domingo, 15 de noviembre de 2015

La generosidad de Dios en la naturaleza



Salmo 65

“Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios, y a ti se pagarán los votos”.

La alabanza es de Dios, es para Dios, no es para nosotros. No nos podemos presentar de cualquier manera a la alabanza porque ésta es toda para Dios. Si Dios es excelso la alabanza tiene que ser excelsa.

En medio de sus suelos es la alabanza, en tus suelos, en tu heredad. 

Dios no mira la apariencia del hombre, Dios mira es un corazón contrito y humillado.

Cuántas veces hemos prometido a Dios alabarle en los momentos de prueba, de dificultad, de escasez, pero también en la abundancia. Sin embargo cuántas veces hemos faltado a esos votos. Cuántas veces hemos puesto la mirada en el ser humano y no en Dios

Versículo 2 

“Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne”.

Dice que Dios oye la oración y la alabanza de su pueblo

Versículo 3

“Las iniquidades prevalecen contra mí; mas nuestras rebeliones tú las perdonarás”.

Él perdona nuestras faltas cuando somos sinceros delante de Él. Dios ama esa sinceridad, cómo te sientes, como eres. Cuando venimos ante Dios con cara descubierta, sin reservas, entonces Dios puede actuar en nuestras vidas, entonces Dios puede perdonar nuestras iniquidades. 

David pecó, pero se arrepintió de corazón.

Por la sangre de nuestro Señor Jesucristo, el Padre nos ve perfectos. 

Versículo 4 

“Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, para que habite en tus atrios; seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo”.

Es n amor hacia las cosas de Dios, feliz el que Dios ha traído. Decimos en la alabanza: “una cosa he demandado a Jehová, que esté yo en la casa de Jehová siempre”. 

David entendió cuando entró en el lugar santísimo, en el lugar de su presencia. 

Cuando nos alejamos de su presencia, perdemos el gozo y la paz en nuestro corazón porque en lugar de estar en el lugar santísimo para que Él nos fortalezca y envíe su luz, nos pegamos de noticieros, de lo que dice el mundo.

Las noticias de Dios son nuevas, las buenas nuevas todos los días. Son de salvación para nuestras vidas, para que nuestras almas no se pierdan. 

La palabra dice que cuidemos esta salvación tan grande con temor y temblor. Que cuidemos mucho las cosas que Dios nos da. Cuidamos tantas cosas y será que así cuidamos las cosas que Dios nos ha dado, ¿cuidamos el ministerio?

Seremos saciados del bien de su casa. En la casa de Dios no hay pecado, no hay miseria, no hay dolor, no hay enfermedad.

El hijo pródigo volvió a la casa porque sabía que en la casa de su padre no faltaba nada. 

Versículo 5 

“Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, oh Dios de nuestra salvación, esperanza de todos los términos de la tierra, y de los más remotos confines del mar”.

En el tiempo de Dios se hacen todas las cosas, todo tiene su tiempo y su hora. Este es el momento en el que Dios nos está trayendo su palabra para que nosotros descansemos en su presencia.

A veces tomamos la palabra de Dios como una carga cuando Él dice en su palabra que sus mandamientos no son gravosos. Se vuelven carga cuando no está ese primer amor en nuestras vidas. 

La iglesia de Éfeso hacía muchas cosas, pero en Apocalipsis  se le dijo: “pero tengo contra ti que has dejado el primer amor”, ese primer amor es ese fruto en nuestras vidas. 

Hay que pedirle a Dios que nos dé temor de Dios, el temor de Dios nos impulsa a amarle, a seguirle, es el principio de la sabiduría, es el que nos enseña a aferrarnos a Él, a remendar lo que está roto, lo que está quebrado.

La palabra dice: “mejor es obedecer que los muchos sacrificios”.

Hay que pedirle a Dios que nosotros podamos obedecerle. ¿De qué nos sirve congregarnos y cantar muy bonito si hay algo en lo cual no estamos obedeciendo a Dios?

Dios nos responderá en justicia porque hemos sido justificados en la sangre preciosa de Jesucristo. 

“Todo lo que pidieres en mi nombre creyendo lo recibiréis” dice Jesús.

Señor tu eres mi esperanza.

Perdemos la paz porque no permanecemos en Él, porque no somos constantes con Él. 

Cuando entregamos el día al Señor tenemos un buen día, no es que se quiten los problemas sino que tenemos mucha paz. Pero cuando dejamos de orar nos exaltamos más fácilmente, salen palabras de maledicencia de nuestros labios. Esto porque le falta aceite a la lámpara, falta su presencia en nuestras vidas. 

Versículos 6 - 7

“Tú, el que afirma los montes con su poder, ceñido de valentía; el que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas,  el alboroto de las naciones”.

Cuántos mares se han levantado en nuestras vidas, Dios es el que nos sostiene en todo problema, en toda dificultad, Él es nuestra paz en medio de la tormenta.

Versículo 8 

“Por tanto, los habitantes de los fines de la tierra temen de tus maravillas. Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde”.

A la presencia de Dios tiembla la tierra. 

Dice su palabra que Dios no puede ser burlado.

Dios es nuestra alegría y nuestro gozo. 

Versículo 9

“Visitas la tierra, y la riegas; en gran manera la enriqueces; con el río de Dios, lleno de aguas, preparas el grano de ellos, cuando así la dispones”.

Gracias a Dios por todo eso. 

Dios enriquece la tierra para poner alimento en nuestra mesa.

Dios no llega antes ni después, llega en el momento precioso. Cuando los agricultores siembran esperan con fe el fruto de su trabajo. Así nosotros cuando venimos a este lugar a orar, esperamos respuestas.

Con el río de bendición de Dios, con agua de bendición. Es cuando Dios quiere, cuando lo dispone.

Versículo 10 - 11

“Haces que se empapen sus surcos, haces descender sus canales; la ablandas con lluvias, bendices sus renuevos. Tú coronas el año con tus bienes, y tus nubes destilan grosura”.

Muchos creen que la bendición es solo para un tiempo determinado, pero aquí dice que Dios corona el año, todos los días del año la bendición es sobre su pueblo, sobre nosotros, sobre nuestros graneros, sobre lo que hacemos, sobre nuestros hogares.

Dios es un eterno presente y reina y vive para siempre.

Si Cristo está en nuestras vidas dice que hay un pago para cada uno de nosotros, que hay recompensa, que hay un pago, que este trabajo en Dios no es en vano.

Dios te paga incondicionalmente, no espera nada a cambio de ti. Es muy misericordioso y nos da más de lo que merecemos.

Arrebata el reino de los cielos porque nos pertenece, decimos: “yo soy más que vencedor en Cristo Jesús”.
Dios ha cambiado muchas cosas en nuestra vida y lo seguirá haciendo.

Versículo 12 - 13

“Destilan sobre los pastizales del desierto, y los collados se ciñen de alegría. Se visten de manadas los llanos,  los valles se cubren de grano; dan voces de júbilo, y aun cantan”.
La creación se goza.

Apocalipsis 2: 1 – 5

“Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”.

Muchas veces creemos que nos la sabemos todas, pero Dios nos recuerda que al principio, pedíamos todo a Dios.

Que ese primer amor esté en nuestras vidas.

Para que Dios se vuelva a nosotros tiene que haber un arrepentimiento genuino, un volvernos a Dios.

A veces hacemos oraciones equivocas, no conforme a la voluntad de Dios.

David ayunó y oró varios días cuando el profeta le anunció que su hijo moriría, pero David oró en contra de la voluntad de Dios.

Es bueno tener sueños y anhelos, pero conforme a la voluntad de Dios. Muchas veces anteponemos los sueños nuestros ante los sueños de nuestro Dios. 

Hay que pedirle a Dios que sea conforme a sus planes y a su voluntad.

El evangelio no se vende, la palabra de Dios se predica como está escrita. Que nosotros no nos dejemos intimidar porque alguien tiene un cargo muy grande y por eso le suavicemos el evangelio, no. 

Pidámosle a Dios que limpie nuestras vidas de todo orgullo.

Dios dice que nos rejuvenece y nos levanta como a las águilas. 

Juan 15: 1 – 8

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”.

Si llevamos mucho fruto glorificamos al Padre. Cuando andamos en el fruto estamos glorificando el nombre de Dios.

Gálatas 5: 16 – 25

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros”.

Una cosa es practicar el pecado y otra es resbalarse y caer.

No satisfagáis los deseos de la carne, el que se constituye en amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios.

Si decimos que somos hijos de Dios andemos como hijos de Dios haciendo la voluntad del Padre. 

Tratemos a nuestra familia física y espiritual con honra.

Gálatas 6: 1

“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.

Muchas veces miramos la paja en el ojo del otro y no vemos la viga en el nuestro. 

Que le permitimos al Espíritu Santo escudriñar en nuestras vidas para que podamos llevar fruto con perseverancia, porque el fruto es en todo momento.

Filipenses 2: 15

“Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Agresivos para la conquista



Miqueas 5 lo vimos el domingo pero lo vamos a repasar

Miqueas 5: 7 – 9

“El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el rocío de Jehová, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan a varón, ni aguardan a hijos de hombres. Asimismo el remanente de Jacob será entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como el león entre las bestias de la selva, como el cachorro del león entre las manadas de las ovejas, el cual si pasare, y hollare, y arrebatare, no hay quien escape. Tu mano se alzará sobre tus enemigos, y todos tus adversarios serán destruidos”.

Dios dice que nosotros somos reyes y sacerdotes para él. Un rey reina. El pueblo de Dios tiene que reinar en medio de la situación. La dificultad no se puede enseñorear sobre nosotros.

El león está diseñado para mostrar lo que tiene desde pequeño. Así el enemigo le haga ver que su posición es de derrota, hágale ver que usted es más que vencedor en Cristo Jesús. Muestre el poder que Dios le ha dado. 

Jueces 16: 27 - 31

“Entonces los principales de los filisteos se juntaron para ofrecer sacrificio a Dagón su dios y para alegrarse; y dijeron: Nuestro dios entregó en nuestras manos a Sansón nuestro enemigo. Y viéndolo el pueblo, alabaron a su dios, diciendo: Nuestro dios entregó en nuestras manos a nuestro enemigo, y al destruidor de nuestra tierra, el cual había dado muerte a muchos de nosotros. Y aconteció que cuando sintieron alegría en su corazón, dijeron: Llamad a Sansón, para que nos divierta. Y llamaron a Sansón de la cárcel, y sirvió de juguete delante de ellos; y lo pusieron entre las columnas.  Entonces Sansón dijo al joven que le guiaba de la mano: Acércame, y hazme palpar las columnas sobre las que descansa la casa, para que me apoye sobre ellas. Y la casa estaba llena de hombres y mujeres, y todos los principales de los filisteos estaban allí; y en el piso alto había como tres mil hombres y mujeres, que estaban mirando el escarnio de Sansón.  Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos. Asió luego Sansón las dos columnas de en medio, sobre las que descansaba la casa, y echó todo su peso sobre ellas, su mano derecha sobre una y su mano izquierda sobre la otra. Y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos. Entonces se inclinó con toda su fuerza, y cayó la casa sobre los principales, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida. Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, y le tomaron, y le llevaron, y le sepultaron entre Zora y Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y él juzgó a Israel veinte años”.

Sansón se salió de la cobertura de Dios y los filisteos lo cogieron preso y hasta le sacaron los ojos.

Dagón era un demonio, un ídolo. El enemigo se burla de nosotros cuando le mostramos temor cobardía o duda, le servimos de juguete. Si hubiera estado con la cobertura de Dios, el enemigo tendría que huir como lo había hecho muchas veces. Si usted está bien parado el enemigo no puede enseñorearse de usted.

¿Cuántas veces dicen nuestros adversarios?: “mirad como está, mirad que lo que estamos haciendo contra ellos si sirve”. Mentira, lo que pasa es que somos unos mediocres porque usted se está dejando meter el cuento del diablo que usted está mal. Usted es un hijo de Dios, es un rey. Somos ministros, somos siervos del Dios viviente. Fuimos comprados por precio, valemos mucho.

Cuando le creemos al enemigo es porque hemos perdido la identidad. Dios quiere que recobremos la identidad que tenemos en Jesucristo. Parémonos en la raya y digámosle al enemigo: “yo soy un bendito de Yahvé Dios.

Declaremos: “yo no soy un derrotado, soy un vencedor”.

A cuántos de acá Dios nos ha utilizado en cosas grandes, para traer almas al reino de Dios.

Si usted cayó de la unción de Dios y no ha querido levantarse, el enemigo se alegra. Usted era tropiezo para el enemigo. El enemigo no llora porque usted está derrotado, el enemigo aplaude y ser ría de usted. ¿Hasta cuándo va a permitir que el enemigo se ría de usted? Levántese de su derrota. Levántese y dígale al enemigo, a esa situación: “yos soy un bendito de Dios”.

En medio de la guerra y de la oración cuántos demonios ha destruido usted, por eso no se deje bajar por cualquier cosa.

De pronto el enemigo lo batió fácil a usted porque usted en las guerras no daba en el blanco. Si usted da en el blanco el enemigo no lo puede tumbar.

Usted con sus oraciones ha destruido planes del diablo. Si en otro momento usted lo ha hecho, ¿qué pasa que ahora no lo está haciendo?

Cuando caemos de la gracia de Dios, de la cobertura, hablamos de Dios y los demás se burlan porque servimos de juguetes, porque no estamos viviendo la palabra, porque la palabra no está siendo una realidad en su vida. 

Cuando usted está parado en santidad Dios respalda esa palabra, Dios no avergüenza a sus hijos.

Acá venimos a buscar de Dios no espere que quien predica vengan y lo soben, usted viene acá a escuchar palabra viva y si nosotros cambiamos el mensaje, se nos cobrará a nosotros. 

Dios nos tiene para predicar la palabra no para ocultarle a usted la verdad.

Usted vino donde el Espíritu de Dios rompe cadenas en su vida. Quien predique la palabra, hay muchos, pero quien la predique como está escrita pocos. Dios quiere que cojamos lo que Dios nos dice porque son palabras de vida eterna, palabra que nos levanten. No son palabras que nos lleven al infierno.

Aquí nos preparamos para el reino de los cielos.

Si quiere que lo soben le va mejor en una denominación.

Acá venimos para que Cristo desnude nuestro corazón, nos muestre nuestros errores y que cambiemos. Acá no es para oír el evangelio de la prosperidad.

Sansón pidió ayuda para que lo pusieran sobre las columnas.

Sansón tenía una limitación. ¿Cuál es tu limitación en este día? Limitaciones de problemas, de situaciones que usted no es capaz de dejar, y que no lo dejan avanzar.

Sansón clamó a Jehová en medio de la limitación, en medio del problema, de la dificultad. Dios quiere que levantemos clamor, levantemos oración a él, para que nos fortalezca y nos ayude.

Pide fortaleza que Él te la da. Él es tu ayuda, Él es tu aliento.

Sansón a pesar de que se había salido de la cobertura y era preso de la situación en que estaba clamó y pidió fortaleza.

Cuántas veces en lugar de clamar nos vamos, nos salimos de la cobertura, perdemos la confianza en Dios.

Diga: “Señor fortaléceme para poder conquistar”. En medio de la debilidad no se puede conquistar.

Si no ha creído no se puede levantar en agresividad y el reino de los cielos lo arrebatan los violentos. Pídale al Señor fuerzas para poder ser agresivo y conquistar.

Sansón lo dio todo. 

Señor dame fuerza que hoy tiene que parar esto en mi vida, hoy tienen que caer las cadenas de mi vida.
Señor hoy hay respuestas para mi vida, para mi hogar. Yo lo doy todo.

Que hoy muera la mediocridad, la incredulidad, la soberbia.

Debemos estar firmes porque Dios está obrando. Inclínate ante el Señor y entrégate totalmente. Entregue la autosuficiencia y la autocompasión.

Sansón lo entregó todo a pesar que estaba dolido por la situación, por haberle fallado al pueblo y por haberle fallado a Dios.

Quizás tiene poquitas fuerzas con esas poquitas fuerzas entréguese hoy.

Lo que Sansón no pudo hacer cuando estaba bien lo hizo en la debilidad. Es donde más le gusta a Dios glorificarse, dónde no hay nada.

Dios quiere que en esa situación clame, para ver la respuesta, si usted lo puede creer.

El enemigo cuando viene es agresivo, acaba con su salud, con sus finanzas, con su hogar, con todo. El enemigo no conoce la misericordia. Él no da tregua nosotros sí, el no descansa, nosotros sí. 

Jueces 6: 6

“De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová”.

El pueblo estaba arruinado y cuando ellos clamaron, Dios empezó a glorificarse.

Vamos al versículo 10

“y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz”.

Ellos no obedecían a la voz de Dios. Así somos nosotros.

Jueces 6: 12 -14

“Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas.  Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?”

En medio del dolor en que usted está, Dios le dice: “Jehová está contigo varón esforzado y valiente”. El reino de los cielos lo arrebatan aquellos que son esforzados, no los cobardes, no los miedosos.

El ángel de Dios se le apareció. Aquí no estamos viendo ángeles, pero estamos viendo que es el Espíritu Santo el que nos está hablando por medio de su palabra, una palabra para que lo aliente y lo levante. 

Dios no nos entrega en manos del enemigo, somos nosotros los que nos entregamos porque le abrimos las puertas.

Dios hablándole cara a cara y usted preguntando ¿dónde están sus maravillas?

Levántese con esa fuerza que Dios le ha dado. Él le dice: “¿no te envío yo?”

Jueces 7: 1 -7

“Levantándose, pues, de mañana Jerobaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, acamparon junto a la fuente de Harod; y tenía el campamento de los madianitas al norte, más allá del collado de More, en el valle. Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado. Ahora, pues, haz pregonar en oídos del pueblo, diciendo: Quien tema y se estremezca, madrugue y devuélvase desde el monte de Galaad. Y se devolvieron de los del pueblo veintidós mil, y quedaron diez mil. Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que yo te diga: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal no irá. Entonces llevó el pueblo a las aguas; y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, a aquél pondrás aparte; asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber. Y fue el número de los que lamieron llevando el agua con la mano a su boca, trescientos hombres; y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas. Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar”.

¿Cuántas veces nosotros somos eso miedosos que nos devolvemos? No somos capaces de seguir adelante sabiendo que nos envía Dios con su fuerza.

Vea acá como somos de poquitos y que estos poquitos, Dios muestra su gloria, con estos pocos Dios hace maravillas y trae almas para su reino.

Si usted es de los miedosos pídale perdón a Dios y revalúe. El temor no le  deja ver la gloria de Dios. 

Acá somos poquitos porque muchos no aguantan la palabra, porque es una palabra fuerte, de compromiso, de consagración. A muchos les da miedo dejar el mundo. 


Cuando le entregamos la vida a Cristo somos una nueva creación, es una renuncia al mundo, es una renuncia a lo que el mundo nos ofrece. 

A Dios no le gusta que el hombre se ufane, a Dios le gusta mostrar su gloria, no es usted, es Dios en usted.
Llegamos a las situaciones duras para probarnos allí.

Dios quiere que usted se esfuerce y le muestre finura.

A muchos les gusta las cosas fáciles, les gusta que les hablen cosas lindas, les gusta oír un evangelio de prosperidad. No les gusta que les hablen con un evangelio de consagración.

A Dios no le sirve un pueblo conformista.

Cómo lo va a utilizar Dios para ir donde almas que están pasando por situaciones adversas si usted está en cobardía. Cómo le va a decir usted a una persona que se fortalezca en Dios, si usted no se ha fortalecido, cómo le va a decir que se afirme con el Señor si usted no lo ha hecho. 

Aquí somos como 40 y con estos 40, Dios hace maravillas y si de los 40 no se disponen sino 10, con esos 10, Dios hace maravillas.

Mateo 12: 28 – 30

“Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa. El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”.

Está hablando Jesús. 

¿Cuántas veces hemos desparramado la palabra de Dios?

Como entrar arrebatarle al enemigo si primero no ata lo que está operando.

Si usted no tiene unidad con el Espíritu de Dios no hay respuesta en su vida. 

Si usted no recoge lo que el Espíritu Santo le está hablando, usted está desparramando la bendición. No despilfarre lo que Dios le está regalando.

II Reyes 2: 8 – 14

“Tomando entonces Elías su manto, lo dobló, y golpeó las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos por lo seco. Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí. Él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no. Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.  Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes. Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y se paró a la orilla del Jordán. Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo”.

El manto es cobertura y para un judío era muy importante. Para nosotros es la cobertura del Dios Todopoderoso y es importantísima.

Tome la autoridad y dele al enemigo con fuerza. Ejerza lo que Dios le dio con autoridad.

A esa palabra de Dios que tenemos en nuestros labios el enemigo tiene que obedecer.

Eliseo pidió mucho: una doble Proción. Él sabía que no había nada imposible.

Elías le puso condición. Hay que estar atento porque la petición es grande.

Si está consagrado a Dios el enemigo no le puede quitar lo suyo. 

Tiene que estar atento porque es Dios quien le está hablando a su vida. 

Eliseo hizo lo mismo que había hecho Elías. Eliseo Declaró la palabra y le fue hecho. Nosotros somos hombres de Dios como lo eran Elías y Eliseo, hombres de Dios que nos decidimos a creerle. Agresivos para la conquista. Dios es para todo aquel que se dispone.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Desnudos bajo la Unción



Génesis 3: 7 – 8

“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”

Acá habla de dos desnudeces. Una es desnudarse de la presencia de Dios y otra es denudarse del pecado. 

Cuando ellos estaban en comunión con Dios ellos estaban desnudos, ellos no  estaban cubiertos. No habían conocido la vergüenza, no había conocido el pecado, había inocencia, había santidad.

Cuando ellos cayeron de la comunión con Dios, dice el versículo 7 que fueron abiertos sus ojos. Los ojos fueron abiertos para el mal porque ya estaban dispuestos a eso. Antes de eso ellos estaban en pura consagración a Dios, tenían los ojos espirituales abiertos, pero cuando cayeron de esa comunión con Dios, fueron abiertos sus ojos carnales y ahí fue donde se vieron desnudos.

Nosotros, cuando no teníamos a Cristo andábamos sin cobertura, andábamos desnudos porque estábamos llenos de pecado y había solo contaminación, desnudos porque no teníamos la presencia de Dios.

Cuando Cristo vino a nuestras vidas vino a traernos su consagración, vino a traernos su santidad y esa unción de él vino a traernos convicción a nuestras vidas para que nos desnudáramos y nos despojáramos del pecado, nos despojáramos de aquello que nos estaba estorbando la comunión con el Padre.

Quién les enseñó que estaban desnudos. El pecado fue el que les mostró su condición. Cuando estamos en pecado conocemos esa condición, cuando no la reconocemos nos estamos engañando a nosotros mismos y aún más teniendo al Espíritu  Santo que nos pone alerta. El Espíritu Santo nos muestra cuando caemos de la unción.

Cuando viene la palabra y nos dice una y otra vez lo que debemos hacer y a nosotros no nos gusta entonces buscamos otros consejos que se acomoden a lo que queremos. 

Buscamos cobertura humana, como dice en Isaías 31, buscamos consejos humanos, otras alternativas, pero no queremos la alternativa de la consagración que Dios quiere para nuestras vidas.

Cuando el Espíritu de Dios habla al ser humano y usted tiene abierto su corazón, es palabra tiene que traerle convicción a usted, esa palabra te tiene que desnudar, despojar de ese pecado. 

Cuando Moisés estaba frente a la zarza oyó una voz que le dijo quita tu calzado porque la tierra que pisas es santa. Se tuvo que descalzar. Le estaba diciendo: “Cambia tu manera de caminar porque el lugar dónde estás santo es”.

Nosotros estamos en la presencia santa, la presencia del Rey de reyes y Señor de señores. No nos podemos presentar de cualquier manera ante el Señor, tenemos que tener la convicción que es ante el Rey de reyes que usted está alabando, ante el Rey de reyes usted se sienta ahí a escuchar palabra. 

Se escondieron al oír la voz de Dios, Antes no se escondían porque, antes, estaban  llenos de la presencia de Dios y estaban acostumbrados a oír la voz de Dios, estaban bajo la cobertura de Dios. 

Si estamos metidos con Dios por qué nos da miedo cuando nos toma por sorpresa y nos dicen  que vamos con la palabra, si siempre tenemos que estar preparados. Si usted está en comunión con Dios, usted tiene que tener palabra preparada.

Si estamos en comunión con Dios no nos puede dar miedo porque un vaso nos va a desnudar.

¿Cuántas veces hemos oído la voz de Dios que se pasea en este lugar, a través de cualquier vaso? 

Usted al hombre le puede mentir, pero no a Dios.

¿Cuántas veces nos hemos escondido de la presencia de Dios porque no hemos querido sacar nuestro pecado? No hemos querido que el Espíritu de Dios nos transforme.

En el versículo 9 Dios le pregunta: “¿Dónde estás tú?”,  Dios quiere que le contestemos en esta mañana, dónde estamos. 

Dios sabía dónde estaban Adán y Eva y les preguntó. Dios sabe cuál es nuestro pecado  y sin embargo nos pregunta dónde estamos, en qué estamos ahora.  Dios quiere que seamos sinceros, que ele expresemos lo que hay, las debilidades. Expréselas: desnudos bajo esa unción.

Si Dios a través de una unción bendita nos está mostrando el error, cómo lo vamos a esconder nosotros si él todo lo sabe. ¿Cómo tapar el sol con un dedo? Es imposible. 

Adán le responde: “y tuve miedo”. Dios dice que el perfecto amor echa fuera el temor.

El temor a Dios es la reverencia y la obediencia a Dios, no el miedo. 

Si estamos en comunión con Dios no tenemos por qué tener miedo. Si tenemos miedo es porque en nuestros corazones hay reservas.

Estaba desnudo de la presencia de Dios y estaba cubierto de pecado, porque había venido la desobediencia, la soberbia, la codicia. Se despojaron de la presencia de Dios, de la consagración a Dios y entró el miedo.

Si le entregamos el problema a Dios no tiene por qué venir la angustia. 

Dios pregunta porque no somos sinceros. 

Por qué seguimos bajo viejos rudimentos, si a vida nueva hemos sido llamados.

Cuando estamos en comunicación con el Señor, en consagración con él, el Espíritu Santo nos desnuda de pecado, nos quita el pecado y nos presenta ante el Padre sin mancha y el Padre puede decir: “este es un verdadero hijo donde no hay engaño”.

Mateo 16: 22 -23

“Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”.

Jesús desnudó a Santanas y le declaró la palabra porque la voluntad de Dios no puede ser interrumpida. Nosotros, a veces, nos dejamos poner tropiezo del enemigo y no le declaramos la palabra de Dios. No le declaramos el designio que Dios tiene para nuestra vida. 

A veces sabiendo lo que el enemigo está trayendo a través de otras personas, no lo reprendemos.

Tenemos la mirada en el problema, en las cosas de los hombres. 

Si usted ya le entregó a Dios sus finanzas, su familia y todo, entonces ponga la mirada ahí. Dígale a Dios: “Tú me lo dijiste, yo te creo, no dejarás un justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan”. 

Vienen los problemas y usted se traga todo lo que dice el enemigo y en vez de declarar victoria declara derrota y ahí el enemigo lo tumba. 

Que con esta palabra que estamos escuchando el Espíritu Santo nos despoje de lo que nos está haciendo tropezar. 

Para lo terrenal siempre estamos dispuestos, para las cosas de Dios sacamos disculpas. Cambiemos esa actitud, quitemos el tropiezo.

La mirada tiene que estar puesta en el galardón.

Los discípulos habían visto el poder de Dios y les reveló Jesús lo que iba a suceder y el enemigo “no, no te suceda”. 

Cuantas veces el enemigo te cambia el plan.

Hechos 6: 8

“Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo”.

Esteban estaba desnudando el poder de Dios, la bendición de Dios. 

Nosotros tenemos mucho que orar, nosotros no damos a conocer lo que tenemos, el Cristo de la gloria que tenemos.

Estamos diseñados para que la gloria de Dios se refleje dondequiera que vayamos. 

Mire con la ridiculez con que salieron en el mundo entero ayer (31 de octubre) y no les daba pena como salían, disfrazados niños, adultos, viejos y hasta perros, no les daba pena.  Y a nosotros nos da pena, a veces, que nos vean con una biblia; nos da pena que nos vean orando, que nos vean cantando o levantando lasa manos. 

Mostremos el poder de Dios.

Hechos 6: 15 

“Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel”.

Esteban fue llevado al concilio por la gloria y el poder de Dios que se estaban replegando. ¿Qué ven en nosotros?

A veces no tenemos convicción de que el poder de Dios está en nosotros. 

Les piden oración por alguien y no la hace porque no sienten el respaldo de Dios.

Andemos a cara con el Señor para que nos respalde afuera. 

A veces es Dios queriéndolo bendecir y ese corazón cerrado y nosotros no hacemos algo para recibir esa bendición.

Cambiamos la bendición y ahí viene la maldición. Nos salimos de la bendición

Miquea 5: 7 – 8

“El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el rocío de Jehová, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan a varón, ni aguardan a hijos de hombres. Asimismo el remanente de Jacob será entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como el león entre las bestias de la selva, como el cachorro del león entre las manadas de las ovejas, el cual si pasare, y hollare, y arrebatare, no hay quien escape. Tu mano se alzará sobre tus enemigos, y todos tus adversarios serán destruidos”.

Nosotros somos ese remanente de papito Dios. La palabra de Dios nos refresca, nos levanta, nos fortalece.
El rocío remoja para refrescar y alimentar la hierba.

Cuando nosotros andamos desnudos, a cara con el Señor no esperamos el consejo de hombre alguno, sino que tenemos la guía del Espíritu Santo, porque dice que la unción nos enseñará todas las cosas y el yugo se pudre a causa de la unción. 

Nosotros no esperamos ayuda de hombre: ¿Quién me va a ayudar, quién me va a prestar?, no, si usted está en comunión con el Señor, Dios trae su ayuda, Él utiliza a quien quiera, pero es él.

Seremos reconocidos dondequiera que nos ponga el Señor. 

El pueblo de Dios tiene que ser esforzado y valiente, agresivo en oración para arrebatar las bendiciones, no temiendo al enemigo nada.

Es como el león ante las  bestias del campo. Cómo va usted a dejar pasar las bendiciones sin tomarlas.

Así es el remanente de Dios: si pasare y hollare ahí mismo arrebata, pero si usted lo deja pasar se lo quitan.

Dice: “Tu mano se alzará sobre tus enemigos y todos tus adversarios serán destruidos”, pero si nos levantamos como Dios nos está diciendo, como el león.

Si vivimos desnudos bajo esa unción dice que todos los adversarios serán destruidos. La mano levantada representa autoridad. 

Mateo 27: 50 – 54

“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;  y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.  El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios”.

Jesús clamó y entregó. Dios manda que clamemos a gran voz, qué le falta entregar. En esa unción no podemos dejar reservas hay que entregar todo. 

Dios quiere que nos arrepintamos y que entreguemos sin reservas. 

Cuando clamamos fuertemente, todo se rasga, todo se estremece, todo cae.

Todo se sacude; su situación económica, conyugal, todo. 

El problema más duro se parte por duro que sea si usted lo puede creer.

El mismo problema no puede quedar ahí. Eventos sobrenaturales suceden al clamor de un hijo de Dios.

En ese sepulcro que está viviendo se abre y cobra vida. Los muertos espirituales tienen que cobrar vida porque llegó la unción del Espíritu Santo.

Usted se tiene que levantar, usted que es un hijo de Dios y que está oyendo esta palabra.

Los que nos ven con nada y como nada luego nos verán levantados porque el Dios que tenemos es vivo y real.

Aparecieron a muchos, así se va a mostrar usted ante aquellos que se han burlado, ante aquellos que le han negado favores, se va a mostrar usted en gloria.

Cuando vean ese terremoto en ustedes, van a decir verdaderamente este si es hijo de Dios.

Por esta palabra usted tiene que irse en victoria.

Cuando el pueblo de Dios está en la unción es un pueblo que va en fe, va es para adelante. 

Ezequiel 1: 1 

“Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco días del mes, que estando yo en medio de los cautivos junto al río Quebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios”.

Aconteció en el año 2015, en el mes 11 en el día 1, estando con el remanente de Dios los cielos se abrieron y vimos visiones de Dios. 

Si Dios trajo esta palabra es para bendecirnos.

Declárele al enemigo: “hoy es un día de bendición”.

Los cielos se abren para que venga lluvia de bendiciones para que podamos florecer.