jueves, 18 de junio de 2015

Cisternas Rotas



Las cisternas rotas no retiene el agua, así estamos nosotros no retenemos la palabra que Dios nos da, como la palabra es viva, en nosotros deberían correr ríos de agua viva.

Tenemos comezón de oír y no hemos abierto nuestro corazón. Hay que abrir el corazón en todo momento.

Jeremías 2: 13

“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”.

Hemos dejado las cosas de Dios. Nos hemos alejado de Dios, creemos que por venir acá estamos con Dios pero no, Dios escudriña nuestros corazones, debemos venir acá pero con un corazón dispuesto. Dios dice que el que se humilla ante él, él lo exalta.

No hemos retenido el agua.

En las bodas de Canaán faltó el vino. Nosotros en todo momento venimos a una fiesta, a unas bodas, a presentarnos delante del Rey, ¿dónde está nuestro vino? ¿Le hemos permitido a Dios que convierta esa agua en vino?

En esas bodas estaba faltando el vino y Jesús dijo: llenad las tinajas de agua. Y él convirtió el agua en vino. ¿Nosotros estamos llenado esas tinajas de la palabra de Dios,  para que  él convierta esa aguan en vino, esa palabra en la unción de Dios? Esta palabra se tiene que convertir en vino, en la unción, en la presencia del Espíritu Santo. 

Venimos a esta fiesta para que el agua se convierta en vino, para que la unción de Dios sea derramada sobre nosotros. 

¿Dónde están aquellos hombres valientes, esforzados que quieren en todo momento agradar a Dios.
La palabra es para todos, en el Antiguo Testamento el Espíritu Santo venía, pero ahora nosotros lo tenemos en nuestro corazón.  Hay que permitir que el agua se convierta en vino, pero nuestra incredulidad no lo permite.

Isaías 55: 1 – 3

“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.  ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura.  Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David”.

Dios nos está invitando a todos los sedientos, a los que tienen hambre y sed de su presencia. ¿Dónde están aquellos que tienen esa hambre de Dios?, esa sede de que Dios cambie sus vidas. Dios no llama a los saciados sino a los que tienen hambre y sed de su presencia. 

Tenemos muchas veces más hambre y sed de otras cosas del mundo que de Dios.

Tenemos que tener a Dios en todo momento en nuestro corazón. El enemigo sabe que le queda tanto tiempo. 

A veces ponemos más atención a las cargas que el enemigo pone, que a las promesas de Dios.

No nos dejemos robar la bendición, hay poco tiempo, Dios toma control de todo. Dios se encarga de todo dediquémonos a sus cosas. Hay que declarar la palabra.

No es tiempo de sacar excusas para las cosas de Dios, esforcémonos.

Dios dice: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta porque el camino ancho es el que lleva a la perdición. 

Dios no está invitando a esas cosas espirituales y maravillosas que él tiene para nosotros. Es muy poco de lo que hemos saboreado de lo que Dios tiene para nosotros, él tiene para nosotros cosas grandes y poderosas.
¿Dónde están los ministerios que Dios ha dado, dónde están, han puesto por práctica lo que Dios les ha dado? ¿Cuántas almas han ganado para Dios?

Allá afuera hay almas que se están yendo a los infiernos porque no hay quien les hable, no hay quien les predique. ¿Dónde están los evangelistas, los pastores, los profetas, esos que  Dios les ha dado ministerio?

Ya Dios dio muchas cosas, pero somos nosotros que no hemos permitido que esa agua se convierta en vino.
Lo que Dios da, él no lo quita. Somos nosotros los que dejamos apagar lo que Dios nos ha dado.

Muchas veces ante un enfermo tenemos temor y ese temor no nos deja actuar, no nos deja imponerle las manos para que se sane.

Hay echar afuera el temor. Pecado es no hacer la voluntad de Dios, no creerle a Dios cuando él dijo que nos había dado tantas cosas. 

Lucas 13: 6-9

“Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló.  Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? El entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone.  Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después”.

¿Cuántos años llevamos en el Evangelio y Dios viene a buscar un fruto en nosotros y no lo hemos dado? Hay que trabajar para dar el fruto. 

Hay que creerle a Dios en todo momento, no podemos ser de los que entran y salen. 

El Espíritu Santo le dice al Padre, deja que yo haga la obra en esta persona y si no la cortarás.

Dios dice que en el último tiempo separará el trigo de la cizaña. ¿Qué somos trigo o cizaña?

Mucho tiempo lleva Dios buscando fruto en cada uno de nosotros.

Sofonías 1: 12

“Acontecerá en aquel tiempo que yo escudriñaré a Jerusalén con linterna, y castigaré a los hombres que reposan tranquilos como el vino asentado, los cuales dicen en su corazón: Jehová ni hará bien ni hará mal”.

Si nos quedamos quietos el Espíritu Santo no actúa en nosotros. 

Proverbios 6: 6-11

“Ve a la hormiga, oh perezoso,  mira sus caminos, y sé sabio;  la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?  Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado”.

Nosotros, ¿qué hemos recogido para cuando llegue la adversidad? ¿No está nuestra palabra escrita en nuestros corazones para declararla cuando llegue la dificultad? 

Si seguimos así, va a venir el enemigo y no vamos a estar armados, no vamos a tener le palabra viva.
Dios nos trajo a este lugar a levantarnos, a restaurar nuestras vidas, a ser diferentes. 

Dios por su misericordia nos escogió, a los que quieran su unción Dios la da. Permitámosle a Dios que nos cambie. 

Al que no quiere avivarse en este lugar, Dios traerá a otras personas, pero habrá avivamiento. Que no seamos como esas vírgenes insensatas que no pudieron entrar a las bodas.
Viene tiempos peligrosos, tiempos duros y no vamos a soportar si no tenemos la palabra viva en nosotros, no vamos a soportar si no tenemos esa fe. 

Pueblo, ¡despiértate!, despiértate tú que duermes.

La medida que tenemos no es la que Dios quiere que tengamos.

Salmos 119: 1 – 3

“Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan; pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos”.

Dios dice que sus mandamientos no son gravosos. Nosotros somos los que hacemos el camino duro porque no queremos despojarnos del viejo hombre, no queremos que Dios haga la voluntad de él en nosotros.

A veces oramos camino al trabajo, no nos levantamos temprano para hacerlo, estamos dándole migajas a Dios, cuando a Dios hay que darle lo excelente.

Ezequiel 47: 3-5

“Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos.  Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado”.

¿Dónde está tu medida en la fe? ¿Dónde está nuestra medida de oración? ¿Dónde hemos entrado al atrio, al lugar  santo o al santísimo?

Dios dice que de nuestro interior correrán ríos de agua viva. La palabra tiene promesas y demandas, pero más son las promesas que las demandas. 

Dios demanda amarlo a él sobre todas las cosas y amar al prójimo como a ti mismo. Si cumples estos dos requisitos esas promesas son para ti. Dios nos ha dicho que pondremos las manos sobre los enfermo y sanarán.  Dios nos ha dicho que lo que pidiéremos orando lo recibiremos. ¿Por qué no dejamos que eso se cumpla en nuestras vidas?

La mies es mucha pero los obreros son pocos.

Apocalipsis 2: 25 - 29

“pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.  Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,  y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre; y le daré la estrella de la mañana.  El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

No te dejes quitar tu galardón

Tendremos autoridad sobre las naciones.

Al que venciere.

sábado, 13 de junio de 2015

Controversia



Dios le mostró a su siervo en una visión el grupo de oración en que estamos y Dios empezó a profetizar y mientras profetizaba los del grupo entraban y salían en una irreverencia con Dios. Dios luego le muestra una cantidad de denominaciones más grandes y también hacían lo mismo. 

Dios dice: “Mi pueblo no ha podido ser bendecido porque entran y salen”. Dios por la actitud de su pueblo no está agradado y por eso esta palabra se titula Controversia.

Estamos esperando cosas grandes, pero no hemos dispuesto nuestros corazones totalmente para Dios.

En Santiago 1 versículo 2 dice que tened por sumo gozo y eso no es fácil, pero los apóstoles lo lograban, en la cárcel y azotados, pero en la noche glorificaban a Dios con zumo gozo y lo hacían porque entregaban sus cargas al Señor, pues la escritura dice “venid a mí los que estáis trabajados y cargados que yo os haré descansar”. Pongamos pues nuestras cargas en el Señor para poder estar siempre en Zumo gozo.

Dios está controvirtiendo con nosotros en el sentido que estamos entrando y saliendo: un tiempo le creemos y otro tiempo no le creemos. Es tiempo de afirmarnos porque tenemos irreverencia con las  cosas de Dios y se refleja en muchas cosas: en la llegada tarde, en que deja ir su pensamiento para otra parte, en el deseo de irse rápido.

Mateo 44: 16 – 19

“Mas ¿a qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros, diciendo: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos”.

Ni por este ministerio, ni por este otro; ni por este vaso, ni por este otro. No nos sirve ya ningún vaso. De pronto te emocionas con un vaso que te gusta, pero con el vaso que no te gusta cierras tu corazón. Lo más tremendo es que por el vaso que a usted más le choca, por ese vaso es que Dios le está hablando. 

Dios viene aquí con palabras de avivamiento, de edificación, de consolación: arriba pueblo y nos sentimos gozosos, lloramos, y lo hacemos de corazón: pero luego nos vamos y perdemos la palabra, se nos olvida. Viene la situación y digo: “lo que allá dijeron fue que mi pintaron pajaritos, pero y aquí veo la misma cosa”.  No haga eso sino que permanezca creyéndole a Dios. 

Viene un ministerio fuerte, de pura profecía, de confrontación y tampoco andan. Ni por lo uno ni por lo otro, Como el muchacho rebelde. Le dan una pela y no le sirve, le dan incentivos para ver si sigue adelante y tampoco. 

Es una lucha venir a alabar a Dios a este grupo de oración, porque en verdad la carne no quiere, pero la carne se tiene que someter por el poder del Espíritu Santo, pero ante un pueblo que está entrando y saliendo a qué horas va a someter la carne. 

Dios dice: si tienen la salvación, si tienen mi bendición, si tiene el aval del cielo, ¿por qué están entrando y saliendo?

En este grupo de oración la palabra es muy pura para que usted esté entre y salga. No,  de una vez afínese con Dios. 

Vino un profeta austero y no le creyeron y vino Cristo que se identificó con el pueblo y lo acompañaba y tampoco le creyeron. 

Fueron dos ministerios el de profeta en Juan el Bautista y el de Jesucristo que aunque tenía los cinco ministerios, se presentaba como un evangelista. 

Todos los ministerios son muy importantes, pero ojo con los profetas, pero ojo también con los que están profetizando a toda hora en sus fuerzas y no por el Espíritu Santo.

Jesucristo es la roca y apóstoles y profetas sostiene la iglesia.

Dios trae palabras muy duras a través de los profetas, a los otros ministerios pastores, maestros, evangelistas Dios los utiliza en aspectos muy hermosos, pero en palabras más suaves. 

Dios está en controversia hoy, está polemizando con nosotros, está diciendo: “eso no me gusta, que un pueblo esté entrando y saliendo”. Debíamos estar todos unidos, todos en la estatura de Jesucristo y solo hay un remanente, unos pocos. No digo que todos perfectos, pero si todos en una disposición bien linda con Dios. Si tan solo se quedaran quietos Dios nos puede bendecir más fácilmente. Dios nos quiere quietos en su palabra, en la sana doctrina, firmes con él. 

En este tiempo todo el planeta está bajo juicio, solamente los redimidos, los benditos de Yahvé Dios tenemos una cobertura especial. Recuerde Apocalipsis  3: 10: “yo te guardaré del día de la prueba”, pero no podemos seguir entrando y saliendo. Por favor pueblo afírmense con Dios para que tengan la bendición. Porque no está disfrutando siquiera el olor de la envoltura de la bendición de Dios. ¿Cómo será usted disfrutando de todo lo que Dios tiene envuelto para usted? Esa envoltura la ha hecho usted mismo por entra y salir.

Se podría pensar que Dios está en controversia por pecados que a nuestro parecer son graves como el adulterio, o consultar agoreros o algunos otros de este calibre, pero no, Dios está en controversia con nosotros por la maldita incredulidad. Por eso usted está entrando y saliendo, no le está creyendo a Dios. 

Cuando sale de este lugar sale con una palabra, pero llega la situación y la deja encaramar y lo aplasta.

Es tiempo de creerle a Dios. El que sabe hacer lo bueno y no lo hace le es contado por pecado y el que muere en pecado a los infiernos se va; la paga del pecado es la muerte.  Por eso no podemos ver las bendiciones de la vida que está en Jesucristo, sus buenas promesas porque no estamos parados en su demanda que es creerle. 

Esa última parte: “pero la sabiduría es justificada por sus hijos”. Ese remanente son sus hijos y Dios está justificando su palabra por ese remanente. Ese remanente avergüenza multitudes porque a pesar de todo permanecen ahí. 

Dios habla a través de profetas, apóstoles, evangelistas, maestros, pastores e inclusive a través de los que aún no tienen ministerio y siguen en esa inestabilidad, eso es pecado y hoy nos tenemos que arrepentir de todo corazón. O estamos o no estamos. 

Estamos en vísperas del arrebatamiento, que no sean tres o cuatro personas no más que se van. 

Es muy humano dudar, pero la dudad debe ser disipada por la palabra de Dios que genera fe. Entonces dónde ha estado nuestro corazón con tanta bendita palabra de Dios. Dónde ha estado tu corazón, iglesia, cuando Dios nos ha traído tanta palabra.

Nos estamos perdiendo muchas cosas, sobre todo la llenura del Espíritu Santo.

Dios está en controversia con su iglesia hoy y es con todos. 

¿Por qué no nos quedamos quietos? Parados en la roca en su palabra, es que Papá dijo esto y si Papá dijo esto no le creo a las circunstancias, porque mi papito Dios, Yahvé de los ejércitos lo dijo. 

Esa expresión tan linda de los profetas Eliseo y Elías: “vive Yahvé mi Dios en cuya presencia estoy”.

Y lo que menos tenemos nosotros durante la semana es la presencia de Dios, nos embarcamos en unos problemas y les damos una dimensión que Dios no les da. Los vemos grandes y Dios los ve pequeñitos, pero como no estamos en la presencia de Dios. 

Dios demanda de su pueblo es que le crea.

Dios me ha dicho esto en lo económico, me ha dicho esto en lo emocional, me ha dicho esto en lo espiritual,  y yo me paro en esa palabra, mejor dicho saco la conclusión: yo soy un bendecido para siempre en Cristo Jesús. 

Apocalipsis 3: 14 – 16

“escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!  Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”.

El contexto de esta iglesia era que tenían todo y eran muchos, pero esto no es por número es por hombres y mujeres que se han dejado transformar por el poder del Espíritu Santo.

El remanente no está vomitado, los demás sí. Por nuestra incredulidad producimos náuseas y somos vomitados.

Mientras alabábamos pensaba que esta palabra que traía hoy era muy fuerte y quería que fuera otra más suave. Pero esto es lo que Dios quiero y espero que ustedes no rechacen lo que Dios trae hoy.

Dios está en controversia con nosotros, así no podemos seguir.

Apocalipsis 3: 19 – 22

“Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

El Espíritu Santo nos insta a arrepentirnos. Le está hablando a Laodicea, una iglesia conocedora de Dios y nosotros también conocemos y sí que conocemos, hemos visto sus milagros, no hemos visto más porque a nosotros no se nos ha dado la gana. Dios ha esperado paciente y nosotros todos parcos. 

Dios al que ama disciplina. El que no haga caso a esta palabra va a sentir el castigo de Dios.

Si usted dice: “yo con esta situación, más castigo entonces va a acabar conmigo”. Si usted así piensa, usted es un soberbio. En lugar de responder de esta manera que es soberbia y poco elegante delante de Dios, la respuesta debe ser: “Dios mí si perdóname en el nombre de Jesucristo, perdona mi salir y mi entrar, con esta palabra estas llamando a tu pueblo”. 

El libro de Job tiene 42 capítulos, en los primeros 37 capítulos Job y sus amigos son haciéndo reclamos y la gran mayoría son reclamos a Dios. En dos capítulos Dios hace preguntas a Job y lo baja de la nube y ya el 40 al 42 es la conclusión. Con solo dos capítulos tuvo Dios para desbaratar 37 de argumentos humanos.

Usted puede decir: “Dios mío, pero cómo así que controversia conmigo si yo de todas maneras te  sigo”. Sus oraciones no han sido eficaces porque han sido sin fe, entrando y saliendo. ¿Cree que es venir hasta acá solamente?, es venir hasta acá a arrebatar y después de que arrebate es permanecer en la palabra y cuando lleguen las circunstancias adversas reprender al diablo en el nombre de Jesucristo. Recordar que Dios me ha dicho que soy un bendito para siempre y empezar a declarar la palabra y las circunstancias adversas tienen que desaparecer. 

Yo sé que mi redentor vive. 

Hasta cuándo, dice el Espíritu Santo, les tengo que rogar que citen la palabra, que se paren en ella. Son mis benditos, mis redimidos. Por eso el Espíritu Santo puede hablarnos así. 

Bendito sea el Dios de Israel. 

En el 20 dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.

Lamentable que Dios en su controversia con nosotros hoy traiga esta palabra, porque Dios está diciéndonos que le abramos nuestro corazón hoy, eso significa que hay algunos aquí que parece que no los hubieran elegido, están en plena mañana y están durmiendo. Nos vamos acercando al medio día de Dios, las bendiciones de Dios, el rapto de Dios, nuestro Señor Jesucristo que viene en las nubes y el pueblo durmiendo. Lo que Dios quiere es que despertemos. 

Nos está preguntando: ¿qué pasó con la intimidad? Este versículo habla de la intimidad con Dios. Aquí por un momento la sentimos, pero Dios quiere que sea siempre, día  y noche.

Sigue diciendo: “al que venciere…” a partir de hoy hay que vencer la incredulidad.

Estar sentado en el trono de Dios es estar en la bendición integral de Dios y para eso hay una demanda, hay que vencer esa maldita incredulidad, hay que vencerla hoy. 

A Josué le do que nunca se apartará de tu boca este libro de la ley y “lo meditarás de día y de noche y en todo te irá muy bien”.

Agarre esto definitivamente, Dios está en controversia con nosotros, agarre esta palabra porque es definitivo hacerlo. 

O creemos o no nos va bien. 

Separados de Jesucristo, separados de su palabra, del Verbo de Dios nada podemos hacer. 

Saquen toda zorrilla, todo pecado, pequeño, mediano, grande. 

Para oir las cosas de Dios los que tienen los oídos somos sus redimidos.

I Corintios 16: 9

“porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios”.

La puerta es Jesucristo y se abrió porque le creímos a Dios, grande para la salvación y eficaz para que todas las cosas en la tierra me vaya bien.

Dios es un Dios de amplitud y abundancia.

Pero hay muchos adversarios que son Satanás y sus demonios.

Se está predicando está palabra y la mayoría tienen el corazón abierto como Dios me lo está mostrando. La controversia está llegando a lo más profundo de sus corazones, entonces, el adversario no se va a quedar quieto. 

No pongas la mirada en la adversidad, pon la mirada en el que abrió la puerta que es Jesucristo para siempre. Pon la mirada en esa puerta que es amplia y es eficaz. Ese es nuestro Señor y salvador Jesucristo. Bendito sea el Dios de Israel. Gloria a Jesucristo.

No importan las adversidades y le vamos a decir el Verbo de Dios, la Palabra de Dios dice esto y esto.

Saltemos a los versículos 13 y 14

“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor”.

Esforzaos porque yo haré todo. De ustedes la disposición mía la victoria dice el Señor. 

Aquí estamos por el amor ágape, el amor incondicional. Usted y yo seguimos a Dios por lo que es no por lo que nos pueda dar. Si cantamos una alabanza lo hacemos con amor, yo para traer esta predicación tan hermosa donde el Espíritu Santo me está utilizando, lo estoy haciendo con amor. El espíritu Santo nos está hablando. 

Dile a Dios: “Señor yo lo hago para ti porque tú me has dado la vida, la inteligencia, los talentos, todo me lo has dado y te doy gracias. Ya no quiero controvertir más contigo, ya no quiero entrar más en polémica, en litigio contigo, a partir de hoy te voy a creer definitivamente”. Dígaselo ahí en su corazón. 

Dios actúa por fe y nos movemos en esa fe en el unigénito hijo de Dios.

Josué 3: 1 – 7

“Josué se levantó de mañana, y él y todos los hijos de Israel partieron de Sitim y vinieron hasta el Jordán, y reposaron allí antes de pasarlo. Y después de tres días, los oficiales recorrieron el campamento, y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando veáis el arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y los levitas sacerdotes que la llevan, vosotros saldréis de vuestro lugar y marcharéis en pos de ella, a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir; por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino. Pero entre vosotros y ella haya distancia como de dos mil codos; no os acercaréis a ella. Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros. Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo. Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo”.

Se levantó en la mañana las primicias para Dios. En la mañana preséntele todo a Dios.

Josué no pecó por incredulidad y no estuvo en controversia con Dios por incredulidad. Josué estaba en un menor pacto que nosotros que estamos en un pacto perfecto, que es en la sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Por lo que Josué nos lleva mucha distancia. Obramos muy mal al no creerle a Dios. 

Esta palabra no es para condenación sino para salvación, para levantar lo que está caído y eso, yo el primero, porque aquí nadie es más que nadie, aquí el Espíritu Santo por medio de cualquier vaso nos enseña a todos.

Jesucristo se levantó por nosotros y él levantado en gloria, sus hijos, su estirpe es levantada en gloria hoy. El día es hoy para ser levantados en gloria.

El Jordán allí era una dificultad.

Nosotros hoy tenemos que partir de esta maldita incredulidad y salir de ahí e ir a las promesas de Dios.
Los hijos de Dios tenemos que sacar de nuestro diccionario la palabra derrota, para nosotros lo único que existe es la victoria en Cristo Jesús, Señor Nuestro.

Dios nos está mandando hoy que salgamos de la maldita incredulidad. 

Ahora el arca del pacto es el Verbo de Dios, Jesucristo.

Nosotros hoy, en el nombre de Jesucristo, vamos a salir en pos de las promesas que están represadas por nosotros, a partir de hoy vamos a estar conquistándolas, eso es lo que ordena el Espíritu Santo.
Hicimos un pacto con nuestro Señor Jesucristo, él es nuestro Señor. Estamos en la justicia de Dios, en el gozo en la provisión, en la alegría, en lo sobrenatural de Dios.

Solamente siguiendo la palabra de Dios y creyendo en sus promesas podemos tener vida y vida en abundancia.

Se acabó la derrota.

Los sacerdotes podían tocar el arca, el pueblo no. era un pacto imperfecto y ellos la seguían a distancia y conquistaron. Nosotros en un mejor pacto, cómo no seguir la palabra de Dios. 

Cómo que nosotros, sacerdotes en un mejor pacto y no estamos en el lugar santísimo,

Nosotros no lo seguimos a distancia lo tenemos en nuestro corazón.

Hoy le hemos dicho no a la maldita incredulidad y sí a la fe, a la esperanza y  a las grandes promesas de Dios.

Saquemos la maldita incredulidad para que veamos las maravillas de Dios, no hemos visto nada. Dios está en polémica con nosotros, ¿por qué sigues en esa mediocridad, en esa negligencia?, si somos tan bendecidos. Dios nos ha dado el aliento de vida. Veremos maravillas si le creemos a Dios. Pero hay que santificarnos, sin santidad nadie verá a Dios.

Le habló a los sacerdotes y hoy eso somos nosotros, sacerdotes.

Hoy Dios por su Espíritu Santo está pasando su palabra delante de nosotros agárrela que para mañana puede ser tarde. Usted tiene la potestad para coger esta palabra porque tiene al Verbo de Dios en su corazón., tiene el Espíritu de Dios, somos templo del Dios viviente. 

Conclusión.

“Entonces Jehová dijo a Josué (ponga su nombre): Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés (Ponga Jesucristo), así estaré contigo”.

lunes, 8 de junio de 2015

El Hades



Dice la palabra que es un lugar de tinieblas. Es un lugar de oscuridad, es un lugar de tormento. El Seol, el infierno.

El infierno queda debajo de la tierra según la Escritura. Muchos dicen que no hay infierno, esa es la gran mentira de Satanás, hacernos creer que no hay infierno, o como muchos dicen que el infierno es éste. No es así. Y por esas falsas creencias las almas cada día se pierden. 

La palabra dice que hay cielo y hay infierno, no hay puntos intermedios, Jesucristo nunca habló de puntos intermedios, habló de un cielo y un infierno. 

¿Por qué crees que Jesucristo murió en la cruz? No es cierto que ricos y malos van a salvarse por medio de “oraciones” y novenas, porque si por eso se salvaran hubiera sido en vano el sacrificio de Cristo en la cruz.
Entonces la gente podría pasarse haciendo lo malo y luego de su muerte rezarían por ellos y los sacarían del purgatorio y lo llevarían al cielo. Eso no es así.

Jesucristo murió en la cruz para que todo aquel que en él crea no se pierda sino que tenga vida eterna.
Dice la palabra que el que no cree ya ha sido condenado. 

Las palabras que Dios nos habla son palabras de vida eterna. Cristo les decía yo soy el pan de vida y no creía, Cristo les decía no entendéis mi lenguaje porque no sois de mis ovejas, porque nos sois mis hijos.

Los hijos oyen la palabra de Dios sea en consolación, sea en exhortación, sea en lo que sea porque Dios lo que quiere es nuestra alma. Dios no quiere nuestro cuerpo terrenal, ese cuerpo se va a quedar aquí.

Dice una parábola que un hombre atesoraba riquezas y que el Señor le dice: necio si en esta noche vienen a pedir tu alma de que te servirán esos tesoros. Tal vez hoy venga el Señor a pedir nuestras almas y estar acá, oyendo la palabra de Dios, es la oportunidad que Dios nos da para volvernos a él. 

Pedro le dijo a Jesús: “Señor a quien iremos si solo tú tienes palabras de vida eterna”. Y eso es lo que hace un corazón humilde decirle: Señor, habla a mi corazón y límpiame, transfórmame;  y que yo nunca me aparte de ti. 

Job: 28: 5

“De la tierra nace el pan, y debajo de ella está como convertida en fuego”.

Si el cielo está arriba, ¿dónde está el infierno?

Mateo 12: 40

“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches”.

La palabra de Dios dice que cuando Jesucristo murió descendió a los infiernos, dio testimonio allí, estuvo tres días allí testificando que las profecías eran verdad, porque Dios cumple su palabra.

Dice la palabra que el seol no se sacia, Satanás ya perdió lo que tenía en el cielo y nunca jamás lo recuperará y él quiere que nosotros también perdamos todo lo que Dios nos ha dado, la gran bendición.

A veces atesoramos y nos apegamos a cosas terrenales, todo para nuestro cuerpo, pero nuestra alma que, nos vamos de este lugar y no nos vamos a llevar nada. 

El señor dice que el que siembra para el Espíritu del espíritu segarán y que tendremos nuestra recompensa y que nuestro galardón es grande en los cielos.

Dice el Apocalipsis que había una multitud vestida de blanco y que esas personas habían emblanquecido sus ropas en la sangre del Cordero.

Que seamos reconocidos por Cristo el Señor es lo más importante. 

De que nos sirve ganar todo el mundo si perdemos nuestra alma. Dice Dios en su palabra que temamos al que tienen el poder de echar nuestra alma en el infierno. Su palabra no puede ser revocada.

En vida es que nosotros llevamos salvación y condenación, en vida es que nosotros escogemos, dice  Deuteronomio 30 que: “pongo la maldición y la bendición delante de ustedes”.

Dios lo que quiere es nuestro corazón, nuestra disposición.

Lucas 16: 19 – 31

“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.  Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.  Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.  Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.  Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre,  porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.  Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.  El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.  Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”.

El que no haya nacido de nuevo será lanzado al lago de fuego, dice en Apocalipsis 20 que roguemos para que nuestros nombres no sean borrados del libro de la vida.

La gracia de Dios no es libertinaje, porque la gracia de Dios es la que rompe las cadenas en nuestras vidas y quita la ceguera y rompe esa esclavitud en nosotros y así podemos amar la santidad de Dios.

La gente que dice que va a la iglesia reza y empata, esa gente no ama la santidad de Dios.

Dice la palabra de Dios que nosotros seremos juzgados por nuestras acciones.

A veces herimos a las personas, no pensamos para hablar. Dios dice que por una misma fuente no puede salir agua dulce y agua amarga. 

De la abundancia de nuestro corazón habla nuestra boca. Dios dice que nos ha dado espíritu de dominio propio para refrenarnos, para controlarnos, para que la situación no se enseñoree de nuestras vidas, sino que nosotros estemos por encima de toda situación.

Dice la palabra de Dios que Jesucristo caminó aquí en la tierra, fue tentado en todo pero no pecó. Jesucristo es Dios. Él nos dijo sed perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. La palabra de Dios cada día nos tiene que santificar.

Yo quiero ser reconocido por él, el anhelo de mi corazón es que Dios me use. Queremos ser transformados por el Señor. Así como yo me siento orgulloso del Dios que tenemos quiero que él se sienta orgulloso de mí.
Nadie ha hecho, ni hará lo que Jesucristo ha hecho por nosotros. 

Esto es por la disposición de nuestro corazón.

Por encima de Dios está su palabra, porque él no puede ser mentiroso. Lo que dijo ya lo dijo.

Daniel 6: 8 - 9

“Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no pueda ser revocado, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada. Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición”.

Tocaron al rey en su ego para que hiciera ese edicto.

Y sigue diciendo en el 10 – 11

“Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.  Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron a Daniel orando y rogando en presencia de su Dios”.

El rey Darío amaba mucho a Daniel y no midió las consecuencias de sus hechos. 

Daniel 66: 14 – 16

“Cuando el rey oyó el asunto, le pesó en gran manera, y resolvió librar a Daniel; y hasta la puesta del sol trabajó para librarle. Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia que ningún edicto u ordenanza que el rey confirme puede ser abrogado. Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre”.

Muchas veces nosotros no pensamos en las consecuencias de lo que hacemos, no somos guiados por el Espíritu Santo y esas decisiones que tomamos traen consecuencias a nuestras vidas. 

La cobertura de Dios está de nuestro lado, pero cuando ante los ojos de Dios somos hallados inocentes. 

Daniel 6: 20- 22

“Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones?  Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo. Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso; y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios”.

Continuamente, debemos tener la llama encendida siempre. Por eso fue que Dios lo pudo librar.

Hubo confianza en Dios.

Romanos 13: 7 – 14

“Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”.

Cuantas veces debemos respeto a nuestros padres, a las autoridades y al mismo Dios.

Vestiduras espirituales de nuestra alma.

La palabra de Dios es firme.

Dios no quiere que nuestras almas se pierdan.

El enemigo viene a acusar y Dios es justo, le duele pero si no somos inocentes él es justo. 

Dios es justo fiel y verdadero.

Mira que la palabra de Dios nos dice que su palabra no puede ser revocada. 

Escapa por tu vida porque el momento se acerca.

Cuando  Dios vino a nosotros nos dijo que teníamos que cuidar esa salvación tan grande. El enemigo viene a acusar, el enemigo viene a reclamar. Que cuando el venga a reclamar no halle cabida en nosotros.

Que nosotros podamos estar limpios delante de la presencia de nuestro Dios. 

El Señor me traía un testimonio: En un grupo en Prado el Señor mandó a unas personas a hablarle a un hombre que era un sicario, él se llamaba Adrián, a las personas del grupo les daba miedo hablarle por lo que él hombre era. Sin embargo el escuchó y llegó a los pies del Señor y empezó a caminar con el Señor.

Un día a través de Carlos, el Espíritu Santo, le profetizó que si él volvía al mundo el enemigo no le iba a perdonar. Adrián se apartó de las cosas de Dios, volvió al mundo y lo balearon, buscaba quien lo socorriera y nadie lo socorría. Cuando alguien, por la misericordia de Dios, lo llevó al hospital.

Allí, en el hospital, quedó en estado de coma y él cuenta que el escuchaba todo a su alrededor y oía cuando le decían a la mamá que lo desconectara, pero Adrián no podía comunicarse con el mundo exterior.

En ese estado de coma, Adrián tuvo una experiencia con Dios. Cuando estaba en estado de coma veía cuatro seres arriba y debajo de él que venía a reclamar su alma porque él se estaba yendo, esos “hombres” venían a reclamar lo que les pertenecía, lo que él no había querido, lo que él no había valorado, vino Satanás a reclamarlo. Pero dice que había algo dentro de él que lo impulsaba a pensar en Dios, se acordaba de unas alabanzas que había aprendido en el grupo de oración y el cantaba: “se rasgará el cielo y aparecerá, vestido de ternura, vestido de ternura, Jesucristo el hijo de Dios, Jesucristo el Salvador”.

El que lo impulsaba a cantar era el Espíritu Santo. Contaba Adrián, en el grupo que mientras él alababa esos demonios se iban, pero cuando dejaba de alabar los demonios volvían.

Contaba que también tuvo otra experiencia: que tuvo un sueño donde vio a un hombre que se llamaba Arón. Que ese hombre le dio una pequeña tasa de agua para que lavara sus vestiduras y le mostró una manta que estaba sucia por completo. Y le dijo que tenía que lavar completamente esas vestiduras, pero se encontraba en un desierto y  decía: “yo tengo mucha sed, pero si me tomo el agua con qué voy a lavar las vestiduras. Con ese poquito de agua el empezó a estregar y a estregar hasta que a lo último las vestiduras se volvieron blancas. Entonces el gritaba: “señor Arón, señor Arón, las vestiduras están blancas”. Arón le dijo que volviera a la vida y Adrián despertó del coma en ese momento. 

Cuando despertó muchos de sus sentidos fueron muy desgastados, no podía hablar bien. Se lo llevaron para la casa y llegaron unos pastores, pero a la mamá le daba miedo porque como él tenía tantos enemigos. Los pastores le dijeron a la mamá que Dios les había mostrado que había en esa casa un hombre enfermo y que el Señor lo iba a levantar y lo iba a sanar.

Contó Adrián en el grupo que los pastores reprendieron con toda autoridad en el nombre de Jesucristo y contó Adrián que algo se le movió en el cerebro y dese ahí empezó a ser restaurado, volvió a hablar y se recuperó.

Adrián se fue donde los enemigos a pedirles perdón, ese acto fue muy valiente porque los enemigos eran peligrosos.

Él decía que  “los abrazaba con el circulo de su amor”. Empezó a caminar con el Señor y su familia conoció de Dios. A los días de estar en los caminos de Dios Adrián sufrió de una bronquitis y murió, murió alabando a Dios y el enemigo no se llevó esa alma por la misericordia de Dios.

Dios ha tenido misericordia de nosotros y nosotros no podemos decir “me echo una canita al aire y en el último día me arrepiento”. Dios conoce las intenciones de nuestro corazón y además nadie sabe el día ni la hora. 

Dios conoce nuestros pensamientos y este es el día que él ha hecho para que nos acerquemos a él. Dios quiere que vivamos para él. Mira que Satanás venía en ese momento a reclamar lo que le pertenecía, a reclamar esa alma delante de Dios. 

El Espíritu Santo en él fuertemente ardía. 

Que el anhelo de nuestro corazón sea que nuestra alma no se pierda.