domingo, 10 de enero de 2016

¿En quién tienes puesta tu confianza?



¿En verdad le hemos creído a Dios cuando hemos pasado por tribulaciones, por pruebas? ¿Nos hemos sostenido ahí parados como esos baluartes, como esas columnas y a pesar de lo que pase decirle: Señor aquí estoy? Pase lo que pase yo sé que tú estás conmigo. O estamos como los discípulos en esa barca que aunque Jesús estaba con ellos no creyeron que todo saldría bien y saldría bien porque allí estaba Jesús.

Muchas veces no creemos. Sabiendo que Jesús sabe que estamos pasando por esa situación.

Isaías 43: 8-12

“Sacad al pueblo ciego que tiene ojos, y a los sordos que tienen oídos. Congréguense a una todas las naciones, y júntense todos los pueblos. ¿Quién de ellos hay que nos dé nuevas de esto, y que nos haga oír las cosas primeras? Presenten sus testigos, y justifíquense; oigan, y digan: Verdad es.  Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve. Yo anuncié, y salvé, e hice oír, y no hubo entre vosotros dios ajeno. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios”.

Muchas veces somos como esas personas, ese pueblo ciego que no quiere entender, no quiere entender las cosas grandes y maravillosas que Dios hace en cada huno de nosotros. Vemos las circunstancias.

Hace tiempos el Espíritu Santo nos ha venido hablando de su misericordia, de que esa mano poderosa no ha parado y en todo momento está ahí con nosotros.  Somos ese pueblo ciego y sordo que no quiere ver ni entender, ese propósito que Dios tiene en nosotros. 

“Digan verdad es” que Dios es poderoso, que Dios es grande, que en todo momento a pesar de las pruebas por las que estemos pasando, Dios está ahí porque no nos ha faltado vestido y comida y no ha faltado nada.
Esa tempestad tan tremenda que cayó esta semana y por muy fuerte que hubiera llovido, al otro día salió el sol.

Por muy fuerte que sea lo que estemos pasando, veremos el sol, veremos un nuevo amanecer.

Dios a través de la naturaleza nos enseña que es un Dios misericordioso. Dios permite situaciones en nuestras vidas para formar nuestro carácter, la autoridad, la templanza, para que creamos firmemente que dependemos de Él, no de nuestras propias fuerzas. 

Dependemos totalmente de aquel  que nos formó, de aquel que sabe y conoce todas nuestras necesidades.

Nosotros somos su pueblo. Dios quiere que lo conozcamos, lo entendamos y le creamos. No hay otro dios, solo Yahvé.

Cuántos nos apropiamos de somos reyes y sacerdotes, pero muchas veces el enemigo nos gana y nos hace ver como nada.

Hoy es un día diferente y mañana será mejor. Cada día será mejor para nosotros que somos hijos. 

Jehová es el que pelea, lucha y batalla por cada uno de nosotros.

Quien te puede salvar sino solo Dios, quién nos rescató de ese mundo de perdición en que estábamos. Solo Cristo se compadeció de nosotros. Nos quiso escoger a nosotros.

Solo la mano poderosa de Dios puede sacarnos adelante y darnos salvación. 

Una columna no se puede caer tiene que estar siempre firme. 

Nosotros somos esos testigos porque hemos visto las maravillas que Dios ha hecho en cada uno de nosotros.  Nosotros somos los testigos, no los de afuera. 

Sobre qué estás edificando 

¿Sobre la roca firme que se llama Jesucristo o sobre la arena?

Lucas 6: 46-49

“¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa”.

¿Por qué decimos: Señor, Señor, y no obedecemos?

¿Sobre qué cimiento estás edificando sobre esa roca que es Jesucristo o sobre esa arena?

Si no estamos sobre la roca podemos caer muy hondo.

Si estamos parados sobre la roca nada nos mueve. Si estoy ahí y pongo mi esperanza en Dios, él lo hará todo y solamente me moveré por el poder de su Espíritu Santo, sólo él me podrá guiar. Pero si no oímos esa voz ese castillo se derrumbará, se bien todo a pique. 

Cuando caemos queremos salir de la presencia de Dios, y queremos retirarnos de la presencia de Dios, pero ahí es donde más lo debemos buscar. Le decimos a Dios: no tengo fuerzas. Cuando Dios dice que él da nuevas fuerzas al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna. 

¿Cuántos ponen la confianza en el hombre?

Isaías 30: 1-3

“¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado! Que se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y poner su esperanza en la sombra de Egipto. Pero la fuerza de Faraón se os cambiará en vergüenza, y el amparo en la sombra de Egipto en confusión”.

Cuántos vuelven a Egipto: A cuántos Dios dice que los va a bendecir y ponen la mirada en el hombre diciendo: yo sé que Dios va a tocar el corazón de tal varón y ponen la confianza en ese hombre en vez de ponerla en Dios que lo prometió.

Pero cuántos también, Oyen que Dios les dice te voy a bendecir y pasan los días y los meses y no llega la bendición, sin embargo dice: yo le creo a Dios que dijo que me va a bendecir.

No volvamos a Egipto, a fortalecernos en el Faraón, en el consejo de hombre. Fortalezcámonos en el consejo de Dios. 

La sabiduría humana nos lleva a la perdición y la sabiduría de Dios es la que nos enriquece. Ponemos nuestra esperanza en hombre y mujeres. Cuando quien nos llena de amor es Dios. 

Las puertas que Dios cierra nadie las puede abrir y las puertas que Dios abre nadie las puede cerrar. 

Dios cumplirá su propósito en cada uno de nosotros.

No pongamos la confianza en un faraón que está ahí, pero que no tiene poder y sabe que está vencido.

Salmo 121: 1

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra”.

Tu asilo y tu socorro viene de Dios que hizo los cielos y la tierra. 

Salmo 121:3 

“No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda”.

Por muy torpes que seamos, no nos dejará caer, no nos dejara desviar, nos enderezará.

Salmo 121: 4 - 6

“He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche”.

No te fatigarás no importa lo que estés pasando

Salmo 121:7 -8

“Jehová te guardará de todo mal; Él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”.

Es una promesa ¿por qué querer volver atrás?

Es creerle a Dios en el tiempo de la dificultad.

Al enemigo hay que sacarlo con la palabra como hizo Jesucristo.

Escrito está no tienes poder sobre mí ni sobre mi familia. Escrito está que yo soy un hijo de Dios. Escrito está que mi hijo no es tuyo es de Dios. Escrito está que Jesucristo se llevó las enfermedades en la cruz del Calvario. Fuimos comprados a precio de sangre y por sus llagas somos sanados. Escrito está que no tiene poder ni autoridad sobre nuestras mentes.

Solamente es declarar la palabra de Dios: escrito está: “Todo lo podemos en Cristo Jesús que nos fortalece”. 

El paralítico le creyó a Cristo cuando le preguntó: ¿qué quieres que haga por ti?

Jesús quiere escuchar de nuestra boca que queremos que haga en nosotros.

¿El que te formó no te puede sanar?

No creamos más a lo que el enemigo nos quiere poner. Declaremos la palabra que no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios, de tu boca y de la mía. 

Escrito está que yo veré la gloria de Dios, escrito está que yo seré levantado y transformado por el poder de Dios. Escrito está que yo estaré en los lugares celestiales con mi Padre y él me servirá la cena y me pondrá esa corona sobre la cabeza y me dirá: venid a mi bendito porque has hecho lo que te he mandado a hacer.

Dios nos ha dicho: cuando pases por el agua no te ahogarás, cuando pases por el fuego no te quemarás, yo estoy contigo. No te vas a quedar con ese problema. No te vas a quedar ahí.

Dios nos da miles de promesas por medio de su palabra, la demanda es amar a Dios sobre todas las cosas y andar en santidad. 

Deuteronomio 1: 21-33

“Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes. Y vinisteis a mí todos vosotros, y dijisteis: Enviemos varones delante de nosotros que nos reconozcan la tierra, y a su regreso nos traigan razón del camino por donde hemos de subir, y de las ciudades adonde hemos de llegar. Y el dicho me pareció bien; y tomé doce varones de entre vosotros, un varón por cada tribu. Y se encaminaron, y subieron al monte, y llegaron hasta el valle de Escol, y reconocieron la tierra. Y tomaron en sus manos del fruto del país, y nos lo trajeron, y nos dieron cuenta, y dijeron: Es buena la tierra que Jehová nuestro Dios nos da. Sin embargo, no quisisteis subir, antes fuisteis rebeldes al mandato de Jehová vuestro Dios; y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo para destruirnos. ¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac. Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos. Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos. Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar. Y aun con esto no creísteis a Jehová vuestro Dios, quien iba delante de vosotros por el camino para reconoceros el lugar donde habíais de acampar, con fuego de noche para mostraros el camino por donde anduvieseis, y con nube de día”.

¿Cuándo Dios te da una promesa tu arrebatas?

Dios siempre dice: ve toma posesión. Te lo he dado. Está en cada uno apropiarse de lo que Dios le da. 

El pueblo mandó espías y el líder dijo: me pareció bien.

Vienen voces extrañas, vienen otras voces a desanimarnos.

Todas las cosas requieren de un esfuerzo. Creyéndole a Dios y batallando nos esforzamos.

A veces nos parece bien escuchar otra voz. 

Esa tierra era fértil, pero ellos creyeron más a los gigantes.

Murmuramos muchas veces y tenemos a Dios por mentiroso. Dios nunca dijo que el enemigo los iba a destruir, dijo que iba a entregar el enemigo en sus manos.

Dios no quiere mal para nosotros. 

El enemigo viene a poner temor en nuestros corazones y viene a poner duda. No creerle a Dios, a nuestro Padre lo que nos dice, es pecado. 

Siempre Dios va a estar ahí peleando por ti. 

Aun viendo milagros no se le cree a Dios.

Cristo no pudo hacer muchos milagros en su pueblo por la dureza de sus corazones. Muchas veces no puede hacer milagro en nuestras vidas por la dureza de nuestros corazones, porque no le hemos creído, pero él todos los días quiere hacer milagros en nuestras vidas. 

Hay una alabanza que dice: Dios quiere hacer un milagro en tu vida, prepárate para recibirlo, el cielo se tendrá que abrir porque ha dicho, Dios que él te va a bendecir.

Apropiémonos de los ministerios, Dios nos quiere preparar para las almas que vienen.

Deuteronomio 33: 27

“El eterno Dios es tu refugio, Y acá abajo los brazos eternos;  él echó de delante de ti al enemigo, y dijo: Destruye”.

Dios dice: te he dado poder, destruye.

Isaías 44: 21 -22

“Acuérdate de estas cosas, oh Jacob, e Israel, porque mi siervo eres. Yo te formé, siervo mío eres tú; Israel, no me olvides. Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí”.

Pon tu nombre ahí.

Acuérdate de las promesas. Somos sus siervos. Él nos formó y tiene un propósito. No nos olvidemos de Dios.  Yo te saqué de ese mundo de perdición.

Vuélvete a mí.

domingo, 3 de enero de 2016

Jehová cumplirá su propósito en mí



Dios tiene un propósito en nuestras y hay veces que nos desviamos de ese propósito y hacemos cosas que Dios no nos ha mandado a hacer. 

Esta palabra está basada en:

Salmo 138: 7 – 8

“Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra. Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos”.

Créelo, que Dios en este año cumplirá su propósito en nuestra vidas. Dios nos formó con un propósito desde antes de nacer.

Dios nunca nos desampara y nunca nos ha dejado. Somos nosotros los que nos separamos y nos desviamos del camino.

En medio de la angustia Tú me vivificarás, me darás vida, me darás gozo, me darás paz. 

A pesar de la angustia, a pesar de las penas, a pesar de las tribulaciones, el salmista estaba convencido de que lo que Dios había dicho se iba a cumplir en su vida. Estaba declarando que la misericordia de Dios es para siempre.

Hay una alabanza que dice: Señor la obra que has empezado en mi vida será terminada.

Somos como la vasija en las manos del alfarero, pero somos nosotros los que no permitimos que el fuego de Dios nos transforme, que nos moldee a su imagen y semejanza.

Un propósito de Dios, es una intención, es una finalidad, es un deseo, es la voluntad de Dios para nuestras vidas.

 Jeremías 29: 11 – 13

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”.

Vamos a encontrar esa respuesta cuando de verdad entreguemos todas nuestras cargas. Entreguemos lo que Dios nos está pidiendo hace mucho rato. Cuando entreguemos la angustia, cuando entreguemos la aflicción, recibiremos.

La palabra de Dios dice en el salmo 107 que claman los justos y Jehová los oye. En todo tiempo Israel clamaba y Dios los libraba de todas sus aflicciones. 

Dice la palabra que Dios sabe los pensamientos que tiene con cada uno de nosotros, son pensamientos de bien y no de mal porque la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta.

Dios cuando nos escogió antes de la fundación del mundo, dice Jeremías. Antes de que estuvieras en el vientre te conocí y antes de que nacieras te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

Antes de que nos formáramos en el vientre ya estábamos en los planes eternos de Dios.

En Efesios 1 dice la palabra de Dios que Él estaba pensando en nosotros antes de la fundación del mundo, ya estábamos es sus planes antes de la fundación del mundo.

A veces piensa que tú fuiste una casualidad, que tus padres te desampararon o que fuiste un error en la vida, pero no es así, Dios te formó con un propósito, ya estaba pensando en nosotros cuando nos formó.

Este libro, por ejemplo, tiene un propósito y es enseñarnos lo que Jesucristo hizo y que pagó un precio de sangre por cada uno de nosotros.

En Efesios 1 la palabra de Dios dice que hemos sido bendecidos con toda clase de bendiciones en los lugares celestiales, que nos predestinó, tenía todo en su mente, en su corazón. En el salmo 139 dice: “mi embrión vieron tus ojos”.

Las primeras manos que nos tocaron fueron las manos de Dios. El primer contacto que nosotros tuvimos fue Dios en nuestras vidas.

Vamos por el mundo, estamos en Egipto, divagando entre tantas cosas y cuando conocimos de Dios dijimos: Señor, por qué permitiste que yo me diera tanto contra las paredes.

Yo andaba por el mundo y cuando Jesucristo llegó a mi vida me mostró ese amor incondicional. Dios es el que me llamó, me hablo, me dijo que yo era su sierva. Como dice en Isaías 49, tú eres mi siervo. Yo no sabía qué era sierva, yo no sabía lo que era servir a Dios, no sabía lo que Dios tenía preparado para mí.

Yo le pedía a Dios dame temor en mi corazón porque cuando pecamos es porque no hay temor en nuestro corazón, un pecado por pequeño que sea es grande para Dios, es abominable delante de su presencia.

Lo que los hombres tienen por sublime, para Dios es abominación: una mentira, un chisme, una murmuración es grande delante del Señor, es pecado porque él es Santo. 

Dios nos ha enseñado a discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo santo y lo profano, tenemos ya el discernimiento del Espíritu Santo, pero muchas veces endurecemos nuestro corazón.

Cuántos se acuerdan del llamamiento que Dios les hizo, cuántos se acuerdan que Dios los llamó, evangelistas, profetas, maestros, pastores.

Salmo 107: (leerlo Todo)

Salmo 107: 1

“Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia. Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo”,

Nosotros somos esos redimidos.

Veamos Salmos 107: 43

“¿Quién es sabio y guardará estas cosas, y entenderá las misericordias de Jehová?”

Dios es el único que sacia nuestra alma, lo dice él en su palabra.

Oseas 11: 1 – 4

Dios se compadece de Israel.

“Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios. Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida”.

Muchas veces pensamos que Dios no está al tanto de nuestra situación. Dios nos cuida en todo momento.
Muchas veces se endurece nuestro corazón. 

Dice que por la dureza de sus corazones no le estaban creyendo a Moisés y a lo que Dios decía por medio de él. 

Cuantas veces estamos en angustia y Dios manda y manda palabras diciendo: entrégame tus cargas y yo te bendigo. Y nosotros no escuchamos porque está endurecido nuestro corazón, porque se ha ensoberbecido nuestra vida delante de su presencia.

En el salmo 34 dice: “bendeciré a Jehová en todo tiempo, su palabra e n mi bica estará” dice busqué a Jehová y de todos mis temores me libró.

Dice la palabra que el ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen y los defiende, cómo no amar al Dios tan grande y tan maravilloso que nosotros tenemos.

¿Cómo está tu alma en esta mañana, estará enfocada en ese problema? ¿Ese llamamiento, lo dejaste a un lado  pensando en tus problemas, pensando en los deseos de tu corazón?

Es un privilegio ministrar las cosas de Dios. Estamos enfrascados pidiendo empleo, pidiendo casas, pidiendo carros y se nos olvidó el llamamiento que Dios nos hizo para servirle.

Hemos sido infieles con el Señor porque si no  lo hubiéramos sido ya estaríamos volando en las cosas del Señor. Nosotros somos los que retardamos las cosas de Dios.

Dios no llamó a Pablo para que estuviera persiguiendo la Iglesia, ese no era el propósito de Dios con Pablo. Era mostrarle cuanto era necesario padecer por causa del nombre de Jesús. Pablo era un instrumento precioso en las manos del Señor.

La palabra de Dios dice que si nosotros no nos negamos a nosotros mismos no somos dignos de ser llamados sus siervos.

Cuántas veces predicamos en este altar y viene la prueba a nuestras vidas y ya queremos dejar el llamamiento que Dios nos ha dado. Como siervos de Dios tenemos que servir a Dios en medio de la dificultad, en medio del desierto, en medio de la prueba. Pues sufrimos vituperio por causa del nombre de Jesucristo, pero nuestra fortaleza es el Señor. 

Jeremías 33:3 dice: clama a mí y yo te responderé y te enseñare cosas grandes y ocultas que tú no conoces, pero clama a mí de todo vuestro corazón, porque Dios sí conoce nuestros corazones. 

Salmo 139: 13 -18

“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena; despierto, y aún estoy contigo”.

Cuando Dios llamó a Jeremías, éste le dijo yo soy un niño no sé hablar. Dios le dijo no digas soy un niño porque a todo lo que te mande irás y hablaras.

No podemos nosotros, que somos la vasija, decirle al alfarero qué hace. Quien diseña algo humano como un juguete sabe que puede hacer ese juguete, cómo no va a saber Dios que nos ha comisionado para ser pastores, evangelistas o profetas que nosotros tenemos la capacidad para hacerlo porque la inteligencia y la sabiduría nos es dada por el Espíritu Santo. Solo debemos dar un paso de obediencia, un paso de fe y decir: Señor yo te creo.

Cómo no creerle al Señor que rompe nuestros miedos, nuestras angustias, nuestra timidez porque no podemos hablarle a un pueblo sin el poder del Espíritu Santo. 

Isaías 49: 1-7

“Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria. Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba;  y me dijo: Mi siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré. Pero yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas; pero mi causa está delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios.  Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle a Israel (porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza); dice: Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra. Así ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las naciones, al siervo de los tiranos: Verán reyes, y se levantarán príncipes, y adorarán por Jehová; porque fiel es el Santo de Israel, el cual te escogió”.

En ti me gloriaré. Dios se va a gloriar en nosotros y que las angustias de hoy son nada delante de Dios y  a comparación de la gloria que nos espera.

Nos formó para servirle a él, para adorarle a él, para caminar en pos de él.

Estimado soy a los ojos de Dios. Dios me ha mirado con ojos de misericordia, con ojos de amor porque me ha tenido como valiosa delante de su presencia.

Muchas veces estamos enfocados a agradar al esposo, a la esposa, a la familia y esperamos que ellos nos den valor a nosotros y no nos valoramos a nosotros mismos.

Nosotros somos reyes y sacerdotes. Dios nos liberó de nuestras angustias, rompió cadenas en nuestras vidas, no podemos volver atrás a yugos de esclavitud. 

En el propósito de Dios hay sufrimientos y angustias. Isaías 53 dice:  mi siervo será puesto muy en alto

Quizás estés recibiendo menosprecio, quizás como David que recibió menosprecio de la propia Mical. 

Nosotros nos refugiamos en el enemigo cuando le creemos a las circunstancias, cuando le creemos al problema. El enemigo lo que quiere es desanimarte, pisotearte para que tú entregues lo que Dios te ha dado. 
El enemigo quiere que entregues tu bendición, tu ministerio, la salvación tan grande que Dios nos ha dado.

Si dejamos de orar por nuestros hijos muchas cosas llegan a nuestros hogares. Si no oramos por el pueblo de Dios cuántas cosas llegaran a nuestras vidas.

David un día estaba pastoreando, otro estaba en la cuevas escondiéndose, pero otro día estaba en el palacio gobernando.

José estaba un día soñando, otro estaba en una cisterna, otro estaba en una cárcel.

Nosotros estamos un día bien y otro día llegan tentaciones a nuestras vidas. José fue tentado por la esposa de Faraón, pero él no cayó en esas concupiscencias. Nadie lo estaba viendo, pero él sabía que los ojos de Dios si lo veía.

A veces pensamos que ese sueño está tan lejano.

José siempre vio que la mano de Dios estaba con él, incluso en los momentos difíciles.

No reneguemos de las situaciones que estemos viviendo. Dios quiere que nuestros corazones sean sanados.
Cuando haya sufrido a lo sumo verá el fruto de la aflicción de su alma dijo Jesucristo. No es en vano el sufrimiento ni la pruebas, todo tiene su recompensa.

No importa lo que estemos pasando en este momento, Dios dice que todas esas cosas nos ayudan a bien.
El pueblo de Dios no solo alaba en los momentos buenos sino en todo tiempo, en todo momento, en la escasez, en la abundancia.

Dios quiere que cambiemos esa renegadera. Dios permite muchas veces se levanten contra nosotros para movernos espiritualmente, para movernos el tapete y así busquemos soluciones. 

Cada vez que Dios nos da una promesa hay persecución. El diablo huele y siente que viene bendición a tu vida y pone trabas para que tú no sigas adelante, busca desanimarte.

Génesis 41: 51 – 52

“Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre.  Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción”.

Dios no hace olvidar nuestras angustias. 

¿Si no hay aflicción cómo va a sacar Dios el fruto de nosotros? ¿Si no tenemos esos vientos esas tormentas cómo vamos a adquirir esa paz que sobrepasa todo entendimiento?

Cristo va en nuestra barca y él calma esas olas, el calma esos vientos.

Jacob amaba a José más que a todos y le hizo una túnica de colores. El enemigo sabe que tenemos un llamamiento santo, que somos hijos del gran rey, que somos sus sacerdotes, que somos sus ministros. 

Los hermanos de José, que lo aborrecían, lo primero que hicieron fue quitarle la túnica de colores. A Jesucristo le cambiaron la corona que tenía de toda majestad, por una corona de espinas. Porque así lo quiso él y así lo permitió y porque era el propósito eterno de Dios.

Así le haya quitado la túnica de colores no dejó de ser un príncipe.

Puede que las circunstancias de la vida nos hayan quitado la túnica de colores, pero no dejamos de ser príncipes del pueblo de Dios, no dejamos de ser siervos de Dios que nos llamó. Somos siervos de Dios viviente.


domingo, 27 de diciembre de 2015

En el desierto te conocí



Sabemos que en el desierto no hay nada, en el desierto hay sequedad, hay soledad, animales y gente muere allí por falta de agua, los árboles se secan, todo allí es seco, No hay nada en ese lugar. Dios dice que en el desierto nos ha conocido. 

Oseas 13: 4- 5

“Mas yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto; no conocerás, pues, otro dios fuera de mí, ni otro salvador sino a mí. Yo te conocí en el desierto, en tierra seca”. 

Muchas veces decimos que amamos a alguien, pero cuando llegan esos momentos de calamidad, ahí se nota si verdaderamente amamos a esa persona. ¿Cuántos matrimonios se separan cuando llegan los problemas financieros o una enfermedad? No había amor porque el amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
Ahí nos damos cuenta si realmente amamos a esa persona, nos damos cuenta si el pacto que hicimos fue frente a Dios y vamos a caminar en fidelidad.

Dios le pregunta a su pueblo en Isaías: “he sido yo un desierto para ustedes”. ¿Ha sido, Dios, como nada para nosotros? Dios no es desierto, por el contrario Dios suple en medio del desierto. En medio de la dificultad, Dios es la fuente de agua viva. 

Dios dijo a Faraón: deja ir a mi pueblo para que me haga fiesta en el desierto.

Éxodo 5: 1-3

“Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto. Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel”.

Quién puede hacer fiesta en un desierto. La palabra de Dios dice que el Reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino en justicia, paz, gozo en el Espíritu Santo.

El salmo 23 lo dice también: “Aderezas mesa delante de mí en medio de mis angustiadores, mi copa reboza”
Dios nos está aderezando mesa en medio de la angustia por medio de su palabra, ahí está Dios dándonos ánimo.

Aderezar es adornar, preparar, condimentar. El aderezo es lo que se echa a la comida para darle sabor.
El aderezo es un gusto que el Espíritu Santo le da a su palabra. Si nosotros oímos esta palabra y no la recibimos en nuestro corazón simplemente es palabra muerta.

Cuando esa palabra entra en tu corazón y cobra vida en ti y halla cabida en tu corazón te das cuenta de que Dios está al tanto.

Era el pueblo de Dios, le dijo deja ir a mi pueblo. Faraón se estaba enseñoreando del pueblo. Dios  hizo la naturaleza para que el hombre se enseñoreara de ella. Pero es la naturaleza la que se enseñorea del hombre y el hombre del mismo hombre, dañando la bendición que Dios nos ha dado. 

Cada vez que nos reunimos no venimos a un velorio, venimos a una fiesta, no venimos a un Dios derrotado, venimos a un Dios que hace maravillas. Debemos tener esa actitud en medio de nuestros quebrantos venimos a adorar a Dios. Yo le alabo en medio de mi quebranto, en medio de la enfermedad, en medio de la escasez.

Tenemos que cantar sabiendo al Dios que estamos adorando que si hizo un milagro ayer lo hará hoy y siempre.

Las lágrimas que hemos derramado en oración son sinceras delante de Dios. En la calamidad es donde se ve si lo que estamos predicando es de corazón o solamente es de labios para afuera. Porque cuando estamos en angustia, Dios nos recuerda la palabra, tú dijiste, tú predicaste tal cosa. Dios nos ayuda a estar firmes si se lo pedimos. 

Vamos a leer por qué Dios nos lleva al desierto en

Oseas: 2: 14

“Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón”.

En los momentos de desierto y en los momentos de angustia es cuando Dios más habla a nuestro corazón. Cuando estamos ahí dependemos de él más, aprendemos a confiar, que todo depende de Él, que solo de Él depende mi restauración, mi sanidad. 

A Dios le interesa de nosotros nuestro corazón. 

Deuteronomio 8: 1 – 20

Abre tu corazón y a través de cada palabra, el Espíritu Santo te va a revelar las cosas.

Deuteronomio 8: 1-2

“Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.  Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos”. 

Mira que dice 40 años en el desierto. Cuando moisés llegó donde Faraón le dijo que para que le hiciera fiesta en el desierto y le dijo que irían camino de 3 días. 

Yo conozco personas en Cristo que desde que las conozco están en el desierto. Esa no es la voluntad de Dios. Dios ha prometido sustentarnos, levantarnos.

El pueblo divagó porque murmuraban porque se quejaban. Entre más nos quejemos, menos cambiará nuestra situación, pero si en medio del desierto lo alabamos y nos regocijamos en Él, si nos acordamos de sus maravillas, nuestra situación seguro cambia. 

Cuando robaron al pueblo y el pueblo quería apedrear a David, éste se acordó de que Dios había derrotado gigantes, había cerrado la boca de osos.

Yo le puedo decir: entro al lugar santísimo, tú eres mi roca, tu eres mi castillo, Él prepara fiesta en el desierto.
En la palabra de Dios nos dice mis pequeños yo llevo sus cargas. Viene una promesa de Dios.

Quien puede hacer brotar agua en el desierto: solo Dios, dice la palabra que el convierte en sequedad los ríos y en agua la sequedad. 

Lo vil y menospreciado escoge Dios para avergonzar aquellos que se dicen ser. 

Como siervos de Dios y viene una prueba, Dios ve si hay fidelidad en nuestro corazón. Si hay prueba tenemos que seguir adelante poniendo la mirada en Dios, no en el problema.

Deuteronomio 8: 3

“Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”. 

Vea lo bonito de esta revelación: te hizo tener hambre y te sustentó. Esto fue lo que pasó en el desierto con Jesucristo y Cristo le cito este pasaje al Satanás.

Cristo estaba fortalecido.

Dios nos dio el Espíritu Santo para que no digamos: es que me dejé llevar de la tentación.

Podemos tener muchas cosas, pero si no está su presencia en nuestras vidas no hay nada. 

Hay que cuidar la unción porque cuando la dejamos perder, solo la misericordia de Dios nos puede volver a levantar. 

En Habacuc dice que aunque las vides no florezcan, aunque la higuera no de fruto, con todo eso me alegraré en Jehová. ¿Sera que en la carestía si nos alegramos en Jehová?

Que todo falte menos su presencia. A veces buscamos la bendición de Dios, pero no buscamos el Dios que hace maravillas.

Deuteronomio 8: 4

“Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años”.
 
Tenían fuerzas para seguir caminando.

En II corintios 8 dice que había una iglesia que estaba pasando tribulación y angustia, pero que abundaba en gozo. Se puede tener gozo en gran tribulación y angustia solo cuando estamos llenos del Espíritu Santo, cuando estamos pensando en lo espiritual, en lo que Dios nos ha mandado hacer, cuando estamos pensando en sus promesas, confiados ahí.

Cuando la presencia de Dios llena el templo, cuando estamos realmente en la presencia de Dios uno no quiere salir de ese lugar. La presencia de Dios debe ser de continuo en nuestras vidas. 

Deuteronomio 8: 5-7

“Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole.  Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes;”

Acuérdate del camino que recorriste para valorar la bendición de Dios.

Deuteronomio 8: 8 -9

“…tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel; tierra en la cual no comerás el pan con escasez, ni te faltará nada en ella; tierra cuyas piedras son hierro, y de cuyos montes sacarás cobre”. 

No comerás el pan con escasez ni te faltará nada. 

En el desierto no le faltó nada al pueblo de Israel, Dios les envió su provisión allí.

A veces somos desagradecidos y como no es lo que nosotros queremos no valoramos lo que Dios nos da.
Dios sabe que es lo que nuestra alma necesita y qué es lo mejor para nosotros.

Deuteronomio 8: 10- 

“Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado.  Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy;  no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites,  y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente;  y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre;…” 

Dios está cuidando nuestro corazón. Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón dice en proverbios.

Deuteronomio 8: 15

“… que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal;  que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; “

Que no se te olvide esto.

En romanos 8: dice que para los que aman a Dios todas las cosas ayudan a bien.

En estos lugares desierto Dios ama nuestro corazón y nos enseña nos guía en lo que debemos hacer. Dice Deuteronomio 32: 10 que Él guardó el pueblo de Israel como a la niña de sus ojos. Él peleo contra sus enemigos. El avergüenza a los enemigos.

El salmo 121 dice que tu guardador no duerme ni se fatiga.

En este momento no sé qué desierto estás pasando en tu vida, pero Dios nos está guardando 

Isaías 43: 15 – 21

“Yo Jehová, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey.  Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados. No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido. Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará”.

No traigas a memoria lo pasado. Dios dice yo hago cosas nuevas, yo abro caminos en medio del desierto. El Señor está diciendo: “lo que hice ayer con el pueblo de Israel lo hago hoy en tu vida” no importa el desierto por el que estés pasando.

Dice otra vez, o sea que no solamente pasó una vez. Muchas veces ha pasado en nuestras vidas que hemos visto como sea abre el mar cuando faraón está detrás y el mar adelante y no vemos salida para ningún lado.

Salmos 71: 6

“En ti he sido sustentado desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; de ti será siempre mi alabanza”.

El cordón umbilical sustenta al bebé y eso lo hizo Dios y Dios sustenta a la madre. Dios piensa en cada detalle.

Si nos sustentó desde siempre ¿no nos va sustentar ahora?

Dice cómo no alabarte, Señor. 

Dios permitió que estuviéramos hoy aquí escuchando su palabra con un propósito eterno. 

Se dan cuenta como cuando se lee la palabra la fe se activa.

Salmos 23: 4 – 5

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; u vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”.

Nos infunde aliento su palabra.

No nos debemos dejar afligir por lo que pasa porque si estamos en la presencia del Señor las cosas del mundo no nos deben dejar afligir. 

Isaías 44: 2 – 3

“Así dice Jehová, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre, el cual te ayudará: No temas, siervo mío Jacob, y tú, Jesurún, a quien yo escogí.  Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos;”

Abrógate esta promesa que Dios nos da hoy. Pues no solamente serás bendecido tu sino toda tu casa.