martes, 5 de abril de 2016

Ordena tu casa



Cuando en mi vida espiritual, yo estoy bien, mi vida está ordenada, todo se refleja en mi cuerpo. 
 
Lucas 11: 24 – 26

“Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. Y cuando llega, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”.

Cuando Jesucristo viene a la vida del hombre viene a hacer una transformación, vienen a hacer un cambio en nuestras vidas.

Cuando se hace una liberación su casita espiritual queda limpia, queda bellísima para que se llene con la palabra de Dios.

Dios quiere que nos mantengamos limpios. Que por el Espíritu Santo llenemos nuestra alma de oración, de palabra, de alabanza.

Es una guerra y no nos podemos quedar quietos, es una guerra porque el enemigo no quiere que su casa, la casa del Señor, se llene de su palabra, porque esa casa antes era de él, del enemigo, y él quiere reclamar lo que antes le pertenecía.

Nos toca nosotros pararnos en la raya, tenemos que decidirnos totalmente de que esta casa se llena de la gloria de Dios.

Si Dios hace una limpieza, pero nos descuidamos y caemos en pecados y no nos arrepentimos el enemigo viene a tomar posesión, viene a reclamar su casa porque le abrimos las puestas a él. 

Satanás no pide permiso usted se lo dio abriendo las puertas al pecado. 

Génesis 1: 1 – 6

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”. 

No creamos que porque venimos a un grupo de oración, o porque leemos mucho la palabra estamos bien, el estar bien es hacer la palabra de Dios y dar el fruto del Espíritu Santo. 

La palabra de Dios tiene que estar viva

Dios siempre ha pensado en nuestro bienestar nuestro. Dios pensó en darle un orden en el cielo. Vino a nuestras vidas para que estuviéramos bien, para hacer un cambio en nuestras vidas. 

Dios creó la tierra para que el hombre gobernara en ella. Para que el hombre se enseñoreara de ella, no el enemigo.

Antes de conocer a Cristo estábamos vacíos, pero Dios empezó a llenarla. 

Después de conocer a Cristo no tenemos por qué sentirnos tristes, solos y vacíos. 

El único que llena ese vacío es Jesucristo.

Antes de tener a Cristo no había sino tinieblas, ahora se ven personas rejuvenecidas.

La presencia de Dios se movía en todo y si se mueve en la creación como no se va a mover en nosotros que no solo somos creación sino hijos.

Dijo Dios “Sea la luz y fue la luz”. Y dijo Dios seas tú libre y fuiste libre.

Juan 8: 12

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

Jesucristo es la luz del mundo, ¿por  qué en nosotros no se está reflejando la luz?

Si él dice que el que le sigue no andará en tinieblas, ¿por qué muchas veces andamos de tumbo en tumbo y no nos sale nada?

Si andamos con él tendremos el respaldo de Dios.

Juan 12: 46

“Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas”.

¿Por qué todavía permanecemos en pecados?

Si andamos con Cristo él nos muestra el error para que lo saquemos de nuestras vidas.

Si la palabra no transformara la vida del hombre, Cristo no había venido a dar la vida por nosotros.

Tiene tanto poder la palabra que miremos como es de rechazada, el diablo se opone a que recibamos palabra.

Todo el que cree en Cristo el Señor, no permanece en tinieblas, donde debe haber pequeñas.

Si esto no tuviera poder en vano hubiera ido Cristo a la cruz.

Si él lo hizo es porque tenía gran poder, tiene tanto poder que veamos como es de atacada su palabra, tiene tanto pode que miremos como el diablo se levanta cuando hacemos guerra espiritual. Como se levantan los brujos y como se levantan los mismo infiernos cuando nosotros nos levantamos en oración, en poder, en santidad. 

Todo aquel que cree, nosotros hemos creído entonces por qué las zorrillas siguen enseñoreándose de nosotros. Un solo pecado pequeño deja en tinieblas nuestras vidas y eso hay que sacarlo.

Isaías 38: 1-2

“En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová,”

Vino una orden del Señor. Dios habla para nuestra vida espiritual.

Que cuando él disponga de nuestras vidas estemos preparados. En cualquier momento viene el arrebatamiento o Dios nos llama a su presencia, que no nos sorprenda esto. 

Que sentiría este rey cuando le dieron esa noticia, si sigue leyendo ve que él se puso muy triste y empezó a llorar.

Cuando Dios nos dice: “salga de ese pecado”, posiblemente no nos alegramos porque estábamos muy cómodos en la carne. A la carne le duele esos llamados de atención de Dios.

Cuando el Rey recibió esa noticia se volvió a la intimidad con Dios. Se volvió al arrepentimiento. Y más adelante dice que Dios escuchó su oración. La oración si es válida. 

A veces oramos y clamamos y parece que la respuesta no llegara, pero seguro que llegará, así como le llegó a este rey. Siempre hay respuesta. 

Vemos en la lectura que no había salido Isaías de palacio cuando Dios le dice: “vuelve a Ezequías y dile que le concedo 15 años más de vida”.  

Cómo sería la comunión que el profeta tenía con Dios, a esa comunión es a la que Dios nos está llamando para que seamos sensibles a su voz. Para que esto suceda hay que ordenar la casa. Dios no puede glorificarse en una casa sucia, en una casa donde no hay sino pecado. 

Clama, Él oye. “Clama a mí y yo te responderé y te enseñare cosas grandes y ocultas que tú no conoces”, dice el Señor. Cuando no hay una verdadera comunión con el Señor, él no puede revelarnos lo oculto.

Marcos 12: 29-30

“Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”.

El Señor uno es. 

Para ordenar la casa necesitamos poner a Dios en el primer lugar. Si Dios no está en el primer lugar, la vida, la casa no está en orden. 

En nuestros corazones a veces ponemos al cónyuge, al hijo o a otras personas o cosas en el primer lugar. 

El principal mandamiento es ponerlo a él primero y no hay excusa para no amarlo a él con todo nuestro ser. Porque él nos amó primero.

El primer lugar es de Dios.

Tenemos que reparar el altar de Dios, el tabernáculo de Dios que somos nosotros.

Yo me paro hoy en esta palabra y muéstrame el desorden que hay en mi casa, en mi vida y partir de hoy empezaré a ordenar mi casa, mi vida.

Nos toca a nosotros ordenar lo que está desordenado. No sabemos en qué momento vamos a partir.

martes, 22 de marzo de 2016

La fe que nos asiste y que nos diferencia



1.       Jesús autor de la fe

La fe nuestra debe ser distinta. Algunos estuvimos en denominaciones y poníamos los ojos en los líderes y no en Jesucristo. Por eso es que la fe de nosotros debe ser distinta y diferente. No es que seamos los únicos y los mejores, no. La iglesia de nuestro Señor Jesucristo está diseminada por todo el mundo. Así como nosotros, se reúnen en casa como lo hacían los primeros cristianos. 

No hay líderes que obedecer, acá obedecemos al Espíritu Santo de Dios.

Hebreos 12:2

“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

Puestos los ojos en Jesús, no en el hombre. El Señor utiliza seres humanos, para llevar la palabra, en alabanza, en clamor, en intercesión. Así Dios los utilice muy lindo no pongamos los ojos en esas personas sino en Jesús, en Dios.

El Señor puede utilizar a cualquier de nosotros en milagros, en sanidades, en liberaciones. Pero los seres humanos podemos fallar. Cristo no nos falla y debe ser nuestro modelo.

Si Dios nos utiliza pidámosle a Dios que no nos deje llenar de orgullo, que no dejemos que nos den la gloria a nosotros, que siempre declaremos que la gloria y la honra son para Jesucristo.

2.       Por qué Jesús es el autor de la fe

Romanos 10: 17

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.

Se obtiene fe cuando se oye la palabra de Dios. Obtuvimos fe porque alguien nos habló de la palabra de Dios, de Jesucristo. En mi caso oí de Jesucristo en mi casa, en el colegio, con errores, pero tuve la noticia de la existencia de Jesucristo. Luego a través de la Biblia y de otras personas hemos ido corrigiendo errores de nuestra fe.

Miremos también a

Juan 1:1

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.

Diccionario dice que   Verbo: 1. m. Sonido o sonidos que expresan una idea.

Verbo es sinónimo de palabra.

Cristo era en el principio y sigue:

Juan 1: 2 -3

“Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Estas dos ideas no muestra que Jesús es el autor y consumador de la fe.

Jesucristo es el autor, es el que invento la fe. Y pronuncio la palabra y todo fue hecho por él y en génesis dice que Dios dijo: “hágase y se hizo”. Confió en que pronunciando la palabra las cosas se hacían, por esto último Cristo, desde el Génesis, y cuando estuvo en la tierra y ahora fue, es y será el consumador de la fe. 

3.       Consumador de la fe

Filipenses 2: 5-11

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;  y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;  y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.

Jesucristo Actuó por fe. La escritura está llena de pasajes donde se muestra que Cristo fue consumador de la fe, actuó por fe, pero este pasaje nos da una muy buena visión de eso.

Dice que no estimo el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, cuando estuvo en la tierra se despojó del hecho de ser Dios. Lo que hizo en la tierra no lo hizo por ser Dios, sino por su permanente contacto con el Espíritu Santo a través de la oración. Su contacto permanente con el Espíritu Santo le permitió hacer todo lo que hizo, por eso sea atrevió a decirnos: “cosas más grandes que estas haréis”. La haremos si tenemos un contacto adecuado con el Espíritu Santo.

Jesucristo como siervo se diferencia de nosotros en que él no pecó.  

4.       Qué es la fe

Hebreos 11:1

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

Certeza y convicción. Llamar las cosas que no son como si fueran.

Yo te creo Señor que tú me vas a dar lo que necesito. Por mucho que se demore siga declarando en fe.

El poder de la oración es muy grande, pero la angustia borra el poder de la oración. 

La angustia mide la distancia a la que estamos de Dios.

Hebreos 11: 2- 3

“Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”. 

Muestra una vez más que es consumador de la fe. Por la fe todo fue hecho.

Hebreos 11: 4

“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella”.

Por la fe lo hizo con amor. Es como cuando venimos a la oración por cumplir con alguien, no a buscar a Dios. 

Hebreos 11:5

“Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios”.

Todo esto nos puede ocurrir a nosotros podemos ser transpuestos. Nosotros acá estamos agradando a Dios.

Hebreos 11: 6

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. 

No puedo agradar a Dios sin creer en él. Es necesario creer que él existe y además creer que él es galardonador de tos los que le buscan. La salvación es un regalo de Dios, yo la acepto. Además hay galardones por buscarlo. Significa que no solo nos regala la fe sino que si la aceptamos y lo buscamos él nos da un galardón.

Hebreos 11: 7

“Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe”. 

No llovía, las plantas se alimentaban por el rocío. Dios le dice va a llover y él le creyó a Dios y se salvó y condenó a los que no creyeron. Nosotros por la fe seremos herederos de Justicia.

Hebreos 11: 8

“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”.

Abraham era el padre de la fe. Salir de donde estaba cómodo y por la fe obedeció. Muchos de nosotros estábamos en una religión y Dios nos dijo: “Salga de esa comodidad de esa religión y venga sírvame como yo quiero que lo haga en un grupo de oración”. Eso es algo similar a lo que le pasó a Abraham.

Hebreos 11:9

“Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”. 

Sabía Abraham que la recompensa era muy grande. La fe era tal que él sabía que no iba a sacrificar a su hijo. Con el cuchillo en alto y sabía que no lo iba a sacrificar.

Sara 11: 11

“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar”. 

100 años tenía Abraham y Sara 90.

Hebreos 11: 13

“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.

Ellos no vieron la tierra prometida por su pecado, idolatría y poca fe.

Hebreos: 11 14 - 16

“Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria;  pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad”.

Así somos nosotros a veces creemos a veces no.

Cuando le creemos a Dios las cosas llegan. 

Nosotros somos muy importantes para Dios, somos tan importantes que envió a su hijo Jesucristo para que muriera por nosotros y darnos la salvación, tenemos un precio muy alto: la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, ¿no nos va a conceder Dios lo que queremos?

Además dice la Escritura que “si ustedes que son malos dan cosas buenas a sus hijos que podrá hacer vuestro Padre celestial”. 

5.       La fe es un regalo de Dios

Efesios 2: 8 - 9

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

La fe es un don de Dios. Si no la tiene pídala a Dios.

Conclusión 

La fe es importante, pero la fe en Jesucristo no en los líderes.

I Tesalonicenses 5: 21

“Examinadlo todo; retened lo bueno”.

Para retener lo bueno hay que tener discernimiento.

Volviendo a Hebreos 12: 2

El cual por gozo puesto delante de él menospreció el oprobio.

Lo que nos espera es muy grande que podemos menospreciar el oprobio. Tengamos por gozo las pruebas. Entre más pruebas superadas, más grande es el galardón.

domingo, 20 de marzo de 2016

Restauración total



Si usted se dispone ante esta palabra va a ver una restauración total en su vida, en su hogar, en su empleo. Si crees esta palabra va a ver una restauración total en su vida. 

Jeremías 15: 19 – 21

“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová. Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes”.

Este versículo, el Señor, lo ha traído por medio de muchos vasos. Si lo vuelve a traer es porque Dios quiere que lo recordemos siempre. 

Estos caminos del Señor no son fáciles, son duros, si fueran fáciles esto estaría lleno a reventar. Al mundo le cuesta renunciar a todas las atadura. Al que venciere Dios le dará la corona.

Si te convirtieres yo te restauraré. Que donde vayas seas bendición y lo que toquen tus manos sea de bendición.

1.       Arrepentimiento genuino

Para que haya una restauración total tiene que haber un verdadero arrepentimiento. Sin arrepentimiento no hay restauración total.

Salmo 51: 1- 12

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría,  se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.  No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente”.

Que el Señor borre todos lo malo que hay en nuestros corazones para que podamos recibir esta restauración total.

Con este salmo puedes pedir perdón a Dios y si lo haces de recto corazón, él te perdonará.

Apocalipsis 3: 15 – 18

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.

Si eres tibio pídele perdón a Dios. 

En una religión entras y sales. Y de pronto haces lo mismo en un grupo de oración como éste. Y eso no es o no debe ser así.

Uno puede no tener una moneda, pero espiritualmente lo tenemos todo.

Al que dice tener y no tiene a Cristo la escritura le dice miserable y pobre y desventurado.

Las riqueza no les están negadas a los hijos de Dios, por el contrario él nos sobreabunda (Deuteronomio 8:18), pero no debemos poner la mirada en las riquezas, en el dinero, si lo tenemos. Debemos poner los ojos en Dios.

Dios nos castiga puesto que nos ama. Con esto se rebate un argumento de la nueva era y de algunas denominaciones que dicen que Dios no castiga. 

Cuando Dios nos castiga es por nuestra culpa, por nuestra responsabilidad.

El que es de Dios, es de Dios y él lo trae a sus pies como sea.

2.       Humillación

I Pedro 5: 6 – 7

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”.

No es en el tiempo mío sino en el de Dios.

Nos humillamos delante los impíos, nos humillamos delante de Dios.

Él tiene cuidado de todos nosotros. Él sabe cuáles son nuestras necesidades.

Deuteronomio 26: 16 – 19

“Jehová tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y decretos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma. Has declarado solemnemente hoy que Jehová es tu Dios, y que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus decretos, y que escucharás su voz. Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, de su exclusiva posesión, como te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos;  a fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y gloria, y para que seas un pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho”.

En una palabra esto es obediencia.

Para que haya una restauración total en nuestra vida Dios nos manda a que cumplamos sus estatutos y decretos.

Repite conmigo: “yo declaro solemnemente hoy, que Jehová es mi Dios y que andaré en sus caminos, que guardaré sus estatutos, sus mandamientos y decretos. Que escucharé su voz por toda la eternidad y que nunca más me apartaré de ti. Hago pacto hoy contigo de una restauración total y arrebato 77 veces siete todo lo que Satanás me ha quitado y declaro que todas mis bendiciones son para mí, para disfrutarlas con mi familia si tú lo permites, gracias, Señor”.

Lo que acabamos de hacer una cosa muy importante, porque al Señor no le podemos incumplir los pactos. Hubiera sido mejor no hacerlo.

3.       El pacto renovado

Hacemos un compromiso de restauración total.

Éxodo 34: 1 – 10

“Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste. Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte. Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte. Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra. Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.  Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró. Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad. Y él contestó: He aquí, yo hago pacto delante de todo tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Jehová; porque será cosa tremenda la que yo haré contigo”.

El pacto es con cada uno de nosotros, el Señor lo está sellando en el versículo 10. Hará maravillas con cada uno de nosotros, si cumplimos. Gracias Señor por este pacto que hoy sellamos contigo, no permitas que volvamos atrás. Llénanos de ti. Que te pongamos siempre en el primer lugar. Que tú seas nuestra restauración total, Te amamos, Señor. Me la llevo hoy toda con esta palabra, restauración total, espiritual, financiera, familiar, lo que tú quieras hacer, Señor. Bendito seas, Señor, santo, santo, santo es tu nombre. Sé celoso con nosotros y disciplínanos si nos tienes que disciplinar. No permitas que nuestras almas se pierdan.

Levítico 26: 9

“Porque yo me volveré a vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré, y afirmaré mi pacto con vosotros”.

4.       Consignar

I Tesalonicenses 5: 6

“Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios”.

Los demás son los que no buscan a Cristo.

En el trabajo o caminando por ahí podemos orar y repetir versículos de la Biblia.

I Tesalonicenses 5: 16 – 18

“Estad siempre gozosos. Orad sin cesar.  Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.

Pase lo que pase  que el dolor no nos quite el gozo. Pidámosle a Dios que nos quite la angustia y la tristeza cuando nos pase algo.

Tenemos que consignar oración a la cuenta del Reino de los cielos.

5.       Vida Eterna

Un regalo, un tesoro, es una maravilla

Apocalipsis 2: 7

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”.

Queremos esto, una restauración total comiendo del árbol de la vida.

Apocalipsis 2: 17

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”.

Apocalipsis 2: 26

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,”

Al que venciere. No al cobarde, no al que pierda. Al que se esfuerce, al atrevido, al que arrebate.

Apocalipsis 3:5

“El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”.

Queremos estar con esas vestiduras. 

Apocalipsis 3: 12

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”.

Apocalipsis 21: 7

Con este versículo sellamos esta palabra, vamos a leerlo todos en voz alta, al unísono.

“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”.