Es hora de levantarnos del pecado. ¿Que usted  no es capaz?, Cristo si es capaz de sacarlo de ahí pídaselo.
Es hora de que nos convirtamos de todo corazón. 

Son tiempos de vivir para el Señor, tiempos de vivir en Santidad.

Ahora está más cerca nuestra salvación, Jesucristo está a las puertas.

A nosotros nos toca desechar las obras de las tinieblas, vistamos las armas de la luz., vistámonos del Señor.
No ande con tristezas, ni con amargura. 

No proveerás los deseos de la carne. No es el enemigo el que provee para los deseos de la carne somos nosotros. 

II Pedro 3: 10 – 14

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.  Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz”.

Debemos estar en santa y piados manera de vivir.

Apresurándonos para que Dios nos encuentre como vírgenes prudentes. 

No hay nada más terrible para el pueblo de Dios que el desánimo.

Apocalipsis 1: 3

“Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Acá venimos a escuchar palabra de Dios.

Guardar la palabra y las cosas en ellas escritas porque el tiempo está cerca.

Apocalipsis 1:10

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta”, 

Para oír la palabra tenemos que andar en el Espíritu. 

El hijo de Dios no puede cansarse porque para eso está él para darnos fuerzas. “Fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza” dice la palabra.

Si conocimos a un Cristo vivo no tenemos por qué retroceder. Él no nos ha hecho sino bien no podemos retroceder.

domingo, 15 de marzo de 2015

La niña de sus ojos



Nos damos cuenta de que Dios es nuestro Padre y le pedimos y el muchas veces nos dice que sí y otras veces nos dice que no. Pablo le pidió que le quitara un aguijón que tenía en su cuerpo y Dios no se lo quitó y le dijo: “Bástate mi gracia” y por eso Pablo no dejó de seguirlo. Siguió predicando su palabra, siguió buscándole así Dios le haya dicho que no.

Jesús en  Getsemaní le dijo: “Señor si es posible aparta de mí esta copa, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”. 

Muchas veces nosotros decimos Señor que se haga tu voluntad, pero hacemos esa voluntad de Dios quejándonos y a veces renegando. Pesamos que Dios es culpable de las cosas cuando Dios es demasiado bueno con nosotros, nos ha dado grandes bendiciones.

Dios quiere que seamos hijos obedientes y que seamos humildes delante de su presencia. Uno como padre lo que quiere es que sus hijos le honren.

Cuando nos estamos sujetando a su palabra nos estamos sujetando a Dios porque no es el hombre el que habla en este lugar, es el Espíritu Santo a través de nuestras vidas. Dios se puede valer de una piedra para hablarnos, se valió de un asno para hablarle a Balaán, se puede valer de las situaciones que suceden día tras día. 

Dios en su palabra dice que somos la niña de sus ojos. Muchas veces pensamos que estamos solos. Él está siempre con nosotros y nosotros a veces dudamos, somos incrédulos. 

Los incrédulos tiene que ser los impíos, pero en  nosotros que nos llamamos pueblo de Dios cómo puede haber incredulidad en nuestras vidas. ¿Cómo puede uno seguir a alguien con incredulidad, desconfiando de él?

Deuteronomio 32: 10

“Le halló en tierra de desierto,  en yermo de horrible soledad; lo trajo alrededor, lo instruyó, lo guardó como a la niña de su ojo”.

Está hablando del pueblo de Dios. Ahora ese pueblo de Dios somos nosotros. En todo momento Dios nos guarda.

Josué 24: 17

“porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos”.

Dios es el que nos ha guardado en todos nuestros caminos.

Dice el salmo 121 que nuestro guardián no duerme.

Nosotros sentimos en nuestro corazón que el Espíritu Santo nos habla, pero nos dejamos llevar por nuestros sentimientos y por nuestras emociones.

Las cosas de Dios hay que hacerlas con amor, no son una carga y es un deleite la presencia del Señor.

Salmo 121: 7 – 8

“Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”.

Es necesario ejercer lo que Dios nos ha dado. Oímos que hay que poner las manos y decimos sí, pero no creemos realmente porque no lo ejercemos. No hay suficiente fe para creer lo que Dios ha hecho nuestras vidas.

Salmo 91: 1 - 4

“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré.  Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad”.

Dios quiere guardar a su pueble. Bajo la sombra del Altísimo, del Omnipotente nosotros estamos seguros. Si estamos acá haciendo la obra de Dios alabándole y glorificándole por qué debemos temer. Por qué temer al hombre o por qué temer a la situación financiera.

Dice la palabra que nuestro Padre sabe qué necesidad tenemos. Dice Buscad primeramente el reino de los cielos y todas estas cosas serán añadidas. 

Salmo 127: 1

“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia”.

Si Dios no está en nuestras vidas en vano oramos, en vano alabamos, en vano predicamos su palabra. Dios es el que lo hace todo, por el poder de Dios se mueven todas las cosas en el cielo y en la tierra. Él es que guarda nuestras almas, el que edifica nuestras vidas. 

Salmo 125: 1

“Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre”.

Dios protege a los que confían en Jehová. 

La palabra del Señor es viva y eficaz y tiene poder. Dios nos ha dado poder y autoridad.

Lucas 13: 31 – 35

“Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra. Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén.  ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!  He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor”.

Jesucristo mire como llamó a Herodes. Le dijo no es en tu tiempo Herodes, no es en tu tiempo gobernante, no es en tu tiempo mundo, es en el tiempo de Dios. 

Jesucristo era respaldado por el Padre porque hacía todo lo que el Padre le decía. 

Ninguna autoridad ha sido puesta por voluntad humana, sino que los mismos gobernantes por voluntad de Dios ha sido establecida, el quita reyes, pone reyes; el desbarata la sabiduría de los sabios.

Él estaba hablado que tenía que mostrar todo lo que Dios le había mandado.

Nosotros hacemos lo mismo que Jerusalén cuando despilfarramos su palabra.

Isaías 41: 24

“He aquí que vosotros sois nada, y vuestras obras vanidad; abominación es el que os escogió”. 

Y en el 27:

“Yo soy el primero que he enseñado estas cosas a Sion, y a Jerusalén daré un mensajero de alegres nuevas. Miré, y no había ninguno; y pregunté de estas cosas, y ningún consejero hubo; les pregunté, y no respondieron palabra. He aquí, todos son vanidad, y las obras de ellos nada; viento y vanidad son sus imágenes fundidas”. 

Isaías 43: 10-13  en adelante 

“Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve.  Yo anuncié, y salvé, e hice oír, y no hubo entre vosotros dios ajeno. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios. Aun antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi mano libre. Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?”

Fuera de Jehová no hay quien salve y lo Dios hace nadie lo estorbará

Del 14 al 16 dice:

“Así dice Jehová, Redentor vuestro, el Santo de Israel: Por vosotros envié a Babilonia, e hice descender como fugitivos a todos ellos, aun a los caldeos en las naves de que se gloriaban. Yo Jehová, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey.  Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas;” 

¿Se nos olvidó que él abrió camino en el mar, que él abrió camino en nuestras vidas?
Del 17 al 19 dice

“el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados. No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas.  He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”. 

El hace cosas nuevas en nuestras vidas, otra vez abrirá caminos, si lo hizo ayer lo hace hoy.
No hay Dios fuera de él dice el Señor. 

Dice la palabra que Dios reta los falsos dioses.

I Samuel 5: 1 – 5

“Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod. Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón. Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar.  Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente. Por esta causa los sacerdotes de Dagón y todos los que entran en el templo de Dagón no pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta hoy”. 

El arca tiene la presencia de Dios. 

No tienen poder ni autoridad, ningún demonio, ningún idolo.

Dios es Señor de Señores.

Sin embargo los filisteos siguieron adorando el mismo ídolo.

Josué 24: 19 – 20

“Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien”. 

Después de que ha hecho bien si se vuelve a otros dioses entonces hará mal.

I Reyes 18: 20 – 40 (leerlo)

A cuántos Dios ha dado palabra y promesas en este lugar. 

L a palabra dice que Dios avergonzó a los profetas de Baal 

II Reyes 19: 1 – 3

“Cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestidos y se cubrió de cilicio, y entró en la casa de Jehová. Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz, para que le dijesen: Así ha dicho Ezequías: Este día es día de angustia, de reprensión y de blasfemia; porque los hijos están a punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas”. 

Cuando vienen esas amenazas esas murmuraciones el pueblo de Dios puede quedar sin fuerzas, pero Ezequías no se quedó renegando.

En el 16 al 18 dice:

“Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras;  y que echaron al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y por eso los destruyeron”. 

Ese rey estaba debilitando o tratando de debilitar el corazón de Ezequías.

En el 19 dice:

“Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios”. 

Y el 32 dice:

“Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo. Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos”. 

Jehová peleó por el pueblo. Cuando Saulo asolaba al pueblo de Dios. Dios peleó por el pueblo y lo tumbo del caballo. 

El que se le presentó fue el mismo Jesucristo y le dijo: “Saulo, ¿por qué me persigues? Dios es el que pelea por nosotros porque somos la niña de sus ojos.

Cuántas veces Dios tumba del caballo a aquellos que se levantan contra el pueblo de Dios.

Cuando Pablo predicaba la palabra, muchos cristianos le tenían miedo porque no creía que él se había convertido y ni que había tenido un encuentro con Jesucristo. Pero Pablo dio frutos dignos  de arrepentimiento y ellos pudieron ver que predicaba la Palabra y que era verdad que él había tenido un encuentro con Jesucristo y estaba siendo un verdadero hijo de Dios.

Dios se levanta en momentos de prueba y de tribulación en nuestras vidas para demostrar todo su poder.

Mateo 5; 10 – 12

“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.

Estamos esperando ese galardón. Debemos hacer para apuntarle a ese galardón. De dos opciones podemos tomar solo una: O seguir a Jesucristo o negarle.

Yo tomo la decisión en este día de seguir a Jesucristo, de seguir a Jehová, el Dios que ha estado conmigo en todo momento, que me ha sostenido, que me ha consolado, que me ha sanado.

Lucas 16: 19 – 31

“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”.

Alzó los ojos en el Hades ya cuando no había nada que hacer. 

Dios no es un Dios injusto, este hombre llegó allí, pero seguramente había oído la palabra.

No podemos seguir a dos señores, servir a Dios y a la incredulidad, a Dios y la soberbia. 

Cuanta palabra hemos recibido en nuestro corazón, no tenemos excusa. La palabra de Dios es predicada en todo el mundo, prensa, radio televisión, cine e internet. 

Conocemos de los profetas porque están en la Palabra, en ésta está la vida. Si nosotros no creemos a la palabra, muchos vendrán por el milagro y se irán con el milagro, pero se olvidarán del Dios de los milagros.

La palabra tiene poder, Jesucristo es el camino, la verdad y la vida, no tenemos excusa. El milagro es la vida eterna. 

He visto la mano de Dios en todo este tiempo, he visto la sanidad, he visto la provisión.

Mateo 10: 28 – 33

“Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.

A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.

Ay de nosotros que hemos oído tanta palabra si no enderezamos el camino. Los milagros de Dios en nuestras vidas deben traer arrepentimiento.

viernes, 13 de marzo de 2015

La preeminencia del amor



El privilegio del amor que nosotros debemos preferir. 

I corintios 12: 27  31

“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.  Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros?  ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?  Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente”.

Dios nos puso para ayudar y servir a su pueblo. Cada uno de nosotros somos diferentes y tenemos que valorar y cuidar lo que Dios nos ha dado. Como en el cuerpo, cuando duele una uña desestabiliza todo el cuerpo, vemos que lo más insignificante del cuerpo, nos quita el sueño. En el cuerpo del Cristo, que es la Iglesia, la persona que se siente más pequeña es valiosa para el Señor.

Cuando un miembro duele en el cuerpo todo el cuerpo está afectado. No debemos ser indiferentes al gozo o al dolor de un hermano. Cuando una persona se goza no debemos envidiar lo que esa persona tiene sino gozarnos con esa persona. 

Los dones y los talentos que Dios nos ha dado son para servir, son para ministrar a otros, no son para que nosotros obtengamos reconocimiento porque el protagonista es Jesucristo que está detrás de nuestras vidas.
Cristo se quiere mostrar a través de cada uno de nosotros.

Ese camino más excelente tiene un nombre y se llama Jesucristo, él dijo en Juan 14: 6: “yo soy el camino la verdad y la vida y nadie va al Padre sino por mí”. El único camino para ir al Padre es Jesucristo que murió en la Cruz y nos redimió de todos nuestros pecados y por él tenemos salvación y vida eterna.

La luz es Jesucristo y Satanás nunca estará por encima de Jesucristo. 

Jesucristo murió en la cruz del Calvario y nos ha dado poder y autoridad sobre toda fuerza del enemigo. 

Jesucristo dice que él es la verdad, solo la verdad. En él no hay engaño ni mentira. Él es el único Dios verdadero, el Dios en que creía Daniel, el Dios en el que creía Elías, El Dios en el que creía los discípulos y por el cual fueron perseguidos, pisoteados y metidos en cárceles. 

Muchas veces pensamos: “Dios libró a Daniel, ¡qué bendición!” Y tenemos esto como cuento o como fábula y como si no pudiera suceder hoy. Nosotros vivimos en nuestra vida real esas situaciones de las cuevas de los leones, en esos hornos de fuego donde se levantan contra el pueblo de Dios, donde hay pruebas y enfermedades y muchas cosas, pero así como Daniel confió en Dios y Dios lo libró y mandó su ángel, Dios también ha prometido librarnos a nosotros, a aquellos que confiamos en él, que vivimos para él.

Dice la palabra de Dios en Juan 3:16 “De tal manera Dios amo al mundo”. Amó a cada uno de nosotros. 

“De tal manera...”, no alcanzamos a dimensionar el amor de Dios, de tal manera que entregó esa oveja, ese cordero que no había hecho nada malo, Jesucristo estaba en los cielos, lleno de gloria y de majestad, tenía ángeles que le adoraban y le servían, calles de oro, mar de cristal; qué necesidad tenía de venir a humillarse en la tierra, a aparecer como siervo, a lavar los pies de los discípulos, a estar entre los mendigos, entre los leprosos.

Jesucristo nos ama de tal manera que se dio por entero entregó su vida. Dice la palabra de Dios que nadie da más amor que el que da la vida por sus amigos.

En la tierra se sueña con superhéroes, con el que viene a salvar la tierra, pero nadie habla de Jesucristo que es el superhéroe, el Dios todo poderoso, pero ninguno da su vida, ni el mismo Satanás entregó su vida por amor a sus siervos porque en él no hay misericordia, no hay amor ni compasión.

Jesucristo es el Verbo de Dios que dio su vida por nosotros y decía a los fariseos: “hipócritas que dicen, pero no hacen. Jesucristo dijo e hizo, todo lo que predicaba lo hacía.

Jesús no vino a dar cosas materiales porque él tenía un camino más excelente y es nuestra alma. Dios dice en su palabra que dio a su hijo Jesucristo para todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Somos nosotros los que tomamos la decisión de creer  o no en Jesucristo. 

Dice la palabra de  Dios que la luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz.

Jesucristo dijo: “si el mundo os aborrece sabed que a mí me han aborrecido primero”. A Jesucristo lo aborrecieron porque  predicaba palabra de vida eterna. Él decía yo soy el pan de vida y por eso le aborrecían.

La palabra Dios dice que el que ama a Dios su palabra guardará. Es el que guarda su palabra, no el que va a la iglesia, ni el que hace muchas buenas obras por el prójimo. Dice la palabra de Dios que hay que amar a Dios con toda tu alma, con todo tu corazón. Esto es lo que debe cumplirse y luego vendrán esas buenas obras.

I Juna 4: 8 – 19 (leerlo)

Dice Juan que Dios es amor y que el perfecto amor echa fuera el temor, cuando vienen las circunstancias y las pruebas ese amor se tiene que perfeccionar en nuestras vidas.

Dice que ese amor es el que se tiene que perfeccionar en nuestras vidas porque es fuego de amor es el que nos ayuda a pasar las pruebas.

Dios estuvo con Daniel en el foso de los leones. Por esto Darío dijo hay que temer al Dios que sirve Daniel. Mire lo que es un testimonio y ser fieles a Dios. 

El hacer la voluntad de Dios trae grandes recompensas y galardones. Tenemos que permitir que Dios nos moldee.

Efesios 3: 14 – 21

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,  para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,  seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,  y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.  Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén”.

Que sea fortalecido el hombre interior por su Espíritu para que podamos conocer el amor de Dios que excede todo conocimiento.

¿Será que nosotros amamos de esa manera?

Seguramente conociste muchos amores en tu vida, pero cuando Cristo llegó a tu vida todo eso cambió y empezaste a aferrarte a él. Empezaste a decirle: “Señor gracias porque nadie me ha amado como tú me has amado”. Ni el amor de los padres, ni el de los hijos puede llenar el corazón del hombres, solo Dios ha amado de esa manera, con esa entrega.

Dios nos amó sin nosotros merecer ese amor. Cuántas veces nos vamos de su presencia, cuántas veces lo rechazamos y no le creemos.

Hay dos opciones: o dejarlo todo por Cristo o negarlo a él. Y lo negamos cuando no le creemos, cuanto pecamos. 

I Corintios 13

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;  no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;  mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.  Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.  Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.  Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”.

Cuantos han estado arriba y Dios los ha utilizado y ellos han dejado a Dios, y para que Dios los vuelva a utilizar se necesita la misericordia de Dios.

Nos hemos conformado porque tenemos un buen empleo, una buena familia, la provisión. ¿Pero qué de las almas, qué de lo que Dios nos ha mandado a hacer?

Al principio era todo el tiempo leyendo la palabra y entregados a Dios. Hay que volver a ese primer amor.
Usted ama mucho a sus hijos, pero Jesucristo los ama más que usted y ellos están en las manos de Dios. 

Dios ha guardado nuestros hijos porque hay poder en la oración eficaz de justo. Es una oración con fe.

Qué bueno que nuestro Padre celestial se sienta orgulloso de nosotros como nos sentimos a veces de nuestros hijos.

Si la fe es muy grande y no hay amor nada se hace. 

Cuánto nos cuesta servir a aquellos que no nos caen bien. 

Que todo lo que hagamos sea como para el Señor y no como para los hombres.

El amor es sufrido. Todos quieren la medalla, pero cuantos quiere pagar el precio. El amor cuesta sacrificio.

Cuántas veces hemos clamado con lágrimas y Dios ha respondido. Dios nos ha dado respuestas a cada uno de nosotros.

Jesucristo se quedó otro tiempo después de que le dijeron que su amigo estaba enfermo. A nosotros nos dicen lo mismo usted no ora tanto, Jesucristo lo abandonó y no es así. Él no nos abandona.

A Lázaro lo saco de la muerte. A nosotros nos bendice siempre.

El amor es benigno. Jesucristo siempre hizo bien a su prójimo.

El amor no hace nada indebido. Nada indebido.

David no estaba pensando en Urías, en qué Urías era su siervo fiel. David se estaba dejando llevar por la codicia, por tener el placer. 

Por un momento los hombres pierden sus hogares, porque estamos codiciando lo que Dios no nos dio.
Si no estamos firmes resbalamos. 

Cuanto estamos confiados en el Señor, él nos guarda, pero cuántas veces estamos confiados en nosotros mismos. La palabra dice el que esté firme mire que no caiga.

Debemos estar siempre con temor y temblor delante de su presencia, sabiendo que el que hace todas las cosas es él.

I Reyes 3: 16 – 28

“En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él.  Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa. Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa. Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él. Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto. Y cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz. Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey. 

El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada. En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra.  Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo. 

Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre.  Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar”.

Se necesitaba mucho discernimiento cuando estas mujeres llegaron ante el Rey.

Recuerde que la espada tipifica la palabra de Dios. 

El verdadero amor se demuestra.

Volviendo a I Corintios 13 dice

Que el amor no se irrita. Y nosotros nos irritamos tan fácilmente. Muchas veces fallamos en esto, entonces el amor de Dios no se ha perfeccionado en nuestras vidas. 

Dice la Escritura que la palabra sabia apaga el fuego, que la palabra sabia apaga toda contienda. 

El amor no guarda rencor, para nosotros ser perdonados debemos perdonar. Tenemos que perdonar de todo corazón. 

El amor se demuestra en medio de las pruebas. Es necesario perdonar para que las bendiciones de Dios estén en nuestras vidas. 

Jesucristo cada momento nos perdona. Dice que echa nuestros pecados en el fondo del mar y no se acuerda nunca de ellos. 

Si se puede recuperar la confianza en el hermano cuando se está  en Dios. Que recuperemos la confianza los unos en los otros.

Realmente Dios está restaurando, realmente Dios te puede cambiar, puede traer un cambio en tu vida.
Daniel era un hombre justo y había una verdad que nadie le podía arrebatar. ¿Si somos justos  en todas las cosas?

David era justo y repartía equidad. Nosotros somos justos cuando tenemos  a Cristo reinando en nuestras vidas.

Confía en él y él hará.

Dios hablo de una llenura, de un avivamiento en este lugar, levántate y resplandece.
Somos la niña de los ojos de Dios.

El amor todo lo soporta, el amor nos lleva a soportar tantas cosas.

Tal vez viniste hoy  con ganas de tirar la toalla, pero ¿si has soportado tantas cosas vas a tirar la toalla? ¿Vas a entregar? Jesucristo llegó hasta el final.

Pablo perseguía el pueblo de Dios y el que defendió ese pueblo fue Jesucristo que le dijo: ¿Saulo por qué me persigues?”

 Y pablo después de que recibió a Cristo dijo lo siguiente

Filipenses 3: 8

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,”

Todo lo daba por Cristo, por amor a él Pablo lo perdió todo. 

Ese amor nos impulsa a seguir adelante. Luchar por ese ministerio que Dios me  dio. La bendición que Dios me dio, me las dio Dios y no el hombre.