domingo, 13 de septiembre de 2015

Obediencia



Un padre de un hijo quiere obediencia. Eso es lo que quiere Dios con nosotros. 

Muchas veces Dios nos manda algo y hacemos las cosas a medias y entramos en desobediencia porque o se hace todo o no se hace nada. 

¿Cuántas veces Dios dice que nos congreguemos, que lleguemos temprano y no lo hacemos? 

Dios nos dice en su palabra: “yo les mando que anden en santidad”. Le añadimos pecado a pecado y no andamos en la santidad que Dios quiere. 

Su palabra nos dice que velemos y oremos porque Satanás anda como león rugiente buscando a quien devorar.  Velamos por momentos y nos cansamos y velamos a medias, el hacer las cosas a medias  es desobediencia.

¿Cuántas cosas Dios nos ha pedido a cada uno de nosotros en nuestro ministerio?, y nosotros por tantas cosas, no hemos obedecido a la voz de Dios.

Somos muy inconstantes con las cosas de Dios. Dios, a algunos, nos ha dado un ministerio, pero no soñamos con ello ni lo ponemos como nuestro anhelo.

Es muy fácil empezar, pero permanecer en las cosas de Dios es lo difícil. 

A Dios no hay que entenderlo hay que obedecerlo.

En el tiempo de Samuel los que dirigían el pueblo de Dios eran jueces, porque así lo había determinado Dios. Samuel era fiel profeta de Dios, era obediente a la palabra de Dios. 

Samuel envejeció y  sus hijos desviaron su corazón. El pueblo le dijo no queremos que tus hijos gobiernen, ni que nos gobierne jueces sino que queremos un rey como los otros pueblos, sabiendo que Dios era el rey de Israel. 

Dios tenía a Israel como un pueblo especial, pero ellos no quisieron ser pueblo especial sino que quisieron ser como los otros.

¿Cuántas veces nosotros no queremos ser apartados para Dios sino iguales a los del mundo?

I Samuel 8: 1 - 7

“Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces sobre Israel.  Y el nombre de su hijo primogénito fue Joel, y el nombre del segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba.  Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho. Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones, Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos”.

El pueblo desechó la palabra, cuántas veces desechamos la palabra, cambiamos la gloria de Dios por cualquier cosa.

Ser cristiano es algo más que levantar las manos y cantar, que decir gloria a Dios. Ser cristiano es tener el fruto del Espíritu Santo y la obediencia a Dios.

Isaías 2: 1 – 4

“Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén.  Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.  Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra”.
Estaba hablando del príncipe de paz.

Cuando llegó a Jerusalén muchos le adoraron, pero luego lo quisieron crucifica en un madero y dice la palabra que ser colgado en un madero era una maldición para el pueblo de Israel. 

Deuteronomio 21: 22 – 23

“Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad”.

Jesucristo no cometió ningún crimen, solo hizo el bien.

La cruz, mucha gente la lleva como un amuleto, pero la cruz es más que eso. Cristo se hizo maldición para darnos a nosotros bendición. No es la cruz en sí lo importante, es la muerte de Jesucristo en esa cruz para salvarnos a nosotros.

Dice en gálatas que la palabra de la cruz es locura para los que se pierden, pero es poder de Dios para los que se salvan.

Gálatas 6: 14

“Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”.

A veces no entendemos que es la cruz de Cristo ni lo que él ha hecho por cada uno de nosotros.
 
En el sacrificio que Jesucristo hizo por eso puedo estimar por basura las cosas que el mundo nos ofrece.

Cristo es una gran bendición para nuestras vidas. En la cruz el llevó nuestra enfermedad, nuestra dolencia, nuestra ruina, nuestra miseria, la burla, el vituperio. 

Sin Dios estamos en maldición.

Filipenses 2: 6 – 11

“el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,  sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;  y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.  Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;  y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.

No cuestionemos las cosas de Dios porque tiene grandes galardones, obedecer a Dios. Jesucristo en ningún momento contendió ni cuestionó y tuvo grande galardón porque dice que Dios le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que se doble ante él toda rodilla.

Dios le dijo a Samuel que si les iba a dar un rey, pero que ese rey los iba a pisotear y se iba a enseñorear de ellos. 

I Samuel 9: 1 – 2

“Había un varón de Benjamín, hombre valeroso, el cual se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, hijo de un benjamita.  Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo”.

Dios escogió a Saúl que fue ungido y transformado y Dios le dio grandes victorias, por eso Samuel lloró tanto cuando Saúl  fue desechado. 

Uno se duele mucho como ministro de Dios cuando las personas empiezan y por cualquier cosa se dejan desfallecer, cuando muchos ministerios empiezan y al final quedan en la carne sabiendo que empezaron en el espíritu.

Samuel lloró amargamente porque era un fiel profeta y sabía que un siervo de Dios debía obedecer las cosas de Dios.

Dios le dijo: “por qué lloras, me he provisto de otro hombre conforme a mi corazón”, ese hombre haría todo lo que Dios le dijera.

Samuel 10: 7 – 8

“Y cuando te hayan sucedido estas señales, haz lo que te viniere a la mano, porque Dios está contigo. Luego bajarás delante de mí a Gilgal; entonces descenderé yo a ti para ofrecer holocaustos y sacrificar ofrendas de paz. Espera siete días, hasta que yo venga a ti y te enseñe lo que has de hacer”.
 
Dios estaba con Saúl, el Espíritu Santo estaba dondequiera que fuere.

Saúl debería esperar a Samuel.

Veamos en el 13 lo que pasa 

I Samuel 13: 1 – 7

“Había ya reinado Saúl un año; y cuando hubo reinado dos años sobre Israel, escogió luego a tres mil hombres de Israel, de los cuales estaban con Saúl dos mil en Micmas y en el monte de Bet-el, y mil estaban con Jonatán en Gabaa de Benjamín; y envió al resto del pueblo cada uno a sus tiendas. Y Jonatán atacó a la guarnición de los filisteos que había en el collado, y lo oyeron los filisteos. E hizo Saúl tocar trompeta por todo el país, diciendo: Oigan los hebreos. Y todo Israel oyó que se decía: Saúl ha atacado a la guarnición de los filisteos; y también que Israel se había hecho abominable a los filisteos. Y se juntó el pueblo en pos de Saúl en Gilgal. Entonces los filisteos se juntaron para pelear contra Israel, treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar; y subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avén. Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en estrecho (porque el pueblo estaba en aprieto), se escondieron en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas. Y algunos de los hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de Galaad; pero Saúl permanecía aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando”.

Hasta aquí Saúl estaba obedeciendo, estaba permaneciendo en medio de un pueblo que estaba mirando al gigante y no al Dios de Israel.

I Samuel 13: 8

“Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba”.

El pueblo se desesperaba, pero cuando un líder está firme, así sea con dos o tres, creyéndole a Dios ve la gloria de Dios. 

No nos podemos dejar por lo que digan los hombres, por lo que digan nuestras familias.

Saúl debió de esperar a Samuel porque sabía que Dios hablaba a través de Samuel.

I Samuel 13: 9 – 10

“Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto.  Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle”.
Así creas o no creas Dios cumple sus promesas.

Que cuando venga Jesucristo nos halle orando, velando, perseverando, alabando y glorificándolo a él.
Es difícil, pero esperar en Dios trae grandes recompensas.

En el salmo 37 dice: espera en él, confía en él y él hará.

Muchos hombres esperaron en las promesas de Dios y vieron su gloria y su poder actuando en sus vidas.

I Samuel 13: 11 – 12

“Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto”.

Cuántas veces hacemos cosas y pensamos que no es pecado o decimos: me parece mejor hacerlo de esta manera.

Si Dios nos da unas instrucciones, debe ser como él dice. Dios dijo que viniéramos 3 veces en la semana y alguno dice: yo puedo orar en mi casa. Pero si difícilmente, cuando estamos reunidos, hacemos una oración concentrados, cuán difícil es cuando estamos solos. 

Dios dice que envía bendición cuando hay armonía entre hermanos, cuando el pueblo alaba a Dios suceden cosas maravillosas.

Cuando obedecemos vemos la bendición de Dios, lo que Dios dijo así lo hará.

I Samuel 13: 13 – 14

“Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó”.

Piensa si hemos guardado lo que Dios nos ha dicho. Si hemos cuidado lo que Dios nos ha dado.

Dice la palabra que Dios le dio otra oportunidad a Saúl.

I Samuel 15: 1 - 8

“Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las palabras de Jehová. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos. Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó revista en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá. Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle. Y dijo Saúl a los ceneos: Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos; porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Y se apartaron los ceneos de entre los hijos de Amalec.  Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto. Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada”.

Saúl tomo vivo a Agag y mató a los otros, dijo: voy a hacer una parte que pesar matar a Agag y se quedó con parte del ganado. 

I Samuel 15: 9

“Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron”.

Dios le dijo que un tuviera piedad. 

Cuantas veces metemos nosotros la mano cuando Dios está trabajando en nuestras familias. 

Dios le dijo que no tomara nada.

Si no hay obediencia en nuestras vidas en vano ayunamos y en vano hacemos oración.

La palabra dice: “hay de aquellos que a lo bueno le decimos malo”. Hay cosas que Dios aborrece, cuántas veces decimos: “no eso no es pecado, una mentirita, una miradita a otra mujer que no es tu esposa”. A las cosas que Dios aborrece decimos que no son pecado. 

I Samuel 15: 10 – 11

“Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo:  Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche”.

Qué triste que Dios diga: “me pesa haberle dado a tal persona esto o aquello”.

La salvación es individual cada uno de nosotros tenemos que luchar por lo que Dios nos ha dado.

Esperemos en obediencia que Dios diga; “he aquí mi hijo amado en que tengo complacencia”.

Que Dios se pueda sentir orgulloso de nuestras vida.

I Samuel 15: 12 – 13

“Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal.  Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová”.

Es como cuando dios nos habla acá por medio de uno de sus siervos y todos decimos: Amén y salimos y se nos olvida.

I Samuel 15: 14 – 15

“Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos? Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos”.

Con que soltura estaba defendiendo su posición cuando Dios nos dice que no seamos sabios en nuestra propia opinión. A veces pensamos que estamos obrando bien cuando no es así, cuando no estamos cumpliendo lo que Dios nos dijo. 

Obedecer es cumplir las cosas al pie de la letra.

I Samuel 15: 16 – 17

“Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di. Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?”

Saúl se sentía poca cosa y Dios lo encumbró ungiéndolo como rey.

Dios nos ha puesto en lugares altos y se nos olvida lo que Dios ha hecho por nosotros. Se nos olvida que servimos al Rey de reyes.

I Samuel 15: 18 –20

“Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.  ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová? Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas”.

Que cosa tan tremenda es un corazón endurecido, Saúl insistía en que había obrado bien haciendo su propia opinión y no lo que Dios le había mandado.

I Samuel 15: 21 – 23

“Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal.  Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey”.

La soberbia de nuestro corazón es la obstinación y creemos que tenemos la razón y hacemos las cosas como nos parece a nosotros. Se endurece de tal manera nuestro corazón que pensamos darle consejos a Dios

I Samuel 15: 24 – 31 

“Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, y vuelve conmigo para que adore a Jehová. Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel. Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de su manto, y éste se rasgó. Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú.  Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.  Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios. Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová”.

Seguía mal Saúl buscando la honra del pueblo y no la de Dios. ¿Esa adoración si subiría delante de Dios?
Dios le dijo te he desechado y Saúl  por aparentar hizo el holocausto. 

Muy triste lo que le pasó a Saúl después de que había sido ungido por Dios.

Que no seamos como Saúl que un día fuimos ungidos y luego desechados, sino que podamos ser como David, como Pedro, como Pablo que siguieron has el final.

Nosotros somos más que vencedores de la mano de Dios y Dios quiere que nos fortalezcamos cada vez más.

No despreciemos la mesa del Señor. Dios quiere de nuestro corazón la obediencia.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Tan convencidos



¿Si estamos tan convencidos de que tenemos un Dios tan poderoso? ¿Cuántos hemos clamado a dios por las promesas que Dios nos ha dado? ¿Estamos convencidos de esas promesas, de esos milagros, de esos ministerios que Dios nos ha dado? ¿Dónde están esos ministerios?

Hay que estar convencidos de lo que Dios nos da, en todo momento en este lugar. 

¿Cuántos están convencidos de que iremos a esas bodas del Cordero? ¿Cuántos están convencidos de que nos estamos preparándonos nosotros mismos, pidiéndole a Dios que nos limpie, que nos purifique para ir a esos lugares celestiales? 

Esa mujer que tocó el manto de Jesús, tenía tanta convicción que decía: si tan solo tocara el borde de su manto seré salva. Y fue atrevida, se abrió paso entre la multitud. 

El centurión dijo: di la palabra y mi criado sanará. A nosotros Dios nos ha dado palabra y nos ha hecho muchas promesas. Dios nos dijo hace días: “he descendido para tomar sus cargas”. ¿Cuántos creyeron que era el mismo Espíritu Santo que estaba hablando, que no era el hombre?

Muchos creen por un rato y luego se olvidan. Por un momento estamos convencidos.

Salmos 2: 8

“Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra”.

Dios nos está diciendo que le pidamos. Para poder pedir hay que estar convencidos. 

II Reyes 13: 15 –19

Se está hablando de la muerte de Eliseo y Joás vino ante el profeta.

“Y le dijo Eliseo: Toma un arco y unas saetas. Tomó él entonces un arco y unas saetas.  Luego dijo Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey,  y dijo: Abre la ventana que da al oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria; porque herirás a los sirios en Afec hasta consumirlos. Y le volvió a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo.  Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces derrotarás a Siria”. 

Golpeó solo tres veces. A veces somos así, no insistimos. Nos cansamos de golpear, de arrebatar las bendiciones. Nos perdemos muchas bendiciones por no insistir.

Venimos a la oración de guerra y no obtenemos las bendiciones, ¿por qué será? ¿Cuántos han perseverado en pedir por el avivamiento que Dios prometió en este lugar?

Como la mujer ante el juez injusto que por su insistencia fue atendida. 

Nos cansamos del golpear, de arrebatar las bendiciones. No perdamos esa capacidad de asombrarnos.

Salmos 34: 19

“Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová”.

Nosotros somos esos justos y Dios nos librará de todas las aflicciones.

Lee uno o dos versículos en el día y aprópiate de ellos. 

Tu palabra dice Señor: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. 

Le creemos más al enemigo, a un derrotado que a Jesucristo que fue quien lo derrotó.

La palabra dice que nosotros somos más que vencedores en Cristo Jesús. Dice que somos reyes y sacerdotes.

Dios dijo que venían cosas grandes para este lugar. Estoy convencida de que Dios me trajo a este lugar para hacer cosas grandes para otras personas y para recibir de ustedes cosas grandes. Si esa promesa fue para mí para ustedes también. Para todo aquel que cree. 

Tantos ministerios que hay, tantos evangelistas, profetas, pastores, maestros. Es muy lindo cuando Dios utiliza todos estos ministerios, pero hay que estar convencido de lo que Dios nos dio. 

Jueces 6: 1 – 10

“Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años. Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares fortificados. Pues sucedía que cuando Israel había sembrado, subían los madianitas y amalecitas y los hijos del oriente contra ellos; subían y los atacaban. Y acampando contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos.  Porque subían ellos y sus ganados, y venían con sus tiendas en grande multitud como langostas; ellos y sus camellos eran innumerables; así venían a la tierra para devastarla. De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová. Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a causa de los madianitas, Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta, el cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre.  Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra;  y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz”. 

El enemigo viene como langosta y te quita todo lo que Dios te ha dado, las bendiciones porque no clamamos  a Dios y porque  nos escondemos. Nos estamos dejando quitar el fruto por no estar convencidos. 

Jueces 6: 11 - 12

“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas.  Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente”. 

Cuántas veces Dios nos ha dicho que él está con nosotros. 

Jueces 6: 13 - 15

“Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas.  Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?”
 
Dios nos dice que vamos con nuestra fuerza que él nos envía. Dios te envía y Dios te va a respaldar. Gedeón se sentía poca cosa.

No dudemos que el que nos envía es Dios.

Cuando Dios mandó a Moisés a rescatar el pueblo de la esclavitud de los egipcios, Moisés dudo porque era tartamudo. Dios le dijo: “¿no fui yo quien hizo la boca, no puedo yo sanarte”? Pero Moisés no quiso, dudó.
Cuando Dios a través de una sierva llevó esa Palabra de Moisés a San Antonio de Prado, yo dije Dios mío yo quiero ser libre, porque yo era una mujer muy tímida y no era capaz de hablar, y le dije a Dios: “abre mi boca” y la sierva que estaba predicando sin saber lo que yo estaba pidiendo, pero como el Espíritu Santo si sabía a través de ella me dijo: “Te he hecho libre”. Yo sentí y ella vio que salió como una bola de pelos de mi boca.

Esto porque le creí, porque me apropié de esa palabra. 

Si Dios lo hizo conmigo, ¿no lo va a hacer con ustedes si la palabra es para todos? Hay que estar convencidos siempre no por momentos.

Jueces 6: 15

“Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.  Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre”. 

Dios les iba a dar la victoria

Jueces 7: 9 – 15

“Aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos.  Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento, y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campamento. Y él descendió con Fura su criado hasta los puestos avanzados de la gente armada que estaba en el campamento. Y los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente estaban tendidos en el valle como langostas en multitud, y sus camellos eran innumerables como la arena que está a la ribera del mar en multitud. Cuando llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo, y la tienda cayó. Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de Israel. Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento. Cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campamento de Israel, dijo: Levantaos, porque Jehová ha entregado el campamento de Madián en vuestras manos”.

Cuántos hombres y mujeres son valientes y se levantan. Gedeón no tiene miedo de pasar por el lado del enemigo para ir a escuchar lo que Dios le iba a decir.

Nosotros a veces preferimos quedarnos en casa por diferentes motivos que venir a escuchar lo que Dios nos quiere decir en este lugar. 

Gedeón fue esforzado, creyó y obedeció.

Nosotros por medio de la palabra le declaramos al enemigo que somos más que vencedores en Cristo Jesús, esa es nuestra palabra, es pan de vida. Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece y le decimos al enemigo que Dios es nuestro pastor y nada nos faltará. Gedeón creyó en esa palabra, en esa victoria.

Jueces 7: 21

“Y se estuvieron firmes cada uno en su puesto en derredor del campamento; entonces todo el ejército echó a correr dando gritos y huyendo”.

El enemigo huyo porque estuvieron firmes. Obtuvieron la victoria por la espada de Jehová y por la espada de Gedeón. Nosotros tenemos en nuestras manos la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. 

A David no le importó el gigante porque él iba en nombre del Dios viviente.

Dios tiene grandes promesas para ti, pero debes andar convencido de lo que Dios te ha dado.

Dios se duele cuando no le creemos, cuando despreciamos la mesa del Señor. 

Nosotros tenemos un Dios vivo., un Dios de promesas, un Dios que nos tiene para cosas grandes. No podemos vivir como esas personas que no tienen a Cristo en su corazón, derrotados, sin esperanzas. Nosotros tenemos una esperanza viva y grande. 

No le digamos a Dios que no, cuando nos ponga a hacer la oración, la alabanza o a predicar. Es Dios quien nos pone, no el hombre, es Dios el que nos da el encargo.

Nahúm 1: 7

“Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían”.

Es nuestra fortaleza y Dios conoce nuestros corazones.

Hechos 22: 24 - 29

“mandó el tribuno que le metiesen en la fortaleza, y ordenó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él. Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado?  Cuando el centurión oyó esto, fue y dio aviso al tribuno, diciendo: ¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano romano. Vino el tribuno y le dijo: Dime, ¿eres tú ciudadano romano? Él dijo: Sí.  Respondió el tribuno: Yo con una gran suma adquirí esta ciudadanía. Entonces Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento. Así que, luego se apartaron de él los que le iban a dar tormento; y aun el tribuno, al saber que era ciudadano romano, también tuvo temor por haberle atado”.

Esto fue cuando iban a juzgar a Pablo.

Tu ciudadanía es celestial. 

Pablo, después de que Dios lo tumbó del caballo, no dudó en servirle al Señor.

Pablo no se dejó azotar. 

Nosotros nos dejamos atar y azotar del enemigo.

Pablo le declaró al tribuno quien era. Nosotros le tenemos que declarar al enemigo quienes somos: unos hijos de Dios, reyes y sacerdotes y que nuestra ciudadanía es celestial.

Nosotros adquirimos la ciudadanía porque ya nos pagaron el precio hace más de dos mil años.  Nosotros hemos nacido de nuevo en Cristo Jesús. Hay que estar tan convencidos de esto que hay que declararlo.

Cuando le declaras al enemigo quien eres el enemigo tiene que huir. 

En el plano de espiritual yo soy hija de Dios mi ciudadanía es celestial. Somos más que vencedores, soldados de Jesucristo.

Mi casa, mis hijos, mi hogar me pertenecen porque Dios me lo ha dado todo.

I Juan 5: 14 – 15

“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.  Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”.

Que salgamos convencidos de quienes somos, que no vengamos como un pueblo derrotado, sino victorioso somos más que vencedores en Cristo Jesús.

domingo, 30 de agosto de 2015

La presencia de Dios prometida



En oración pedimos la presencia de Dios, pedimos esa presencia, pero no es sentirla por momentos, la presencia de Dios hay que vivirla cada día en nuestras vidas. ¿Cuántos estamos faltos del fruto del Espíritu Santo?

Cuando hay presencia de  Dios en nuestras vidas hay descanso y refrigerio para nuestras almas, hay gozo y hay paz.

¿Cuántas veces nos dejamos sacar de ese gozo y esa paz y nos ofuscamos?  Nada nos puede quitar la paz.

¿Cuántas veces la gente obedece por miedo al castigo? Dios quiere que le obedezcamos por amor a él, que todo lo hagamos por amor a él. Ese es el temor de Dios en nuestras vidas, sabiendo que los ojos de Dios están sobre nosotros en todo lo que hacemos. Dios quiere sinceridad en nuestro corazón.

Yo le decía: “Señor, cuán difícil es predicar tu palabra, porque tu palabra demanda santidad y obediencia”. El vaso que se para aquí tiene que vivir la palabra, uno no se puede parar aquí fingiendo cosas que no son.
Dice la palabra que seremos transformados de gloria en gloria en la imagen de Jesucristo. 

Debemos estar a cara abierta, nada de hipocresías, ni de máscaras ante su presencia, porque Dios lo que quiere para derramar su presencia es vasos limpios delante de él. 

Nos dejamos robar la paz muy fácilmente, en la vida diaria, en el hogar, en el trabajo, nos ofuscamos fácilmente.

Dios quiere que demos ese fruto. Muchas veces no pedimos perdón cuando nos equivocamos, no reconvenimos el camino, ofendemos y somos ofendidos y no pedimos perdón. No pedimos perdón a nuestro hermano, a veces venimos a la oración y estamos con resentimientos y con raíces de amargura en nuestro corazón. 

¿Qué le podemos ofrecer al Señor, si todo lo que hay en la tierra, todo es de él? Dios quiere de nosotros un corazón que se doblegue ante él, un corazón contrito y humillad.

Éxodo 33: 1 – 3

“Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré; y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo (a la tierra que fluye leche y miel); pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino”.

Dios estaba dolido con el pueblo porque Moisés había subido por los mandamientos y se demoró cuarenta días y el pueblo se desenfreno y se olvidó quién era el que lo había sacado de Egipto. Dios se duele porque fácilmente se nos olvida de dónde nos sacó el Señor, se nos olvida lo que Dios ha hecho en nuestras vidas.
Que no sea que cuando Jesucristo venga estemos adorando un becerro, adorando otros dioses o dándonos la gloria los unos a los otros. La palabra de Dios dice en Romanos 8: “¿quién nos separará del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro?”. 

Hemos visto en el camino de Dios cuántas personas pierden la presencia de Dios. Adán y Eva por codiciar perdieron la presencia de Dios en el Huerto. Saúl por querer la gloria del pueblo perdió la presencia de Dios en su vida. 

Cuántas veces cambiamos la presencia de Dios por cualquier cosa, que la esposa, que los hijos. Cuántos, muchas veces, quieren agradar a su familia, a su esposa antes que a Dios.

Cuántos vienen un día y no vuelven. Cuántos vienen y dicen que están con Dios y vemos en el camino como se van quedando.

Es por la misericordia de Dios que nosotros podemos perseverar y llegar hasta el final. Hay que pedirle a Dios que nos ayude a terminar la carrera.

Mucha s veces vamos hasta detrás de nuestros anhelos queriendo agradarnos más a nosotros mismos que a Dios. 

Que cuando lleguemos a esa meta podamos decir, Señor aquí estoy y mi galardón está en ti, Señor. 

Dios nos pregunta en esta mañana ¿cuán importante es la presencia de Dios en tu vida?

Si la presencia de Dios fuera tan importante en nuestras vidas, nosotros le permitiríamos a Dios que moldeara nuestros corazones, que nos transformara porque la presencia de Dios no se puede derramar en un corazón endurecido, no se puede derramar en un corazón ansioso, en un corazón soberbio, en un corazón con ira, en un corazón con resentimientos. 

¿Contamos nosotros con Dios en nuestros sueños y en nuestros anhelos?, ¿las decisiones que hemos tomado van de la mano y de la guía de Dios?

Éxodo 33: 4 - 11

“Y oyendo el pueblo esta mala noticia, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos. Porque Jehová había dicho a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz; en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré. Quítate, pues, ahora tus atavíos, para que yo sepa lo que te he de hacer. Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb. Y Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y cualquiera que buscaba a Jehová, salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento. Y sucedía que cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y cada cual estaba en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo. Cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés. Y viendo todo el pueblo la columna de nube que estaba a la puerta del tabernáculo, se levantaba cada uno a la puerta de su tienda y adoraba. Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo”.

Sólo Moisés entraba en comunión con Dios. Sólo Moisés amaba la presencia de Dios. 

El pueblo adoraba a Dios, pero no hablaba cara a cara con Dios.

Cuántos viven de religiosidad, cuántos viven de decir soy cristiano, pero cuantos pueden sentir la presencia de Dios. 

Sin embargo en Josué había hambre y necesidad de Dios. Dios no consumía a Josué porque había un corazón dispuesto en él. 

El sucesor de Moisés fue Josué, no fue Aarón porque este permitió que el pueblo se prostituyera, tras ese becerro de oro. El pueblo entregó sus alhajas y  él, con sus manos, le dio forma.

Cuántos anhelamos la presencia de Dios en este lugar y para el que obedece hay una gran bendición. El congregarnos es una gran bendición.

Dios dice que cuando andamos en obediencia él nos pone por cabeza y no por cola; y ninguna de las maldiciones de la desobediencia nos tocará.

Dios pide que seamos obedientes para que su sanidad, su provisión esté sobre nuestras vidas. 

Éxodo 33: 12 - 13

“Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos. Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo”.

Moisés sabía que él, sin Dios, nada podía hacer. Muchas veces nosotros queremos cambiar nuestras familias, pero es Dios quien lo hace cuando nosotros ponemos los ojos en él. 

Moisés imploraba la misericordia de Dios sobre su pueblo. Un día Dios le dijo a Moisés: “raeré este pueblo y yo te daré otro pueblo”, pero Moisés seguía rogando por ese pueblo rebelde. ¿Nosotros si rogamos por nuestras familias?, ¿nosotros intercedemos por las promesas que Dios nos ha dado?

Éxodo 33: 14 

“Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso”.

La presencia de Dios en nuestras vidas nos lleva a pastos verdes. El Salmo 23 dice que en pastos delicados me hará descansar. 

Yo creo en mi corazón que lo que Dios ha prometido él lo cumplirá, pero tenemos que marcar el paso.
Josué no se apartaba del tabernáculo y anhelaba la presencia de Dios en su vida.

Éxodo 33: 15

“Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí”.

¿Tú le dices así a Dios?: Señor tengo este sueño y este anhelo, pero si no es tuyo no me permitas hacerlo.
Si tu presencia no ha de estar conmigo en este proyecto no me permitas hacerlo.

Yo sin el Espíritu Santo no soy nada y aquí ninguno de nosotros somos nada sin el poder del Espíritu Santo, por eso el que se gloríe, gloríese en el Señor, porque los dones le pertenecen a él. Gracias a Dios porque utiliza vasos de barro y en ellos deposita su excelencia.

Éxodo 33: 16 - 20

“¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra? Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre. El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria. Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá”.

Moisés halló gracia en los ojos de Dios.

La gracia de Dios está en nosotros cuando hay un corazón que se doblega delante de él. Dios lo que quiere de nosotros es nuestro corazón, quiere que nuestro corazón sea morada para él. 

Romanos 8: 28 

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. 

Los buenos momentos, los malos momentos, las circunstancias que estemos pasando, para los que amamos a Dios nos ayudan a bien. 

¿Crees que Dios te sacó del mundo para dejarte triste y arruinado?, ¿crees que Dios te sacó del mundo para dejarte tirado? Dios te sacó de allí, te llamó, te santificó para mostrar su gloria en cada uno de nosotros.

Romanos 8: 29 

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”. 

Dios cuando empieza una obra la termina, no fue por casualidad que un día alguien te hablo de Dios, ya estábamos en los planes, en los pensamientos, en los propósitos de Dios.

¿Cuánto se demoró para que José fuera gobernador de Egipto? David fue ungido para llegar al trono, pero pasó mucho tiempo para que llegara. En ese tiempo Dios moldee el orgullo y la soberbia. Dejemos que el moldee nuestro corazón. 

Nosotros no podemos cambiar ni transformar nuestra familia en nuestras fuerzas, pero si buscamos la presencia de Dios y permitimos que moldee nuestro corazón entonces él trabaja con nuestras familias.

Nosotros somos el fruto de la obediencia de Jesucristo. Cristo no dijo que iba a hacer otra cosa sino que fue a la cruz del calvario como era la voluntad del Padre. 

Dice la Escritura que fue tanta la angustia de Jesucristo que vino un ángel del cielo para fortalecerle. Dios se valdrá de cualquier cosa para fortalecer nuestras vidas.

Romanos 8: 30 - 32

“Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?  El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”

Dios nos dio a su propio hijo.

Dice “¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” Todas las cosas. 

Romanos 8: 33

“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?  Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,  ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.

¿Cuántos están convencidos en esta mañana, que ni el amor de ningún ser humano, ni el apego hacia nuestros hijos, ni el amor ni el apego hacia nuestras esposas y esposos, nada podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús. 

El hombre falla y es  inconstante, hoy te dice sí y mañana no, pero el amor de Dios permanece para siempre y nada nos separará de él. 

El diablo te dice: es imposible que esa situación cambie, pero Jesucristo dice que sí.

Yo creo como dijo Job que mi redentor vive. Job lo creyó en medio de esa enfermedad, de la pérdida de su familia, en medio de la pérdida de sus finanzas, en medio de que estaba todo destruido, en medio de todo esto Job pudo decir: yo creo, yo confío que mi redentor vive.

La palabra de Dios dice levántate y resplandece porque ha venido tu luz y la gloria de Dios ha nacido sobre ti. 

Cuando Moisés subió al monte se veía cara a cara con Dios y dice que su rostro se iluminaba y dice que tenía que cubrirlo con un velo para que el pueblo no temiera. En Jesucristo fue quitado ese velo.
En Jesucristo nosotros podemos heredar las grandes promesas de Dios. Nos ha dado poder y autoridad sobre toda fuerza del enemigo y nada nos dañará.

Cristo es la luz verdadera que resplandece en medio de las tinieblas, él es la luz de nuestras vidas. 

Cuando Pablo vio una luz en el camino, era Jesús que le decía dura cosa es dar coces contra el aguijón, por qué me persigues Pablo y lo tumbón del caballo. Dios tenía un propósito con Pablo y este estuvo ciego por mucho tiempo.

A veces el enemigo quiere poner veneno en nuestros corazones haciéndonos creer que nos somos nada, que no somos dignos de que el Señor nos use, de que el Señor haga maravillas en nuestras vidas, que para Dios es imposible, pero ese velo es quitado en Jesucristo  y por la sangre de ese Cordero, por lo que hizo en la cruz, tenemos hoy nuestra bendición y nos paramos firmes en ella. 

Dice en Filipenses 2: 15: “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo;” Sí se puede con la ayuda del Espíritu Santo.

Cuando eres humilde, Dios quita la mancha de tu corazón y te hace brillar en medio de una generación maligna y perversa. No dice que todo va a ser bueno, ni que va a ser fácil, dice: “en medio de una generación maligna y perversa”.

¿Viniste hoy para seguir en la misma condición y que las obras de la carne se manifiesten en tu vida?, sabiendo que tienes la presencia de Dios en tu corazón, el Espíritu Santo en tu vida.

Dice la palabra en Isaías 60 1 – 3

“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento”.

Esa luz en nuestras vidas es Cristo.

En Isaías 60: 15 dice

“En vez de estar abandonada y aborrecida, tanto que nadie pasaba por ti, haré que seas una gloria eterna, el gozo de todos los siglos”

En Isaías 19 dice: 

“El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que Jehová te será por luz perpetua, y el Dios tuyo por tu gloria”.

Dios puso su gloria en nuestras vidas. Dile Aquí está mi corazón saca el engaño, la mentira, la ira de mi corazón. Dile Señor cámbiame.